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Donald Trump será un robot

Donald Trump será un robot. Y es que, aparte de simpáticos ratones de tamaño humano, divertidas atracciones y espectáculos de lo más variopinto, el mágico Disney World de Orlando (Florida) alberga una inquietante sala presidencial. Los visitantes que entran en el Hall of Presidents tienen la oportunidad de vivir un espectáculo único: 43 gobernantes de los Estados Unidos recitan uno tras otro un breve discurso para la audiencia, desde Abraham Lincoln a Barack Obama (y pronto Donald Trump). Se trata en realidad de robots con la apariencia de cada uno de los políticos, capaces de hablar en público sin el menor problema.

Comienza el show

Lincoln

Se sube el telón en la sala. Lincoln inaugura la función con unas profundas palabras para dar paso a la réplica del penúltimo presidente. “El sueño americano es tan antiguo como nuestros cimientos”, asegura el Obama autómata para proseguir: “Pero tan eterno como nuestras esperanzas”. Al discurso le sigue el himno americano y una bandera ondeante, también artificial.

Así comienza el espectáculo Hall of Presidents de Disney World, de 22 minutos de duración, al que en unos meses se unirá un Donald Trump robótico con una perorata que todavía desconocemos.

Hall of Presidents en Disney World.

La voz de todos aquellos posteriores a Bill Clinton coincide exactamente con la de sus versiones de carne y hueso. El polémico mandatario fue el primero en prestar la suya para su autómata, una práctica que han continuado sus sucesores.

Seis décadas de robots presidentes

LOS INICIOS

Aunque se trate de robots, los inicios del show se remontan seis décadas atrás. Poco tiempo después de que Disneyland abriera sus puertas en 1955, Walt Disney y un equipo de ingenieros comenzaron a diseñar una sección del parque temático llamada Calle de la Libertad, una recreación de la era de la revolución en la ciudad de la Filadelfia.

Dentro de una de las casas situadas en la vía, Disney quería mostrar una “experiencia viva” con figuras hechas de cera que recitaran la Declaración de Independencia de Estados Unidos, dirigidas por un presidente del mismo material.

Por desgracia, fabricar un buen número de robots (lo que su creador llamaba audio-animatrónica) era por entonces demasiado caro y la tecnología muy primigenia para cumplir sus expectativas.

ROBERT MOSES: EL IMPULSOR DEFINITIVO

La Feria Mundial de 1964, celebrada en Queens (Nueva York), dio un impulso definitivo al proyecto cuando el urbanista de la ciudad, Robert Moses -calificado por algunos como ‘el gran diablo que se cargó el Nueva York de siempre’ o como ‘el milagroso hacedor de a Gran Manzana‘, depende de a quién se lea-, pidió ayuda a Disney con los espectáculos del evento.

Disney presentó entonces al arquitecto el primero de los presidentes robóticos de la saga, Abraham Lincoln, cuando sólo era un prototipo. Moses quedó tan impresionado que decidió que el autómata tenía que estar en la celebración.

Ante la admiración que suscitó, Disney quiso hacer algo todavía más ambicioso y presentó al urbanista un proyecto que incluía a 34 líderes. Pero no había tiempo suficiente para construir tal cantidad de máquinas, como cuentan los autores de ‘La guía no oficial del Walt Disney World 2017’, antes del comienzo de la feria.

Tecnología punta

El autómata suponía, además, un reto para los ingenieros de entonces, que no tenían idea de cómo fabricar ni encajar los engranajes de su interior para darle movimiento. Precisamente para ocultar piezas y ruedas dentadas, le colocaron a Lincoln un sombrero y dejaron hueca su frondosa barba.

El mecanismo que regía el cuerpo del presidente era totalmente original. Cada uno de sus gestos estaba controlado por un propulsor hidráulico o neumático y guiado por un audio que provenía de una máquina de cinta magnética capaz de reproducir hasta 14 pistas en analógico.

No obstante, el ingenio tenía algunos fallos técnicos: de vez en cuando, Lincoln sufría una especie de espasmos o se detenía repentinamente. Sin ir más lejos, en una ocasión, una válvula averiada liberó un líquido rojizo sobre el pecho del presidente, una falsa herida, que recordaba al fatídico asesinato del gobernante de carne y hueso.

Sin embargo, pese a los contratiempos, el robot fue un enorme éxito. Disney pidió que moldearan su rostro a partir de la máscara que se había hecho del mandatario en vida e, incluso, le pusieron una dentadura y ojos de cristal. La figura era tan realista que los niños creían incluso que se trataba de un actor y se dedicaban a tirarle pequeñas bolas metálicas (un souvenir de la muestra) para ver si se movía.

Después de su exhibición en la feria, el espectáculo de ‘Grandes Momentos con Mr. Lincoln’ se estrenó en Disneyland en 1965. Lamentablemente, su creador solo vivió un año más para disfrutarlo. En 1966, Disney moría de cáncer de pulmón.

todos juntos

La familia crece

Cuando el Reino Mágico, una de las partes que integran Disney World, abrió sus puertas en 1971, el Hall of Presidents fue una de sus funciones inaugurales. Ya se mostraban al público 35 presidentes robóticos con una tecnología más avanzada (aunque todavía primitiva) que la del pionero Lincoln.

A pesar de que el contenido del show no varió mucho hasta 1993, las máquinas mejoraron bastante. Los ingenieros de Disney crearon un programa llamado Sistema de Control Digital de Animación (DACS) que se ejecutaba desde una consola que permitía a los expertos manejar a los autómatas en tiempo real, en vez de limitarse a unos pocos movimientos prefijados.

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Pero, más allá de funcionar correctamente, los robots tenían que trabajar durante 16 horas al día, los siete días de la semana, así que, con el tiempo, empezaron a mostrar signos de desgaste y deterioro. Por eso, un equipo dirigido por el ingeniero David Feiten desarrolló un nuevo programa llamado Elasticidad, que liberaba de presión a los cuerpos metálicos y evitaba que un solo movimiento afectara a toda la estructura.

Donald Trump, el nuevo inquilino

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Los expertos del parque temático han ido añadiendo otras mejoras a los presidentes y actualizando el grupo con nuevos robots conforme transcurría la historia. Al principio, estaban diseñados por el recientemente fallecido escultor Blaine Gibson (también creador de otras figuras de Disney World), pero a partir de Obama, Valerie Edwards, aprendiz del primero, ha tomado el relevo de su maestro.

El Hall of Presidents cerrará el próximo enero y solo abrirá de nuevo en junio, cuando un nuevo gobernante se erguirá entre sus compañeros.

Antes de las elecciones, el equipo de diseñadores y técnicos de Disney estuvieron trabajando en las dos posibilidades (Donald Trump o Hillary Clinton), pero, tras las elecciones, ahora se centran en un Trump. Tienen que fijarse en su particular estilo, su pelo, color de piel y sus movimientos. ¿Serán capaces de emularlo?

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