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Inteligencia Artificial: así llegó Siri a tu móvil

Al comienzo todo fue un sueño, una ficción idealizada. Para hablar de Inteligencia Artificial podríamos remontarnos al viejo ‘Erewhon del escritor Samuel Butler, una suerte de ‘Los viajes de Gulliver’ en clave distópica. A partir de aquí se plantean supuestos donde sociedades utópicas conviven en armonía, donde gobiernos tecnificados exploran las problemáticas de un futuro ignoto, bien en otros planetas o el nuestro mismo: desde la trilogía de ‘Marte’ a la saga de ‘Hyperion’, desde las mitologías del escritor ruso Zamiatin a las epopeyas lisérgicas de Philip K. Dick.

De un comienzo oscuro…

Turing

Pero la realidad, tarde o temprano, atraparía a la ficción. Durante la Segunda Guerra Mundial, un joven inglés, Alan Mathison Turing, contribuye en el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Al mando de una división de la Inteligencia británica, una de sus misiones principales pasaba por descifrar la máquina Enigma (pudimos verla en la película ‘The imitation game’, de 2015) en y los codificadores de teletipos FISH.

Para romper la avanzadísima Inteligencia alemana construyó la bombe, una máquina electromecánica que, con ayuda del matemático Gordon Welchman, fue la principal herramienta usada para resolver transmisiones enigma. ¿Y qué tiene que ver esto con la IA?

En 1945, Turing comenzó a trabajar en el Laboratorio Nacional de Física, en el diseño de una nueva máquina, la ACE.

Al año siguiente presentó su estudio donde exponía paso a paso el desarrollo de un computador automático.

Tras infinitos fracasos y frustraciones con sus colegas, en 1950 publica ‘Computing machinery and intelligence‘, definiendo las problemáticas clave de la IA y planteando diferentes tests para determinar si un usuario objeto de prueba es humano o máquina (como la famosa CAPTCHA).

El test de Turing sirvió, en su contexto, para definir el nivel de aprendizaje y uso de un lenguaje complejo, una gran influencia que tomaba preceptos filosóficos de René Descartes y lo aplicaba al mundo de las máquinas.

… A un salto lúdico

Deep

Mientras tanto, entre 1948 y 1950, trabajó en la escritura de un programa de ajedrez. Pero el software requería tanta potencia que ni el ordenador sobre el que trabajaba, un Ferranti Mark 1, pudo ejecutarlo.

En 1951 se comenzaron a usar estas máquinas predictivas para crear el primer ordenador capaz de dibujar por sí solo.

Sus trabajos fueron la base para que Arthur L. Samuel diseñara su propio juego de damas y Claude Shannon uno de ajedrez —ambos utilizando el algoritmo MINIMAX—.

Y éste fue el nacimiento de los videojuegos, el momento donde una máquina retaba al propio usuario.

El nacimiento de la informática moderna

ASIMO

En 1956, el científico John McCarthy define la IA como ‘la ciencia e ingenio de hacer máquinas inteligentes‘. O dicho de otro modo: máquinas tuteladas para que posean hilos de razonamiento lógico.

En 1963, el denominado ‘padre de los sistemas expertos’, Edward Feigenbaum, publica ‘Computers and Thought’, donde explica el proceso de aprendizaje de una IA.

Este libro supuso una revolución que sirvió de inspiración para que el científico cognitivo Marvin Minsky tomara el relevo desde su recién fundado Laboratorio de IA, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Minsky sirvió, incluso, de consejero para Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, cuando en 1968 dan forma a una de las IA más realistas de la historia: HAL 9000, el superordenador de ‘2001: una odisea en el Espacio’.

Y bajo este escenario, una nueva década, donde el mercado de la industria robótica se dispara, con Japón como principal baluarte. Miles de electrodomésticos son fabricados incorporando chips entre sus componentes. La era de la electrónica. La ficción, por su parte, alimentaría el imaginario colectivo con ‘evil minds’ como Skynet.

Desde el profundo mar azul

Terminator

En 1990, la Inteligencia Artificial Chinook queda segundo jugando a las damas contra Marion Tinsley.

Y en 1996, Deep Blue, el supercomputador de IBM, vence al maestro Garri Kaspárov.

Gracias a la atención mediática lograda, donde una simple máquina desconocida derrotaba al mejor ajedrecista de la historia, la IA pasó de nuevo a ser el centro de debate intelectual.

Pero claro, esto era solo gracias a la capacidad de cálculo del sistema: siguiendo con la paradoja de Moravec, cualquier ordenador es capaz de realizar cálculos redundantes con miles de variables posibles en un tiempo de respuesta muy inferior al del cerebro humano.

Yo humano, tú robot

Nuevos tiempos de cambio en los albores del nuevo siglo. Sony presenta, en 1999, sus mascotas AIBO.

Con apenas dos meses de diferencia, Tomotaka Takahashi, profesor del Centro de Investigación para Ciencia y Tecnología Avanzada de la Universidad de Tokio funda su departamento ROBO GARAJE.

La industria robótica pensaba aprovechar los progresos de la IA. En 2001 se crea el robot de rescate Enryu. En 2005 Honda introduce ASIMO, el robot humanoide más avanzado.

En mayo de 2008, el equipo de Takahashi presenta Mr. Evolta, un pequeño robot, de apenas siete centímetros, capaz de escalar el Gran Cañón del Colorado con apenas dos pilas AA.

¿Crees que lloverá hoy, Siri?

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Pero otra revolución se cernía: la telefonía móvil iba a impulsar el progreso de los microprocesadores y SoC (system on chip) hasta un nuevo escenario.

Y entonces llegarían los asistentes virtuales: Siri,de Apple, Home de Google, Alexa de Amazon o Cortana de Microsoft.

Los asistentes virtuales suponían la culminación de la interpretación del lenguaje humano y el razonamiento conversacional, contextual, logrando un lenguaje natural entre el robot y la máquina.

Ya no se trata solo de dictar y mandar rutinas: pueden llegar a salvar vidas, como el reciente caso donde un niño de cuatro años dijo a Siri ‘Mi mami está en el suelo. Con los ojos cerrados. No respira’ y la IA tomó las diligencias necesarias para alertar a la Policía.

El horizonte de las Smart Homes nunca había estado tan cerca.

Salvando vidas analógicas con un cerebro digital

Ingeniería-Robótica

Solo en América, la conducción automática podría salvar 300.000 vidas cada década‘. Estas eran palabras del periódico The Atlantic a propósito de los pilotos automáticos y la conducción autónoma. Las máquinas no se duermen en carretera.

Mientras tanto, la otra cara de la balanza: The Guardian publicaba una noticia donde alertaba que un robot montador había asesinado, por un error en la cadena de producción, a uno de los trabajadores. ¿Quién era el culpable? ¿A quién demandar: empresa, dueño, fabricante o al propio robot?

El especialista en Derecho Chris Elliott confirmaba que, efectivamente, esta es ‘una zona muy difícil para la Ley porque la idea de que una máquina podría ser responsable de algo no es un concepto fácil‘. Entraba en cuestión otro documento jurídico: ¿deben cotizar los robots?

Desde el punto de vista fiscal, un robot no puede pagar, aunque tampoco está acogido bajo la ley de Seguridad Social. El siglo XXI impone nuevos debates éticos.

Como proponía el experimento de Iyad Rahwan Moral Machine, no se trata de buscar responsables ante un accidente, sino saber cómo lidiar con ello desde el sustrato legal, desde la perspectiva de las víctimas —y sus familiares—.

Mientras tanto, en 2016, la firma estadounidense Baker & Hostetler contrata entre su plantilla a ROSS Intelligence, una IA creada por IBM a partir de su plataforma de inteligencia cognitiva Watson. Abogados digitales para problemas digitales.

Una cuestión de eficiencia energética

Mono

Pero no todo es tan positivo como se presupone. La mente humana se demuestra más eficiente cuando se habla en términos energéticos. En 2009, el supercomputador Dawn emuló el 1% de las capacidades humanas consumiendo 1 millón de vatios de energía, en una sala de temperatura controlada bombeando 76.500 metros cúbicos de aire helado por minuto.

Un cerebro humano cuenta con poco más de 1 kilogramo de materia gris y el mismo consumo que una pila de 20 vatios.

Además, el aprendizaje de las máquinas es siempre tutelado: se perfilan y modifican los márgenes de error a través de las respuestas que arrojan las máquinas. Los algoritmos se reescriben de la misma manera que se corrige a un niño pequeño: depurando sus malos comportamientos y enfatizando los buenos.

¿El futuro es de la IA?

Hemos pasado del romanticismo, de una idealización apenas pragmática, a una realidad latente. Desde proyectos como SHRDLU, un sistema de comprensión del lenguaje natural, implementado por el investigador del MIT Terry Winograd en sus robots, hasta lenguajes como PROLOG (Programming in Logica) a los algoritmos más modernos, como el que utiliza el asistente de Samsung Bixby. La Inteligencia Artificial no es, sino, algo auténtico con lo que lidiar, para bien o para mal.

Y, aunque aún nos queda un largo camino por recorrer, el futuro se antoja prometedor.

HACE 7 MESES

 

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