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Si se puede prohibir la entrada a una persona, ¿también a un holograma?

En el ‘skyline’ de la futura New Port City, además de gigantescos rascacielos, hay grandes hologramas publicitarios. Al menos así lo refleja ‘Ghost in the Shell’, la película protagonizada por Scarlett Johansson, basada en el manga homónimo.

No es la primera vez que el cine muestra estas imágenes tridimensionales. Hace cuarenta años, ‘La guerra de las galaxias’ demostró que la princesa Leia podía aparecer en otros lugares y otros tiempos gracias a esta tecnología. Más allá de la ficción, los hologramas han hecho incluso que grandes artistas, desde Frank Sinatra a Michael Jackson, parecieran resucitar sobre las tablas.

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La música se apunta a los hologramas

Pero no todos los hologramas de cantantes han sido bien recibidos. En 2015, el rapero estadounidense Chief Kieff quiso celebrar un concierto en Chicago, pero no se lo permitieron al tener varias órdenes de arresto pendientes en la ciudad. Ni corto ni perezoso, lo organizó en Indiana: actuaría allí remotamente gracias a un holograma. A las fuerzas policiales, sin embargo, no les gustó tanto la idea y acabaron suspendiendo la función cuando ya había comenzado.

Aquello fue un caso aislado, pero podría ser el comienzo de un debate que se irá calentando durante los próximos años. ¿Estarán pensando ya los legisladores en cómo prohibir o regular los hologramas? ¿Hay quejas por que estas imágenes hayan invadido alguna propiedad privada? ¿Qué sucede si me representan tridimensionalmente sin mi permiso?

Protestas holográficas

Hasta ahora parece haberse dado por hecho que las autoridades no van a impedir la proyección de hologramas. Es más, al tratarse de representaciones de las personas de carne y hueso, se están convirtiendo en un medio para reivindicar libertades.

Así, Amnistía Internacional organizó una manifestación de hologramas en Corea del Sur para protestar por “la erosión de la libertad de expresión”. La organización defensora de los derechos humanos quería criticar así a las autoridades, a las que acusaba de impedir manifestaciones en el centro de Seúl. Por eso, decidieron quejarse por las restricciones utilizando “fantasmas” para simbolizar que esas imágenes no tendrían problemas para concentrarse.

En realidad, la idea la habían copiado de España. Tras la aprobación de la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana en 2015, con los votos del PP y toda la oposición en contra, la plataforma No Somos Delito decidió convocar la primera manifestación con hologramas del mundo.

Organizar esta futurista protesta contra la conocida como Ley mordaza tuvo su efecto, al menos a nivel de difusión. Medios nacionales e internacionales, desde la BBC hasta The New York Times, se hicieron eco de la multitudinaria marcha pacífica sobre el Congreso de los Diputados. En realidad, los participantes eran reales: tras grabarse un vídeo, la plataforma les transformó en azules imágenes en movimiento.

No solo los hologramas nos permiten estar en otra parte, aunque no sea físicamente. También lo logran los robots de telepresencia, ya que, además de retransmitir imágenes, permiten interactuar con el público. Precisamente por eso, Edward Snowden los utiliza con frecuencia para asistir (al menos virtualmente) a conferencias en Estados Unidos. Pisar el país significaría enfrentarse a cargos que podrían conllevar hasta 30 años de prisión, así que su autómata móvil le ayuda a evitarlo.

Hologramas o realidad aumentada, nuevos retos legislativos

Más similar a un holograma que a un robot es la realidad aumentada. En ambos casos, las imágenes pueden proyectarse sobre elementos del mundo real, con la diferencia de que el usuario puede ver un holograma sin necesidad de contemplarlo a través de un dispositivo.

Como la realidad aumentada se ha popularizado mucho más que el resto de tecnologías citadas en los últimos tiempos, los primeros dilemas legales ya han comenzado a surgir. Al fin y al cabo, la popularización de Pokémon Go el verano pasado provocó auténticas riadas humanas a la caza de monstruos virtuales.

Un diputado estatal de Illinois propuso aprobar una norma, apodada para más inri como Ley Pidgey (por el nombre de un pokémon), para que Niantic, la empresa detrás del juego, eliminara las poképaradas si así lo solicitaban los propietarios de las viviendas. Por otra parte, se aprobó una ordenanza en el condado de Milwaukee por la que los creadores de juegos de realidad aumentada deberán pedir permiso para utilizar los parques como localizaciones.

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En otros países, las prohibiciones han ido a mayores. El órgano de censura chino anunció que no permitiría ningún juego de realidad aumentada hasta que haya tenido la oportunidad de estudiar si supone un riesgo para la “seguridad nacional”. Tal cual.

Mientras tanto, las autoridades de La Haya decidieron llevar a Niantic a los tribunales por no impedir que hordas humanas invadieran sus playas. La compañía terminó atendiendo a sus demandas, así que, finalmente, las criaturas virtuales no tuvieron que ir a juicio. Pikachu y sus compañeros se quedaron sin subir al estrado.

Pero, más allá de preocuparse por la invasión de los Pokémon, algunos legisladores ya están pensando en otros potenciales peligros de la realidad aumentada y los hologramas. Es más, senadores estadounidenses se han reunido con algunas compañías del sector para debatir sus inquietudes.

¿Están protegidos los hologramas por derecho de imagen?

Un senador preguntó si sería posible en el futuro que un ciberatacante llegara a proyectar imágenes de pájaros en las ventanas de una aeronave, dificultando así la visión. El CEO de Daqri, una compañía que desarrolla realidad aumentada, contestó que sí podría lograrse que las imágenes fueran indistinguibles de la realidad.

Ryan Calo, profesor de Derecho de la Universidad de Washington, puso un ejemplo más simple que el del avión: un amigo suyo rompió la pantalla de su móvil después de que apareciera una araña demasiado realista sobre ella. Si hologramas e imágenes de realidad aumentada se parecen cada vez más al mundo real, ¿nos puede salir cara la broma a los consumidores? Es más, ¿qué sucede cuando un holograma reproduce nuestro cuerpo serrano?

Al ser el derecho a la propia imagen un derecho fundamental, el experto en propiedad intelectual Ignacio González Royo explica que ‘es de esperar que la regulación del mismo –la Ley que protege el derecho al honor, la intimidad y la propia imagen- se extienda también a la nueva realidad holográfica’. No harían falta nuevas normas, sino simplemente aplicar la que tenemos a un ámbito nuevo.

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El abogado también recuerda que el uso de la imagen, con carácter general, requiere autorización de su titular, y en el caso de una persona fallecida, de ‘autorización expresa de la persona que esta haya designado en su testamento o bien de sus herederos. Un hecho que ya se viene produciendo desde hace tiempo en Estados Unidos, donde ya hemos visto cómo los artistas resucitaban gracias a sus alter ego digitales.

Así que, aunque los hologramas son por el momento una tecnología minoritaria, lo cierto es que sus similitudes con la realidad aumentada y el hecho de que permitan representar o revivir a humanos hacen pensar que, en un futuro, los legisladores bien podrían preocuparse por ellos si se pusieran de moda. Mientras tanto, disfrutemos contemplándolos en el cine o en nuestro DVD de ‘La guerra de las galaxias’.

HACE 3 AÑOS