COMPARATIVAS

Las 9 enfermedades tecnológicas más sonadas del momento

Durante los últimos cinco años y en pleno boom tecnológico, seguro que te has percatado de cómo redes sociales, gadgets y similares han acabado transformado variados ámbitos de tu cotidianidad. Una popularización que ha agilizado ciertos procesos, pero que también ha llevado implícita la aparición de nuevas enfermedades.

Me refiero a patologías mentales y físicas derivadas de su uso excesivo y que hubieran sido impensables hace no tanto. Es el caso del síndrome de la vibración fantasma, el conocido como el mal del iPod y la nintendinitis. Pero no son las únicas.

Tensión ocular y otros problemas oftalmológicos

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Empezaremos por aquellas que repercuten directamente en el cuerpo del techie en cuestión; es decir, en las que afectan a su vista, coordinación, y demás.

La tensión ocular, por ejemplo, es una de ellas y se manifiesta en aquellos que pasan muchas horas frente a una pantalla (tanto del smartphone como la de la tableta y el PC).

De hecho, existe un síndrome más específico conocido como el “del ordenador” cuyos síntomas son el enrojecimiento de los ojos, la visión borrosa e, incluso, las náuseas y la sequedad, sobre todo para los que llevan lentillas. En esta situación, deja atrás las lágrimas artificiales y aprende a descansar.

Si lo haces por motivos académicos o laborales, una buena opción es decantarte por los fondos blancos y letras negras, que favorecen la legibilidad.

También es importante que el lugar se encuentre correctamente ventilado, que no se abuse de la calefacción y que no se fume en la zona ni se lleven a cabo otras actividades que podrían agravar la irritación.

Tendinitis varias

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Las tendinitis fruto de un tecleo o uso del mando de la consola excesivo son también muy habituales y no dudan en adaptar su nombre. Así, la nintendinitis, la whatsappitis y similares, se encuentran a la orden del día.

El quid de la cuestión no sólo radica en el abuso, sino también en que algunos smartphones y controladores obligan a adoptar posturas poco naturales y forzadas. El resultado directo es la inflamación de los tendones.

Por supuesto existen alternativas como el uso del reconocimiento de voz para escribir o las notas de voz en la citada plataforma de mensajería instantánea. Aunque lo ideal es que dejes de pasar tantas horas tecleando. El grupo más afectado es el de los adolescentes entre 13 y 18 años.

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Directamente relacionada con las anteriores, se encuentra la nedrinitis palmar, otra afección que tiene lugar en estas extremidades -típica en esta franja de edad- y que se caracteriza por la inflamación y aparición de manchas rojas en las manos después de un uso prolongado de ciertos dispositivos.

Pérdida de audición

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Pero los ojos y las manos no son las únicas perjudicadas, sino que cabe hablar también de la sordera o pérdida de audición prematura, fruto de la escucha de música a un volumen demasiado elevado. Y es que los BPM (beats per minute) pueden llegar a provocarla: cuantos más BPM tenga una canción, mayor será la probabilidad de perder capacidad auditiva. ¿La razón? Que el tímpano deberá realizar un esfuerzo extra para recibir las ondas.

La música electrónica, por ejemplo, cuenta con mayor BPM, de manera que sería preferible que la escucharas a un volumen más bajo y la intercalases con otras piezas más tranquilas.

Adicción a las redes sociales y síndrome FOMO

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No podía dejar de mencionar las patologías de corte psicológico como la adicción a las redes sociales y el síndrome FOMO. Y aunque esta primera parece más obvia, lo cierto es que los perfiles pueden variar tremendamente en función de la comunidad.

Es decir, los de Twitter suelen ser personas con interés en la actualidad, impacientes por interactuar en el momento; mientras que los likes de Facebook y su uso implican cuestiones relacionadas con la aceptación social.

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El síndrome FOMO apunta precisamente en esta dirección pues quien lo padece sufre por miedo a quedarse fuera; es decir, por ser incapaz de evolucionar al ritmo que lo hace la tecnología, por no tener el último móvil del mercado, haberse perdido un vídeo viral de YouTube, desconocer las tendencias de las comunidades virtuales y demás.

Síndrome de la vibración fantasma y nomofobia

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El síndrome de la vibración fantasma y la nomofobia tienen que ver con la dependencia del smartphone.

Respecto a esta primera, no se trata exactamente de una enfermedad, sino de la sensación que tiene el sujeto de que constantemente su teléfono está vibrando –como consecuencia de una notificación-. Sin embargo, esto no está ocurriendo en realidad; e incluso tiene una explicación científica.

La nomofobia, por su parte, es un tanto más grave, pues implica que la persona sentirá ansiedad cuando olvide su terminal en casa, lo pierda, se quede sin batería, o este a punto de hacerlo. Por desgracia y según los expertos, se trata de una de las patologías tecnológicas más arraigadas, ya que afecta a más del 65% de los usuarios. En todo caso, se trata de un miedo exagerado, irracional a que esto ocurra; hasta tal punto que puede acabar en una crisis de ansiedad.

Consideraciones finales

Más allá de lo comentado, algunos medios de comunicación y similares no lo han dudado un momento a la hora de atribuir a los gadgets y dispositivos las causas de la aparición de estas enfermedades ni tampoco se han comedido mostrando sus supuestas maldades.

Sin embargo, nada más lejos, pues el uso o abuso de ellos es cuestión de uno mismo. De hecho, la psicóloga clínica Amparo Cervera, se refiere a estos problemas como las “nuevas adicciones”. “Unas patologías que sencillamente han ocupado el lugar que antaño tenían el alcoholismo, la drogodependencia y la ludopatía; y que tienen que ver con las disfunciones afectivas del propio individuo que las padece; es decir, con su predisposición”, apunta.

Y es por eso por lo que un abordaje psicológico completo deberá indagar qué se encuentra detrás de ellas, más allá de paliar los síntomas que, sencillamente, son una manifestación de que algo no marcha bien.

Curiosamente, la propia tecnología ofrece soluciones en este ámbito, eso sí, enfocadas al tratamiento de patologías totalmente distintas.

Por ejemplo, la Realidad Virtual está empezando a utilizarse para abordar fobias varias –permite al sujeto enfrentarse a la situación que lo aterroriza en un entorno controlado y con el acompañamiento de un profesional-.

Por no hablar de la proliferación de aplicaciones que tratan de ayudar a los pacientes a superar la adicción al tabaco, aprender a gestionar su divorcio, poner fin al bullying; e, incluso, las que se centran en el aprendizaje de los niños autistas.

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Asimismo, la propia asistencia psicológica ha comenzado a ofrecerse online; algo recomendable en algunos casos que así lo requieran, pero que puede acabar con la interacción y vínculos paciente-terapeuta.

HACE 3 AÑOS