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Los hackers toman el control de los juguetes sexuales

Los juguetes sexuales también han ganado nuevas funciones con la conexión a internet. Las relaciones a distancia se han vuelto más activas, y seguro que sacan del aprieto a más de una pareja… Pero lo que a priori puede parecer una buena idea, también es un auténtico peligro: muchos de ellos han sido ya objetivo de los hackers, y el resultado es realmente preocupante.

Un poco de historia

Los juguetes sexuales no son ni mucho menos un invento del siglo XXI. De hecho, su historia se remonta unos 2.500 años atrás, en la antigua Grecia, que es cuando se tiene constancia de los primeros objetos de este tipo.

Con la llegada de las pilas y las baterías algunos de ellos dejaron de ser simples artículos que imitaban ciertas partes del cuerpo humano y ganaron movimiento. Y hace poco más de una década, con la expansión de internet y las aplicaciones, incluso se han vuelto ‘inteligentes’: registran datos, se pueden controlar a distancia e incluso vuelan

No es oro todo lo que reluce

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Como no podía ser de otra manera, lo que a priori es una buena idea puede convertirse en un peligro si no se ha desarrollado con la suficiente atención. Y si estamos hablando de objetos que tienen conexión a internet e incluso cámaras, y que se usan en momentos de máxima intimidad, el cóctel explosivo puede resultar una bomba de destrucción de toda reputación posible.

Hace poco más de un año, en la feria de tecnología Cebit, en Hanover (Alemania), los expertos en seguridad informática Trend Micro daban una conferencia de prensa en la que, para sorpresa de los presentes, colocaron un vibrador rosa encima de la mesa. Un miembro de la compañía sacó su portátil y tecleó unas simples líneas de código: el vibrador se puso en marcha.

‘Si controlo remotamente un vibrador a distancia puede ser simplemente divertido’, aseguró el entonces director de Tecnología de Trend Micro, Raimund Genes. Pero agregó: ‘Pero si llegará al final del proceso, puedo incluso chantajear al fabricante’.

Un vibrador con cámara, hackeado

Vibrador con cámara.

El ejemplo de Trend Micro puede ser llevado al extremo si lo que tenemos entre manos es ni más ni menos que un vibrador con cámara. Los autores de esta ‘maravillosa’ idea es la empresa Svakom, que además de vibradores con diferentes funciones venden el Siime Eye, equipado con una cámara.

‘Registra el amor a través de fotos y vídeos. La memoria puede desaparecer con el tiempo, pero con Siime Eye esos momentos felices toman vida cada vez que pasas por las fotos y vídeos registrados’, explica la web del producto. El aparato, además de su función vibratoria, dispone de una cámara capaz de grabar y tomar fotos del interior de las partes más íntimas del cuerpo humano. Cuesta unos 219 euros.

Vibrador con cámara.

Cómo no, poco se ha tardado en descubrir que este aparato es poco seguro: la firma de seguridad Pen Test Partners ha sido la que ha dado la voz de alarma. De hecho, tampoco hay que ser un experto informático para ver una simple vulnerabilidad, pues el aparato lleva una contraseña de serie (siempre la misma: 88888888). De no cambiarse, cualquiera que esté en el rango del WiFi del usuario del vibrador puede acceder a los vídeos y fotos, incluso a las retransmisiones en directo.

Una vez conectado al aparato, de hecho, también se puede controlar a distancia con la ejecución de código desde un ordenador. No parece, pues, una gran idea usarlo.

Espionaje íntimo

Vibrador conectado.

Cualquier objeto conectado a la internet de las cosas puede ser objeto de los hackers. Hemos visto casos en las webcams, los móviles o incluso las neveras. Y seguro que seguiremos viendo casos también en los juguetes sexuales.

Pero cuando se usan estos aparatos lo que se busca es intimidad total. Sin embargo, ni la líder en el mercado de vibradores inteligentes se ha salvado de la polémica: la empresa We-Vibe ha sido condenada por espiar a sus clientes.

Vibrador conectado.

La compañía vende a través de internet juguetes sexuales que se conectan al móvil a través de Bluetooth. Cómo no, aparecieron unos hackers que en la feria Defcon de Las Vegas demostraron que era posible acceder a su Bluetooth y controlarlo a distancia.

‘Muchas personas en el pasado han dicho que realmente no es un tema importante, pero si piensas en el hecho de que estamos hablando de personas, una activación no deseada de un vibrador es un potencial asalto sexual’, aseguró uno de los hackers que tomó el control del vibrador.

Pero los problemas para la compañía no acabaron aquí. En Canadá, fue condenada por espiar a sus usuarios.

De hecho, los usuarios no lo sabían, pero mientras usaban el juguete a través de la app, la empresa recogía datos de uso, como la temperatura o el nivel de vibración del mismo. La firma, pues, recogía datos para generar el perfil de sus usuarios… Sin avisarlos.

Según la empresa, los datos se recogían para ‘entender’ cómo se usaban sus dispositivos, y determinar si el procesador no se calentaba en exceso. La explicación no convenció a las autoridades.

Conclusión

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La inteligencia en los objetos –conexión a internet– supone grandes avances, pero también grandes peligros. Y si estamos hablando de objetos que usaremos en nuestros momentos más íntimos, toda precaución será bienvenida.

Pero no es solo culpa de los usuarios que no cambien la contraseña, sino que los fabricantes deben garantizar que el uso de estos dispositivos será realmente privado. Si no, no solo peligrará la reputación de una empresa, sino que pueden arruinar la vida de cualquier ciudadano.

HACE 2 AÑOS