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Así es el muro invisible que protege a Donald Trump de los drones

La construcción de un muro para separar Estados Unidos de México es una de las propuestas más polémicas de Donald Trump. Pero el presidente de Estados Unidos también se rodea de otro tipo de barreras. Un escudo invisible le acompaña en sus polémicos viajes a su club privado en Mar-a-Lago, un ostentoso complejo ubicado en Palm Beach (Florida). Su cometido es mantener lejos a los drones.

En cada visita, la Administración Federal de Aviación (FAA) estadounidense restringe el vuelo de vehículos aéreos no tripulados en un área de unos 110 kilómetros de diámetro en torno a la mansión. Se trata de un Área con Medidas Especiales de Aviación destinada a evitar que un dron espíe al dirigente o cometa un atentado

Barreras contra drones

Las barreras invisibles contra drones son más habituales de lo que se piensa. La mayoría de estos recintos virtuales se establecen con carácter permanente. Es el caso de las zonas delimitadas en torno a los aeropuertos estadounidenses que se extienden en un radio de unos ocho kilómetros a la redonda.

El aeropuerto de Washington es una excepción. Desde los atentados del 11 de septiembre, el espacio aéreo está vedado para cualquier aparato sin autorización de la FAA en un radio de casi 50 kilómetros. Quienes incumplan las condiciones se verán obligados a pagar una multa que puede ir de los 1.300 euros en el caso de particulares a los 30.000 euros si se trata de empresas.

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Sin embargo, la FAA también puede restringir el acceso de drones y otros vehículos a un área de forma temporal. El objetivo es proteger a los asistentes de un evento multitudinario, como un partido de fútbol américano, o delimitar una zona afectada por una explosión u otro tipo de desastre humano o natural.

Esta es la estrategia que las autoridades aéreas utilizan para construir el escudo invisible alrededor del presidente cuando viaja a su residencia en Mar-a-Lago. Pero también la que aplicaron durante la ceremonia de investidura celebrada el pasado 20 de enero en Washington.

Aquel viernes estuvo prohibido volar un vehículo aéreo no tripulado en las inmediaciones del evento. En la celebración, además, la policía estaba autorizada para requisar tanto los drones como los teléfonos de sus dueños y a borrar las fotos o vídeos tomados durante el evento.

Un muro invisible

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La decisión de detenerse en los límites marcados por la FAA no solo depende del piloto. Un dron que hubiera volado en enero por las inmediaciones de Baltimore, una ciudad en la linde del área que circunda el aeropuerto de Washington, podría haberse detenido repentinamente de ser dirigido en la mala dirección. No habría chocado contra nada: el software del vehículo está programado para no sobrepasar el cerco de seguridad establecido.

Esta tecnología que mantiene a los vehículos aéreos alejados recibe el nombre de geovallado y el perímetro virtual que delimita, geovalla. Los aparatos que incorporan este tipo de sistemas, basados en posicionamiento por satélite, actualizan habitualmente las bases de datos de los fabricantes donde se especifican las zonas prohibidas.

Así, cuando un dron se aproxima a uno de estos perímetros, su sistema GPS detectará la frontera del mismo. Como consecuencia, el aparato se detendrá en pleno vuelo, incluso si el piloto se esfuerza por dirigirle hacia dentro del área vetada.

El escudo presidencial

El proceso para fijar uno de estos perímetros virtuales temporales en torno al presidente de los Estados Unidos comienza con una orden de los servicios secretos. Estos se ponen en contacto con la FFA para solicitar el establecimiento de una zona de protección antidrones en el lugar y el momento en el que Trump vaya a estar presente.

Después, las autoridades aéreas estadounidenses publican un aviso oficial para aviadores (NOTAM, por sus siglas en inglés) con los detalles sobre la restricción. Cada vez que un piloto va a efectuar un vuelo, ya se trate de una avioneta o un dron, debería mirar estas notificaciones para mantenerse informado sobre la seguridad aérea en las zonas atravesadas por la trayectoria del vehículo.

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Además de en la rudimentaria lista, publicada en la web de la FAA, es posible consultar estas comunicaciones en una aplicación, también desarrollada por la autoridad aérea. Se llama B4UFLY y utiliza el GPS del teléfono del piloto para detectar los perímetros virtuales más cercanos.

No puedes pasar

Aparte de la entidad pública, existen empresas que aprovechan los datos que la FAA comparte públicamente para hacer negocio. Un buen ejemplo es AirMap, una herramienta que actualiza la información sobre las zonas aéreas prohibidas cada pocos minutos. La ofrece representada en un mapa interactivo, pero también se la envía a los fabricantes de drones que se suscriben a su servicio.

Estas entidades constituyen el último eslabón de la cadena de comunicación. Cuando recibe los detalles, DJI, uno de los fabricantes más populares a nivel global, clasifica los datos en tres categorías: áreas de advertencia, áreas autorizadas y áreas restringidas.

Finalmente, estas empresas envían los datos y las zonas ya etiquetadas a todos los drones que han vendido. Recibirán la información los dueños de aquellos vehículos que estén conectados a Internet y que dispongan de sistema de geovallado, es decir, que tengan instalado un programa para interpretar esa información.

Las áreas calificadas como de advertencia no presentan ninguna barrera para el vuelo de los vehículos (estos no se detienen en el aire antes de cruzar sus límites). No obstante, el sistema les avisa de que se encuentran en una zona especial, como puede ser un territorio protegido por la presencia de aves.

Dime quién eres

El siguiente grado en término de seguridad es el de área autorizada. Para sobrepasar su perímetro, el operario del dron debe confirmar su intención de penetrar en ese espacio a sabiendas de que está regulado en condiciones especiales. Lo hará presentando su número de teléfono o el de su tarjeta de crédito. De esta forma, si las autoridades tienen motivos para perseguir al piloto, el fabricante del aparato podrá ayudarles a localizarlo.

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Por último, las áreas restringidas son las que presentan mayores limitaciones. Son el tipo de perímetro que rodea a instalaciones como aeropuertos o plantas nucleares. Resultan inaccesibles para drones comerciales, y tampoco vale con identificarse para entrar. Dentro del área de 80 kilómetros en torno al aeropuerto de Washington que requiere una autorización, hay una de estas zonas, con un radio de ocho kilómetros.

Pese a que la seguridad del presidente es lo primero, el perímetro de más de 100 kilómetros de radio que fijan alrededor de su residencia en Palm Beach no está calificado como restringido. Los fabricantes que utilizan el mismo sistema de clasificación que DJI lo consideran una zona de acceso autorizado.

La responsabilidad del piloto

Aunque desde la FAA defienden que no debería existir diferencia entre las áreas restringida y autorizada para los drones, en DJI alegan que su esquema es solo informativo. Sus responsables dejan la decisión de penetrar o no en un perímetro a los pilotos, como cumplir con el límite de velocidad correspondiente al conductor de un coche.

Otros fabricantes como Intel, Aeryon Labs, 3D Robotics, Yuneec y senseFly también utilizan los datos proporcionados por AirMap. No obstante, la máxima autoridad en la delimitación de espacios aéreos vedados es la FAA. Aunque el operario de un dron no encuentre impedimento para entrar en una zona, si descubren el vehículo en el lugar equivocado puede quedarse sin su juguete y llevarse una abultada multa. Dron

HACE 2 AÑOS