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Ojalá mi jefe fuera un robot

En 2020, alrededor de cinco millones de empleados habrán sido sustituidos por algún tipo de máquina, según predice el estudio El futuro de los trabajos del World Economic Forum. Pero la cuarta revolución industrial ya ha comenzado: no es raro ver un robot o un sistema de inteligencia artificial en empresas y fábricas, sobre todo de sectores industriales como la automoción.

Algo más difícil resulta imaginarse a un grupo de directivos androides reunidos para discutir el futuro de una compañía. O pensar que dentro de unos años tu jefe podría ser un robot o un ordenador programado para ejercer las tareas ejecutivas. No obstante, si logras recrear la situación en tu cabeza, tal vez incluso llegue a gustarte.

Quiero un jefe robot

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Le pasa a un buen número de ciudadanos estadounidenses, británicos y daneses, según desvela un reciente estudio de la consultora de innovación Dare2. El objetivo de la investigación era explorar la disposición de las personas a trabajar con “programas de ordenador imparciales”.

Los autores planteaban a los encuestados la posibilidad de tener un jefe perfecto hecho robot. O, en sus propias palabras, “un software que toma decisiones o hace propuestas basándose en datos de recursos humanos, financieros o de mercado”. Todo de forma objetiva, porque “no se vería afectado por los sesgos personales, sociales y culturales que influyen las decisiones humanas”.

Alrededor de un tercio de los estadounidenses consultados pensaban que un software imparcial “sería más fiable y ético” que los actuales jefes de su empresa.

De hecho, algunos más (el 38%, sin ir más lejos) admitieron que “preferirían que un programa de ordenador imparcial evaluara su rendimiento laboral antes que un asesor humano”.

Un robot de confianza

Lo cierto es que a los partidarios de tener un superior robótico no les faltan razones. Un sistema de inteligencia artificial (IA) que no se dejara llevar por emociones ni sentimientos sería más objetivo en sus análisis. Solo tendría en cuenta información, datos… Y no le afectarían prejuicios, factores culturales ni sociales.

Un ejemplo de máquina que podría ser capaz de ejercer las funciones de un jefe es Watson, el famoso superordenador desarrollado por IBM. Si ya ha logrado imponerse a contrincantes humanos en juegos de estrategia como Jeopardy y Go, ¿por qué no iba a poder tomar sabias decisiones en un entorno empresarial?

No obstante, el hecho de que los creadores de este tipo de IA sean de carne y hueso hace dudar de su total imparcialidad. Si las personas tienen sentimientos y se ven influenciadas por su entorno, pueden acabar dotando a un robot en el futuro de sus mismos valores y prejuicios.

Trabajadores infelices

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Convertir un sistema de inteligencia artificial o un robot en el jefe perfecto representa todavía un reto para los ingenieros, pero quizá no sea necesario exigirles tanto. Lo cierto es que a los humanos tampoco se les da demasiado bien eso de lidiar con los empleados. Y eso que no les falta experiencia.

Un buen número de trabajadores se sienten desmotivados en sus empresas. La mala gestión y organización por parte de sus responsables son algunas de las causas.

Según un estudio de psicólogos y asesores estadounidenses, uno de cada dos jefes falla en su papel de líder. Una de las principales razones es su incapacidad para dejar de lado comportamientos o pensamientos tóxicos.

Solo hace falta echar un vistazo a cómo buscadores de Internet autocompletan frases al estilo de “mi jefe es” para hacerse una idea de las opiniones de los trabajadores. La mayoría de alternativas que ofrecen estas herramientas tienen connotaciones bastante negativas. Haz la prueba: ‘bipolar’, ‘vago’ o ‘inútil’ son algunas de las respuestas más comunes. 

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Una reciente encuesta sobre satisfacción laboral revela que más de la mitad de los estadounidenses están descontentos en su puesto. Quizá, por eso, el 32% preferirían que su oficina estuviera gestionada por un programa de ordenador imparcial o un robot que por un director humano, según los datos del estudio de Dare2. Lo daneses, más felices en sus empleos, no pensaban lo mismo.

Menos conflictos laborales

Es verdad que la tecnología puede hacernos enfadar, sobre todo cuando no responde a nuestras órdenes. No obstante, resulta más difícil discutir con máquinas que con humanos sensibles a las opiniones de los demás y tendentes a mostrarse agresivos.

Incluso si un robot poseyera algo parecido a una personalidad, no tendría en cuenta argumentos pobres ni se molestaría por comentarios hirientes. Como ya hemos explicado, solo consideraría información objetiva, hechos y datos. Si algo no funciona es porque existe un fallo.

Como carecen de emociones, las máquinas no pueden irritarse ni dejarse llevar por la ira. Tampoco tienen un mal día ni sienten estrés ni ansiedad, dos factores que pueden fomentar los conflictos y las discusiones en el trabajo.

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Decisiones y juicios objetivos

Una de las claves para favorecer el buen ambiente laboral es la comunicación con los trabajadores y la evaluación de su rendimiento. Incluso cuando un jefe trata de ser honesto, los empleados pueden interpretar mal sus valoraciones o pensar que se trata de juicios sesgados.

Si fuera un robot el que analizara la actividad de los miembros de la plantilla, solo consideraría datos cuantificables y fórmulas matemáticas. Así, el personal tendría la impresión de que está siendo valorado objetivamente.

Un sistema de inteligencia artificial dispondría, además, de una mayor capacidad para procesar información. Por eso la cantidad de datos que manejaría en sus decisiones sería muy superior a los que un humano puede analizar y comprender.

También hay desventajas

Las personas nos equivocamos todos los días, pero las máquinas tampoco son perfectas. Los algoritmos ya nos ayudan a elegir el conductor de Uber que nos conviene, el mejor vendedor en Amazon o la historia que nos puede interesar en Facebook. Y no siempre aciertan.

La inteligencia artificial no es infalible. Y, por este motivo, un jefe robótico podría interpretar mal la información con la que trabajase. Por ejemplo, si supiera que las mujeres escasean entre los altos cargos de las empresas podría considerarlo un signo de que los hombres son más aptos para puestos de responsabilidad. Se estaría comportando de manera sexista, aunque no tuviera intención alguna de discriminar a las candidatas.

Además, pese a su inteligencia, aún hay labores que un robot no puede desempeñar. Las máquinas no tienen creatividad ni imaginación para buscar ideas innovadoras.

Y la ausencia de sentimientos puede hacer que los trabajadores se sientan incomprendidos, pues sus emociones juegan un papel fundamental en su rendimiento.

Tanto los robots y programas informáticos como los jefes humanos tienen puntos fuertes y debilidades, pero todavía es pronto para determinar quiénes son los más competentes: a la IA todavía le queda mucho por avanzar. La posibilidad de que los trabajadores estén dirigidos por chips y procesadores todavía parece algo de ciencia ficción.

HACE 3 AÑOS