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El dron paraguas o el que sirve champán: los 6 drones más originales de todos los tiempos

Hace tiempo que los drones dejaron de ser meras herramientas de uso militar para convertirse en productos de consumo. Por eso, para atraer a posibles compradores, sus fabricantes han ideado multitud de utilidades de lo más variopintas. Repasamos los 6 drones más originales e ingeniosos de todos los tiempos.

El dron paraguas

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Si eres de los que no se apañan con el paraguas y acabas empapado cada vez que quieres usar las manos para algo que no sea sujetar el mango, tenemos una buena noticia: existe un dron diseñado para llevar el artilugio mientras tú sigues con tu vida.

El Umbrella Drone (Dron Paraguas, en castellano) acompaña a su dueño desde el aire para resguardarlo de la lluvia. ‘Perfecto para pasear al perro, ir en bici o ver un evento deportivo‘, explican desde Drone Direct, una web donde venden estos vehículos aéreos no tripulados por 1.500 euros, un precio no muy apto para todos los bolsillos.

Técnicamente se trata de un modelo Phantom 4 de la prestigiosa compañía DJI, uno de los cuadricópteros (tiene cuatro hélices) más populares del mercado.

Sus creadores han modificado ligeramente el aparato para integrar sobre su estructura el paraguas que resguardará a quien lo maneja. El dueño deberá llevar el móvil encima, pues el fiel mayordomo volador solo será capaz de seguir a su amo desde el aire gracias a la señal GPS del teléfono.

Como el Phantom 4 puede alcanzar los 70,8 kilómetros por hora, lo que garantiza que puedes utilizarlo para salir a correr. Incluso los motoristas podrían emplearlo para cobijarse en sus viajes, aunque posiblemente tanto runners como conductores terminarían calados igualmente: el viento y la velocidad hacen que la lluvia también golpee de frente y desde los laterales.

Una condición fundamental es que, ya se realice a pie o a bordo de algún vehículo, el trayecto debe durar como máximo media hora. El límite viene marcado por la vida de la batería, que tarda unos 30 minutos en descargarse. De este modo, el Dron Paraguas no es apto para largos paseos: de quedarse sin energía, el caminante podría acabar cargando, no solo con el paraguas, sino también con la máquina que lo transporta.

El dron Cupido

¿Alguna vez has querido besar a alguien bajo el muérdago? Lo más difícil, más allá de conseguir el acercamiento, es coincidir con esa persona especial bajo la planta. El vegetal se coloca normalmente en el techo de alguna habitación o de la salita de entrada, con lo que solo cuando ambos estéis en ese punto podrá darse el encuentro.

Sin embargo, gracias a los drones, la tarea es mucho más sencilla. ¿Que no puedes o no quieres llevar al otro hasta el muérdago? No te preocupes, si vosotros no vais al muérdago, el muérdago irá a vosotros. Por los aires, eso sí.

Esto es lo que ocurrió en uno de los restaurantes de la cadena TGI Fridays en Reino Unido: sus trabajadores colgaron la planta de un dron que sobrevolaba el establecimiento. Cuando se situaba encima de un par de tortolitos que disfrutaban de sus bebidas o de una suculenta cena, éstos tenían que darse un beso. El vehículo llevaba, además, una cámara incorporada para grabar el bonito gesto.

La idea, según sus responsables, era conseguir que más gente viviera la experiencia: la mitad de los adultos británicos, aseguraban, nunca había besado a nadie bajo el muérdago. Seguro que su original iniciativa ha hecho que la cifra aumente, aunque sea en unas pocas unidades.

Un camarero de altos vuelos

Pero los drones tienen otro tipo de utilidades en el sector de la hostelería. En Las Vegas, donde puede ocurrir casi cualquier cosa, los han convertido en camareros volantes para servir champán a los clientes. Una forma muy especial de hacerles llegar la burbujeante bebida sin usar bandeja ni delantal.

Estos peculiares sirvientes han surcado los aires sobre el jardín de un establecimiento de la ciudad estadounidense, el lujoso hotel y casino The Cosmopolitan, que organiza eventos al aire libre. En el 2014, algunos privilegiados entre los asistentes de una de sus concurridas fiestas pudieron pedir una botella de espumoso y recibirla desde las alturas.

Un dron de ocho hélices era el encargado de acercarles el cubo cargado con los hielos y el recipiente de cristal. Jason Strauss, uno de los socios del grupo que gestiona el resort, adquirió los vehículos para tomar fotografías y vídeos aéreos de las celebraciones. Sin embargo, Strauss decidió darles un nuevo uso cuando descubrió que los aparatos eran capaces de transportar hasta cinco kilos y medio.

El servicio, como casi todo en Las Vegas, tenía un precio desorbitado. Los clientes solo recibían la visita de uno de estos drones camareros si habían gastado al menos 20.000 dólares (unos 19.000 euros). Se llevaban una foto aérea de recuerdo, pero les hubiera salido bastante más barato comprarse un Dron Paraguas.

El club de la lucha (de drones)

Si las batallas de robots ya tienen incluso un programa de televisión y una liga dedicados a ellas, las de drones no se quedan atrás, pese a haber despegado un poco más tarde.

Además de los posibles encuentros clandestinos, la Liga de Deportes Aéreos (ASL) organiza competiciones oficiales para los pilotos de estos aparatos voladores. En ellas, el ring y las cuerdas de las luchas humanas de boxeo son sustituidas por la tierra y las redes metálicas que rodean el área de pelea.

Como era de esperar, las batallas se libran en el aire, donde dos drones se enfrentan con dos únicas bazas: sus hélices y la habilidad de quien los controla.

El objetivo es acercarse al contrario desde arriba para interrumpir el giro de sus aspas utilizando alguna parte de la estructura. Todo esto sin caer ni chocar contra las redes.

Marque Cornblatt, fundador de la ASL, asegura que las competiciones son mucho más que una exhibición de violencia y destrucción. Los eventos tienen un componente educativo: los niños también pueden fabricar sus propios aparatos, participar y mejorarlos. El estadounidense y su equipo siempre reservan un sitio para que los pilotos reparen sus vehículos, diseñados para que sea fácil acceder a sus entrañas.

Este insólito deporte también representa una interesante opción de ocio para ingenieros y amantes de la tecnología. ‘Los humanos tenemos un deseo intrínseco de violencia‘, admite Cornblatt. ‘Pero en este contexto, donde las batallas son seguras y, de hecho educativas, la experiencia resulta extremadamente enriquecedora‘.

Un dentista tecnológico

Alex Rodríguez, fundador de la empresa Urban Drones y desarrollador de vehículos aéreos no tripulados, graba vídeos para mostrar sus alocadas ocurrencias. En uno de ellos enseña a los espectadores cómo utilizar uno de estos aparatos como ‘extractor de dientes’. Una actividad no apta para personas sensibles ni miedosas.

En las imágenes, Rodríguez sujeta el extremo de un cordón a un cuadricóptero para luego atar el otro al diente a punto de caerse de un niño. La máquina asciende por los aires lentamente para luego tomar impulso y arrancar la pieza dental de Jamie de un limpio tirón.

La colmena

Un ciudadano británico ha fabricado una estructura propulsada por un enjambre de drones. Este temerario inventor ha conseguido alzar el vuelo montado en esta especie de protoaeroplano casero.

El vehículo, que parece salido de una película de ciencia ficción, incorpora nada más y nada menos que 54 hélices. Construirlo le ha costado algo más de 7.000 euros.

Su dueño reconoce que no puede ir muy lejos, pero tampoco era su objetivo: ‘Solo quería un poco de diversión‘, afirma.

Seguramente los fabricantes del resto de drones que hemos descrito buscaban algo parecido a lo que perseguía este británico. Pese a que todos son de lo más original, ni siquiera el Dron Paraguas parece tener demasiado futuro más allá del entretenimiento.

HACE 7 MESES

 

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