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Los peligros de vivir en una Smart City

Las Smart Cities e internet de las cosas (IoT, en inglés) forman parte de una revolución, la denominada 4.0, que está en ciernes. Muchas son las ventajas que vamos a disfrutar los ciudadanos de vivir en una ciudad inteligente, gestionada más eficientemente gracias a la inteligencia que aporta la tecnología. Sin embargo, ello también conlleva algunos peligros.

Imaginemos sensores repartidos por todas partes e interconectados, que captan y procesan datos constantemente, con el objetivo de facilitarnos la vida: ahorro energético, mejora del tráfico y de la búsqueda de aparcamiento, disminución de las colas y los tiempos de espera en las oficinas municipales y los centros de salud, iluminación inteligente… Vaya, que las ciudades inteligentes van a ser increíbles: todo programado y gestionado con una eficiencia y puntualidad pasmosa.

La base de las Smart Cities son amplios sistemas interconectados que recogen y gestionan ingentes cantidades de datos (big data) de personas,  empresas e instituciones; meteorológicos y de todo tipo, y actuando en base a ellos de manera automatizada. Todo ello con la intención de conseguir ciudades más eficientes y que los ciudadanos vivan menos… pero al mismo tiempo, plantean preocupaciones de privacidad y seguridad, además de cierta deshumanización en la gestión de estas urbes del futuro.

Deshumanización y exclusión

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Como la base de la Smart City es la tecnología, inevitablemente se habla de nuevas oportunidades de negocio para las empresas y emprendedores. Se dice que el internet de las cosas permitirá ofrecer nuevos servicios que respondan mejor a las necesidades específicas de los ciudadanos. Pero ¿hasta qué punto serán necesidades reales o creadas? En este sentido están surgiendo voces críticas en torno a la deshumanización de las ciudades inteligentes. En muchas ocasiones parece que prime el uso de la tecnología por sí misma más allá del bienestar ciudadano.

Por ello es importante la gestión de expectativas: cómo vamos a ir haciendo nuestras ciudades más inteligentes de manera progresiva evitando malos entendidos y frustraciones. ‘No es un corte abrupto en el que pasamos de ‘no ser’ a ‘ser’, es un camino que hay que ir recorriendo y explicando bien a los administradores y a los ciudadanos lo que vamos a tener en cada una de las etapas’, remarca Carlos Álvarez, director de áreas de especialización en Connectis.

Otro de los peligros que nos acechan con las ciudades inteligentes es la integración de las personas con mayor edad o con ciertas discapacidades. ‘Las Smart Cities van a facilitar sin duda la vida de estas personas, pero también aumentan los riesgos de exclusión si no habilitamos los procedimientos de formación y acompañamiento imprescindibles para personas que no son ni mucho menos nativos digitales’, señala Álvarez.

Seguridad deficiente

Otros de los principales riesgos que corren las Smart Cities son los graves agujeros de seguridad que pueden incorporar la gran multitud de sensores y dispositivos que hacen, precisamente, que estas ciudades puedan ser consideradas como inteligentes.

Estos sensores, instalados en multitud de dispositivos, pueden ser usados como puertas de ataques masivos. De hecho a finales de 2016 se produjo un ataque masivo que afectó a Twitter, Netflix, Airbnb, Amazon y Spotify, entre otros, y lo más preocupante es que se usaron dispositivos que no eran ordenadores o móviles.

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Para llevar a cabo este asalto, los ‘hackers’ emplearon aparatos infectados y convertidos en zombis como webcams, vigilabebés y termostatos. Todo ello, por supuesto, sin conocimiento de sus dueños. Un caso francamente preocupante, teniendo en cuenta que, según la consultora Gartner, acabaremos 2017 con 8.400 millones de dispositivos conectados a IoT, de los que el 63% estarán destinados directamente a aplicaciones dirigidas a consumidores.

‘La gran mayoría de estos dispositivos no están diseñados teniendo en cuenta aspectos básicos de seguridad sino que priman la usabilidad y la interconexión. En muchas ocasiones es realmente difícil arreglar aquellas vulnerabilidades que se van descubriendo, pero desde hace unos años también hay mucho investigador que se encarga de comunicar estos fallos para que los fabricantes de estos dispositivos y los responsables de gestionar una Smart City puedan solucionarlos’, señala Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET España. ‘Esperamos que en el futuro cercano esta colaboración ayude a hacer de las Smart Cities un lugar más seguro frente a los ciberataques, pero para ello se deben tener en cuenta estos riesgos y concienciarse de que el problema existe’, agrega.

Incluso los robots, que habitarán con nosotros esas ciudades inteligentes, son una fuente de preocupación. El experto internacional César Cerrudo, responsable de tecnología en IOActive Labs, considera que ‘cuando los robots estén presentes en cada casa y en cada negocio, la posibilidad de que ocurra un ciberataque crecerá exponencialmente’. Algo grave puesto que estos robots podrían llegar a programarse para provocar daños físicos.

Falta de privacidad

Como ya hemos comentado anteriormente, toda esta inteligencia viene en gran parte de la gestión de grandes cantidades de datos que obtienen los sensores. Datos que serán en gran parte proporcionados por nuestra actividad.

De hecho la consultora Gartner prevé que para 2019, el 50% de los ciudadanos que habiten en ciudades inteligentes se beneficiarán de los programas de Smart City al compartir por iniciativa propia sus datos personales.

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En consecuencia se dará por tanto una reducción de la intimidad: los sensores sabrán todo lo que hacemos, por dónde pasamos, con quién vamos o los datos de nuestra salud que recogen las pulseras de actividad… todo ello, con la finalidad de que los servicios sean más eficientes. Pero si estos aparatos son hackeados, nuestra intimidad se vería afectada drásticamente.

Por ello el reto pasa por proteger la privacidad de los datos personales en un entorno hiperconectado en el que, precisamente, la interactuación con los datos de los usuarios son la clave del éxito para muchas de las funciones automatizadas que impulsa la Smart City. Porque ¿a quién pertenecen estos datos y quién puede usarlos?

Situaciones de peligro

Pero concretamente ¿qué podría suceder en la Smart City si no se toman las medidas adecuadas para evitar ciberataques? Panda Security pone como ejemplo algunas situaciones que se podrían dar: la modificación de los semáforos, apagar simultáneamente todos los coches conectados, colapsar la red eléctrica, dejar sin agua a toda la ciudad, envenenar el agua de un barrio o desvelar los datos de todos los ciudadanos.

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Estos son solo algunos ejemplos de lo que podrían ocurrir, pero una Smart City tiene millones de dispositivos y los ciberdelincuentes están siempre pensando en formas de atacarnos para sacar rédito económico o simplemente por causar daño’, destaca Hervé Lambert, responsable global de operaciones de consumo en Panda Security. ‘Por ello es necesario que haya un acuerdo global para una mayor ciberseguridad en las ciudades y todos los dispositivos que hay en ellas con conexión a Internet’.

Molará mucho vivir en una ciudad inteligente, pero para que estos peligros estén superados hay por delante un gran trabajo previo. Un trabajo muy interesante en este sentido es la web Earth 2050, desarrollada por Kaspersky Lab, que se plantea cuáles serán las ciberamenazas del futuro y los principales peligros a los que deberán enfrentarse esas ciudades inteligentes. El futuro nunca había sido tan inquietante.

HACE 3 AÑOS