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Siente la yakuza: los mejores videojuegos del género

‘Yakuza’ es una de las sagas con más solera creadas por SEGA, con 8 millones de copias vendidas. Un verdadero hito en su país. Y no, no se han quedado quietos: cuenta con siete entregas numeradas y cinco spin-offs, dos de ellos ambientados en los últimos coletazos del periodo Edo (el Bakumatsu), los denominados «Ishin».

Y, si el fin del feudalismo a través de los mandos de una consola no supone bastante atractivo, acaba de desembarcar en PlayStation 4, en una apuesta sin precedentes, la precuela de la primera entrega, ‘Yakuza 0′, inspirada en la presión e influencia que este grupo mafioso ejerció sobre las grandes capitales del estado a favor del sector inmobiliario privado. Dinero, dinero y más dinero.

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Los ‘Yakuza’ son algo más que simples videojuegos, son contenedores culturales en clave sandbox (como ‘Assassin’s Creed’) donde sus diseñadores se conceden todo tipo de excesos. Puedes visitar karaokes, boleras, love hotels, jugar a recreativas, a pachinkos, hacer apuestas poco legales, comer y beber y, en las últimas entregas, hacer uso completo del móvil —selfies, investigaciones, mantener redes sociales, llamar a la novia—. Una segunda vida en un cuidado mundo digital que tal vez nos quede lejos por sus tropos y propia mitología oriental, pero que una vez jugado descubren su verdadero potencial.

¿Qué significa ser yakuza?

Antes de hablar de juegos vamos a intentar conocer el nacimiento de esta figura histórica. Si bien no tiene un origen noble, sí ha condicionado y hasta transformado el devenir social y económico de todo un país.

Para ser justos, la denominada «mafia japonesa» nació hace casi cinco siglos. Durante el periodo Edo (1603-1865, hasta la Restauración Meiji) un gran guerrero, primer shogun, liberó al pueblo de una eternizada guerra civil: Tokugawa Ieyasu trajo una paz duradera que reunificó al país. Y medio millón de maestros en el arte de la guerra quedaron desempleados.

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Un imperio en plena transformación

Fue entonces cuando muchos samuráis fueron expulsados de los poblados, innecesarios para el daimyo (señor feudal) al que servían, y privados de sus armas. Algunos abandonaron la senda bélica y se convirtieron en agricultores, actores, literatos o comerciantes, pero la mayoría consideraban este acto despojarse de sus méritos pasados; preferían el pillaje, apostar su espada y cumplir sucios encargos.

Convertidos en kabiki-mono (hombres locos), estos ronin vagabundos marchaban de puerta en puerta, hasta agruparse en clanes para proteger por unas pocas monedas, comida o alojamiento, a los diferentes acaudalados de la época.

La vida acomodada les llevó a los grandes anhelos, el abuso de poder, al narcotráfico y, cómo no, al juego. Japón posee una gran tradición y perder en el juego es perder el honor. En alta mar, en casinos de Mahjong aún se apuestan vidas. Los bakutos eran los ronin jugadores, los más viciosos. Organizaban timbas ilegales y, claro, no toleraban las deudas.

Los amos del juego

Por aquel entonces se jugaba a una variante oriental del blackjack, el oicho-kabu. Se jugaba con cartas Hanafuda (juego de las flores) y el objetivo era sumar 19 en vez de 21. La palabra yakuza es una derivación de ya (número ocho), ku (número nueve) y sa (tres). Suman 20. Es decir, la peor mano que puede salirte. Tener un yakuza era tener una mano sin valor, un embrollo difícil de arreglar. De ahí, ser un yakuza era ser un despojo, alguien inútil e inadaptado a la sociedad moderna.

Pero los yakuza no pensaban rendirse. Mientras unos clanes se enfrentaban a otros, su poder como «industria» creció exponencialmente hasta lograr la cifra de 250.000 yakuzas, hombres y mujeres, operativos para cualquier negocio donde fuesen necesarios: desde casas de té a promotoras del ladrillo, desde seguridad privada a locales de tragaperras. ¿La burbuja inmobiliaria del 84 en Japón? Sí, ellos tuvieron mucho que ver.

Eso sí, la etimología lúdica nunca se despojó del todo: no en vano el crecimiento comercial de Nintendo llegó cuando, gracias a fabricar barajas Hanafuda a mano, de primerísima calidad e ideales para marcar, éstas se convirtieron en las favoritas de la mafia. Pronto, todos los casinos del país querían sus ejemplares. Y Nintendo aprovecharía este éxito para diversificarse.

Maestros de la mafia oriental

TEAM PRO

Bajo este interesante escenario, cualquiera se preguntaría: ¿dónde están los juegos de la yakuza? Porque de la mafia italiana vamos servidos. Bien porque nos queda geográficamente lejos o, como decíamos, entronca con una cultura incompatible con el mundo moderno, toparse con juegos donde un yakuza sea un protagonista no es nada fácil.

Excepto, claro, la saga capital a la que hacemos referencia. Los Yakuza de SEGA cuentan con Kazuma Kiryu, un protagonista absoluto que puede disfrutar de la vida de lujos y placeres pero ser bondadoso. La cuidada construcción de personajes, sus devenires históricos, éxitos y fracasos, nos arrastran como si fuésemos los telespectadores de Yakuza Papers.

Eso sí, es fácil perderse si eres un jugador novato. Mi recomendación, como es obvio, es empezar por Yakuza 0, el origen de toda la historia, previo al ascenso a fama de Kazuma, cuando aún era un cachorro con mucho futuro por delante. Ésta, además, narra cómo el protagonista y Goro Majima se ven envueltos en una serie de disputas previas al asesinato que da pie a la primera parte.

Y, si esta dinastía no es tu taza de té, aunque la oferta es escasa, siempre puedes encontrar alternativas como las que siguen a continuación. Que nadie se quede sin repartir leña.

‘Shenmue’‎ (Sega AM2, 1999)

La primera en la frente, advertirá el jugador avezado. Y es que el clásico de Yu Suzuki no transcurre en Japón, ni siquiera nos enfrentamos a la yakuza, sino a otro tipo de mafia, y solo de manera tangencial: las triadas. Las triadas hacen referencia a las diferentes organizaciones criminales de Hong Kong, Taiwán y la China continental.

Pero es que este juego, también de Sega y programado bajo parte del equipo original que después haría Yakuza, fue capaz de trasladar la vida rural de un pueblo entero, con sus rutinas diarias y sus diferentes líneas de conversación, a un mundo digital. Una proeza que en su época lo convirtió en el juego más caro de la historia (70 millones de dólares) y, de paso, el más afamado por la crítica.

‘Sleeping Dogs’ (United Front Games, 2012)

Sigamos con las triadas. Secuela espiritual e intelectual de True Crime que, tras pasar por Los Ángeles y Nueva York quiso centrar la acción en Hong Kong, esta propiedad intelectual fue un caramelo muy bien aprovechado en las manos de Square Enix. Somos Wei Shen, un agente encubierto en las triadas que debe sumergirse hasta el lodo de las guerrillas callejeras.

Poco a poco, la identidad de Wei Shen se va diluyendo entre lo que recuerda de sus gentes y su función profesional de limpiar las calles. Un juego bellísimo en sentido estético, muy bien documentado y valiente, donde encadenar combos hasta perder la cabeza.

‘Hitman 2: Silent Assassin’ (IO Interactive, 2002)

Uno de los asesinos más famosos de la industria del videojuego siempre se está poniendo a prueba. En ‘Hitman 2’ se trataba el imperio real de la Yamaguchi-gumi y su líder Masahiro Hayamoto.

En el juego teníamos que plantar cara a una mansión japonesa blindada de matones y limpiarla, no literalmente. El caso es que el contrato del Agente 47 le hacía pasar un mal rato, con la lluvia incesante de fondo, y nosotros como jugadores teníamos que resolver la papeleta a golpe de pistola automática.

‘Stranglehold’ (Midway Games, 2007)

El director de cine cantonés John Woo quiso encontrar su espacio en la industria de los videojuegos. El resultado es una ensalada de tiros en tiempo bala, mecanismo heredado de Max Payne y, a su vez, de los efectos logrados en Matrix.

A modo de secuela apócrifa de su película ‘Hard Boiled’ (1992), durante el juego tenemos que combatir a cuatro gánsteres líderes y toda su recua de fieles. Nada de jugar a las cartas: mientras quede una bala en el cargador, la partida sigue adelante.

‘Kane & Lynch 2: Dog Days’ (IO Interactive, 2010)

Segundo juego de la editorial danesa pero bajo un distinto perfil: sobrevivir a un país entero. En ‘Dog Days’ hemos enfadado hasta al apuntador, nos persiguen para matarnos miembros de diferentes organizaciones, hasta gubernamentales, y todo porque James Seth Lynch se ha echado una novia en Shanghai, con la promesa de cambiar de vida, pero al final acaba enfadando a las personas equivocadas.

La otra parte del dueto, Adam ‘Kane’ Marcus, vive una vida aún más torturado, divorciado y solo, apartado de cualquier signo de amor. El juego desarrolla otra «balasera», con tintes propios de las cintas de acción hongkonesas de los 90 y algo del gore más cercano a Takashi Miike. Un rara avis, un enorme tropiezo comercial, y un juego único e hipnótico.

‘WET’ (Artificial Mind and Movement, 2009)

Imagina que Quentin Tarantino decide escribir un videojuego de bajo perfil, un Kill Bill con tiempo bala (otra vez) y mucha muerte frenética. De nuevo se repiten las triadas y la estética de ficción de explotación propia de Death Proof. Todo el primer arco argumental se desarrolla en Hong Kong.

Pero la gran virtud de este videojuego está en cómo componen narrativamente al protagonista. Como en Kill Bill, contamos con una protagonista femenina, Rubi Malone, una badass de primer nivel que cumple contratos de lo más problemáticos para salir adelante. Juégalo y te darás cuenta de hasta dónde puede llegar una chica enfadada con un arma en cada mano.

La yakuza nunca perdona

Esperando copia

Hace algunos años, en pleno boom de la promoción de ‘Yakuza 3’, el equipo de Boing Boing decidió encarar el análisis desde otro prisma y consultar a yakuzas reales. Éstos quedaron gratamente sorprendidos con la estética y trasfondo histórico del juego. Del protagonista dijeron «es como los yakuza de antes. Nosotros manteníamos las calles limpias y la gente nos apreciaba. Nunca se nos ocurría molestar a un civil. Respetábamos a nuestros jefes. Chicos como este, ahora solo existen en los videojuegos».

Y es que la yakuza actual ya no es tan fiera como la pintan. Algunos son hombres leales a su clan que quieren limpiar su imagen mediante filantropía y actos altruistas, como el caso de la leyenda Tadamasa Goto, el cual pagó multas millonarias por los asesinatos perpetrados por los agentes que tenía contratados.

Eso sí, si aún te quedan ganas de rememorar lo que fueron sus años dorados, en Yakuza 0 hay minijuegos en los que podrás arrojar dinero a la cara a los agentes de bolsa, vaciar cabinas. Y lo que es peor, en ellos, solo aprenderás nuevos movimientos de artes marciales si los compramos con dinero. Una caricatura rampante y muy divertida de ese capitalismo enervado que nunca se fue del todo.

HACE 3 AÑOS