COMPARATIVAS

Las 10 mejores series de anime (que no te puedes perder)

El mundo del anime es paralelo y convergente al del manga, que ya comentamos aquí. De primeras uno asocia animación a infantilismo y tiende a descartarlo. Por supuesto no tiene por qué ser así, y menos aún con la larga y espléndida tradición nipona (desde sus cortometrajes en 1917) en el género. Si uno se adentra con valentía puede encontrar de todo: gamberrismo infantiloide, melodramas románticos, paranoias futuristas… pero sobre todo y como nexo de unión, un dibujo que transporta (con ese gusto por la maestría artesanal y el estilo propio) y unas tramas cuidadas con geniales antagonistas y evoluciones conmovedoras. Sería una pena perdérselo por un mero prejuicio.

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El paso más allá del anime

El animeshon nipón ha partido desde los cortos tipo Mickey en blanco y negro de principios del siglo XX; pasando por los ‘ojos mayúsculos’ introducidos por el dios del manga Osamu Tezuka en los 60; a los encargos infantiles de enfoque internacional en los ochenta y noventa.

En esta ocasión vamos a avanzar un poco más a partir de esas series clásicas destinadas al público infantil o Kodomo; y adolescentes o Shonen (Desde ‘Heidi’ o ‘Sherlock Holmes’ del gran Miyazaki; pasando por ‘Dragon Ball’; ‘Mazinger Z’; ‘Campeones’ o ‘Caballeros del Zodíaco’; todas ellas míticas y que marcaron a generaciones enteras).

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¿Por qué? Porque en los últimos años, aparte del auge de las magníficas películas de los estudios Ghibli, hemos asistido a una especie de evolución de las series anime hacia productos más cuidados por parte de estudios muy profesionalizados; argumentos más complejos y menos estirados, de duración concreta y con finales más redondos (que no cerrados, eso casi nunca).

Conscientes que nos dejaremos muchas por el camino (‘Fullmetal Alchemist’, ‘Monster’, ‘Berserk’, ‘Wolf’s rain’, ‘One Punch Man’, ‘Blue Submarine nº6’, ‘Trigun’, ‘Black Lagoon’, ‘Evangelion’, ‘Naruto’, ‘Bleach’…), aquí van, no obstante, nuestras 10 series anime preferidas.

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10 para que te ‘animes’ a entrar en el mundillo

KENSHIN, EL GUERRERO SAMURAI, de Kazuhiro Furuhashi (1996)

Resultó en su momento ser todo un pelotazo. Salía de un magnífico manga y justo cuando la serie se despega de él (su éxito hizo a los productores continuar a toda costa y por delante del medio impreso, un poco a lo ‘Juego de Tronos‘) es únicamente cuando pierde fuerza. Aún así resultó ser todo un clásico de filo invertido y con reseñas históricas muy apreciables.

COWBOY BEBOP, de Shinichiro Watanabe (1998)

Puede que estemos ante el anime con más clase de todos los habidos. Mezclar futuristas naves espaciales con jazz o toques noir es una combinación que ya vimos el resultado que dio en maravillas como ‘Blade Runner‘. Su éxito hizo que se trasladara al manga invirtiendo el orden habitual. El aire melancólico y descreído surcando los espacios en busca de recompensas no tiene precio.

ONE PIECE, de Eiichiro Oda (1999)

La perfecta combinación entre animación de aventuras, infantilismo desorbitado (tipo Chicho Terremoto, aquel con mandíbulas hasta el suelo, mocos y demás) y sin embargo bien insertado, mucha imaginación y magnífica acción. Enganchante en cada una de sus mil minisagas pirateando por mil islas en busca del tesoro. Un derroche de fantasía.

GHOST IN THE SHELL, de Kenji Kamiyama (2002)

Configurar un listado de anime sin citar alguno relacionado con la robótica o la ultratecnología sería dejarse atrás una de las claves del género. Posiblemente Stand Alone Complex sea la que mejor mezcle el mundo cyber con el espionaje o las reflexiones sociales y filosóficas de más peso. La influencia sobre ‘Matrix’ fue decisiva.

SAMURAI 7, de Toshifumi Takizawa (2004)

Coger a ‘Los siete samuráis’ de Kurosawa y darle una vuelta de tuerca magnífica en su primera mitad y paranoica en su tramo final. Mientras se ciñe en transformar la obra maestra del ‘director de la lluvia’ todo va bien y de forma muy original. Cuando se acaba el argumento de la película y se suelta de la mano, llega una paranoia medio futurista en contra de un emperador ‘sacado de la manga’ y completamente innecesaria. Una buena base, una buena idea y un desigual acabado. Aunque sólo por la primera parte la verdad es que ya merece la pena.

SAMURAI CHAMPLOO, de Shinichirô Watanabe (2004)

Mezclar el Japón más feudal y el bushido samurái con… ¡el hip-hop! chirriaba por todos lados. Estaba destinado al desastre… y resultó toda una obra maestra.

El post-modernismo queda relegado discreta y elegantemente a la presentación inicial y las cortinas dentro de cada capítulo, puede que también a los movimientos anárquicos de un personaje tan maravilloso como Mugen (se pueden ver vídeos con la mítica secuencia al atardecer cojeando y resolviendo un duelo con sólo un movimiento).

Vas caminando junto a los tres protagonistas, librando sus batallas; desenmarañando su pasado poco a poco (tónica habitual del desarrollo oriental de las historias), capítulo a capítulo, hasta llegar a un apoteosis final crudo, adulto e impagable.

PARANOIA AGENT, de Satoshi Kon (2004)

La serie en sí es como un batazo en todo el rostro. Distintos personajes que ven cómo su vida se desmorona deprimentemente hasta que la aparición de un crío en patines y su bate les sacude el cuerpo y la vida. La persecución posterior del delincuente y las curiosas ‘vidas sacudidas’ dan lugar a una locura total a lo Lynch, pero con un trasfondo de mucha enjundia.

DEATH NOTE, de Tetsuro Araki (2006)

A pesar de un argumento aparentemente ya muy manido (un cuaderno que al escribir el nombre de alguien consigue que fallezca inmediatamente), su juego magistral con conceptos como la moral o la justicia; su toque sobrenatural; la enorme calidad de su puesta en escena la convirtieron en una de las series (y mangas) de referencia. Obligatoria.

MORIBITO, de Kenji Kamiyama (2007)

Uno no es objetivo (nunca lo es) comentando esta auténtica joya capaz de sumergirte en el mundillo anime de cabeza. Seria (de las que más dentro del género), profunda, intensa, gloriosa… Una historia sencilla que mezcla con deliciosa armonía elementos fantásticos para enmarcar una relación entre pequeño emperador y protectora absolutamente deliciosa. Poética, sentida, hermosa. ¿La mejor? No tiene igual.

ATAQUE A LOS TITANES, de Tetsuro Araki (2013)

Uno de los últimos fenómenos nipones que sacan músculo dentro del género. La trama es de una originalidad y potencia innegables; la banda sonora y su estética medievalista le dan un toque de epopeya. A veces el ritmo decae (la evolución es lenta como en casi todos los animes de cierta duración) y el sentimentalismo resulta algo forzado, infantil o directamente lacrimógeno. De cualquier manera, si entras y aceptas las condiciones y reglas del juego, disfrutarás en cada una de sus fases y casillas.

HACE 3 AÑOS