COMPARATIVAS

Estos son los Jordan, Phelp y Messi de los robots

Cuando un jugador de fútbol se lesiona, incluso la afición sufre. Por suerte o por desgracia, no son robots, sino humanos: los músculos, huesos y articulaciones de Lionel Messi o Cristiano Ronaldo tienen un límite. Una realidad que deben de tener en cuenta para seguir pisando el césped y marcando goles. Y de paso evitar disgustos a los fans.

Sin embargo, hay otro tipo de deportistas que no tienen que preocuparse por tendones rotos ni rodillas destrozadas. Tampoco por el sudor o el cansancio. Desde hace algún tiempo, los robots han conquistado casi todas las pistas y campos de juego para hacer alarde de su potencial como atletas.

No tenemos más que remontarnos al pasado verano para encontrar un buen ejemplo, cuando tuvo lugar la última RoboCup, la versión robótica de la Copa Mundial de Fútbol. En su vigésima edición, celebrada en la ciudad alemana de Leipzig, el evento congregó a 3.500 participantes de 400 países. Se enfrentaron en diversas competiciones, aparte del multitudinario torneo de balompié promovido por la FIFA.

Los ganadores de este último campeonato fueron los jugadores mecánicos del equipo alemán B-Human, diseñados por investigadores de la Universidad de Bremen. Vencieron en la ronda de penaltis a los Austin Villa de la Universidad de Texas después del empate a cero con que terminó el partido.

RobCup 2016 am 30.06.2016 in Leipzig Foto Tom Schulze tel. 0049-172-7997706 mail post@tom-schulze.com web www.tom-schulze.com

Sin inteligencia, no hay victoria

Los ingenieros que fabrican robots deportistas tienen que estrujarse los sesos para dotarlos de unas capacidades similares a las humanas. Por ejemplo, utilizan complejos sistemas de visión artificial para distinguir y ubicar la pelota, la portería y a ellos mismos en el terreno de juego. Porque, por muy ágil que sea la máquina, ninguna puede practicar cualquier deporte sin saber qué está ocurriendo a su alrededor.

Competiciones como la RoboCup sirven de incentivo a los expertos para desarrollar nuevos programas y componentes físicos para mejorar el rendimiento y velocidad de su equipo. También contribuyen al avance de la robótica en general. Entre otras cosas, el evento ha servido para impulsar la creación de los algoritmos de localización que utilizan los coches sin conductor.

Pero no solo destacan en el fútbol. Aunque el jugador de baloncesto fabricado por ingenieros del Laboratorio de Robótica Interactiva de la Universidad de Arizona no tiene la zancada ni el número de pie del mítico Michael Jordan, casi le iguala en puntería.

La Inteligencia Artificial de los robots

Aparte de ser capaz de tirar a canasta con sus largos brazos metálicos, la máquina creada por estos investigadores utiliza técnicas de ‘machine learning’ (aprendizaje automático) para aprender de sus errores. Son desarrollos basados en la Inteligencia Artificial que permiten a los robots, sin contribución directa humana, mejorar en la actividad para la que han sido creados; en este caso, tirar a canasta.

El autómata baloncestista aprende aun más rápido que los humanos. Si a una persona le lleva días de práctica y errores, los algoritmos que rigen el comportamiento de esta máquina necesitan tan solo unas pocas horas para convertirla en una tiradora infalible.

Otro hacha del baloncesto, el ágil brazo robótico bautizado como Comau Racer Robot, ha logrado batirse con el jugador italiano de la NBA Marco Belinelli en un duelo nada desequilibrado. Con movimientos rápidos y elegantes, la máquina hizo una auténtica exhibición de lanzamientos y acrobacias de las que pocas personas pueden presumir.

Los reyes de la mesa

El pimpón tampoco se les resiste a los inventos ni a sus creadores. En la Universidad de Zhejiang, en China, han fabricado dos robots humanoides que, armados con palas, pueden batirse en duelo frente a una mesa de pimpón. Cada uno de los contendientes pesa 55 kilogramos y mide 160 centímetros y, aunque pueden competir entre ellos, también pueden hacerlo con una persona.

Estas estrellas asiáticas son capaces de golpear la bola de frente, pero también de darle un buen revés que, de ser humano, dejaría a su adversario con la boca abierta. Parte del secreto de su éxito radica en dos cámaras colocadas en el techo, sobre la mesa, que registran los movimientos de la pelota.

Existen más ejemplos de robots que podrían competir con los chinos en un torneo de pimpón para máquinas. En el Laboratorio de Aprendizaje Robótico del Instituto Max-Planck de Cibernética Biológica (Alemania) han creado un digno contrincante capaz de aprender de los movimientos humanos. Solo tiene que ser manejado por una persona, emulando los golpes del juego, para que asimile la información.

Por último, encontramos otro habilidoso jugador salido del mismísimo MIT. Sus propios padres admiten, eso sí, que es un poco menos avispado que los otros: se limita a repetir movimientos pero no sabe cómo están influyendo sus golpes en la trayectoria de la bola.

En el Centro de Tecnología Mecatrónica de Flandes (Bélgica) han optado por otro deporte que se juega con raqueta, aunque sin mesa: el bádminton. Un equipo de esta institución ha diseñado una máquina capaz de golpear el volante con cierta puntería. No es Carolina Marín, pero hace sus pinitos.

Swumanoid

Robots de agua y nieve

Estos deportistas de cuerpo metálico se atreven incluso con el medio acuático. Un nadador japonés lo demuestra: se llama Swumanoid y lo han desarrollado ingenieros del Instituto de Tecnología de Tokio. Se trata del primer humanoide capaz de desplazarse bajo el agua utilizando sus cuatro miembros, como una persona de carne y hueso.

Cuenta con una veintena de motores que lo propulsan, pero a sus creadores no les ha resultado nada fácil emular los movimientos humanos. Difícilmente podría competir con el campeón olímpico Michael Phelps, pero lo cierto es que el robot ha batido todos los récords logrados hasta ahora en el universo mecánico.

jennifer

Y si el nadador nipón triunfa en el agua líquida, Jennifer lo hace sobre la misma sustancia en estado sólido. Esta humanoide, creada en el Departamento de Informática de la Universidad de Manitoba, juega al hockey y esquía en diferentes modalidades. Los ingenieros la han diseñado para enfrentarse a condiciones reales como cambios en la dureza de la nieve o el intenso frío de las zonas de montaña.

Los humanos necesitan un cable

En ciertos casos, los robots ayudan a los propios entrenadores a lidiar con los deportistas humanos. Este es el propósito del Jugador Virtual Móvil (MVP), utilizado por instructores de rugby para que los jugadores practiquen ciertos placajes. Aunque no tiene brazos ni piernas, su cuerpo se mueve rápidamente por el campo evitando a sus adversarios.

Uno de los objetivos del MVP es ahorrar algunos golpes a los humanos que practican disciplinas como el rugby o el fútbol americano de forma profesional. Las contusiones repetidas pueden producirles graves daños en el cráneo, donde reciben impactos a menudo, así que toda ayuda es poca.

Xuan no entrena a ningún equipo, pero sí trabaja como monitor deportivo. Lo hace en centros de mayores, donde se encarga de mantener en forma a los ancianos con una quincena de ejercicios diferentes por semana. Este simpático robot ha sido desarrollado por expertos de la Politécnica Ngee Ann, en Singapur.

En los gimnasios que frecuentamos ya abundan las sesiones virtuales, en las que no hay profesor humano que guíe a los asistentes. En un futuro, quizá, serán los robots quienes den las clases de zumba o dicten las órdenes en la sala de spinning. Siempre tendrán más aguante: los deportistas artificiales no necesitan respirar, no tienen agujetas ni sufren los dolores del dichoso flato.

 

¿Tienes algo que añadir a esta historia? Compártelo en los comentarios.

Deja un comentario