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El reto de los robots cuidadores: cómo enseñarles a tratar a los ancianos

Según Naciones Unidas, entre 2015 y 2030, el número de personas mayores de 60 años crecerá en un 56%, pasando de los 901 millones a los 1.400 millones. Las previsiones estiman que el 25,6% de los españoles serán mayores de 65 años en 2031, frente al 18,7% actual. El envejecimiento de la población será una preocupación cada vez mayor en un futuro, aunque, afortunadamente, los robots pueden contribuir a que los ancianos estén mejor atendidos.

Al fin y al cabo, los autómatas de compañía se están poniendo cada vez más de moda y poco a poco irán conquistando nuestros hogares. Eso sí, mientras los niños ya hacen buenas migas con los robots (al fin y al cabo, han nacido con los dispositivos tecnológicos prácticamente bajo el brazo), los mayores pueden tener más dificultades para llevarse bien con las máquinas.

¿Cómo se puede lograr que empaticen con ellas? ¿Debe un robot cuidador parecerse a los humanos, asemejarse a un adorable peluche o no tener siquiera rostro? ¿Ha de limitarse a asistir al anciano o es recomendable que también le dé conversación?

Fabricar el cuidador robótico perfecto no es tarea fácil, pero ya hay varios expertos trabajando para lograr que los autómatas y los ancianos se entiendan cada vez mejor.

Humanoides, ositos de peluche…

Japón, el país de la robótica por excelencia, también tiene la población más envejecida del mundo. Por eso sus investigadores trabajan desde hace unos años para desarrollar autómatas que atiendan a los que alcanzan la tercera edad.

Un equipo de investigadores nipón ha presentado a Nadine, un robot extrañamente similar a una mujer, capaz de recordar el nombre de una persona e incluso de mantener una conversación con ella.

Además de ser recepcionista, uno de sus cometidos para el futuro será acompañar a ancianos y niños. No obstante, si la teoría del valle inquietante, famosa en robótica, afirma que los androides demasiado semejantes a los humanos acaban provocando rechazo, ¿realmente se sentirán a gusto los ancianos con la turbadora Nadine?

Bastante más adorable es Robear, un robot japonés con aspecto de oso polar de peluche que pesa 140 kilos. En lugar de acompañar a los humanos, este solidario autómata puede asistir tanto a los ancianos que lo necesiten como a todas las personas con movilidad reducida. Gracias a sus enormes y robustos brazos, puede ayudar a que una persona se levante o puede transportarla de la cama a la silla de ruedas.

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Más allá de Japón, la Unión Europea también confía en que los autómatas puedan echar una mano metálica a los mayores. De hecho, la Comisión Europea ha financiado con 185 millones de euros diferentes proyectos de robótica para su cuidado en el marco del programa Horizonte 2020.

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Entre esas iniciativas, figura el desarrollo de Mario, un níveo robot con aspecto humanoide (si bien carece de piernas) diseñado para acompañar y reducir el aislamiento de las personas con demencia. Por el momento, algunos Marios están siendo testados en los hogares de pacientes británicos para comprobar sus dotes asistenciales.

… o incluso un altavoz

Frente a los robots cuidadores de gran tamaño, similares a personas o animales, también han aparecido otros autómatas que, pese a no asemejarse a un ser vivo, también pueden ser buenos colegas de los ancianos.

Uno de ellos es Zenbo, un robot similar a Wall-E que podrá estar en nuestras casas dentro de unos meses (está disponible en Taiwán) por 600 euros aproximadamente. Además de llevar a cabo funciones de videovigilancia, ser capaz de comprar por internet o tener buena memoria para recordarnos nuestras próximas citas, este robot de la compañía Asus detecta si los miembros más ancianos de la familia han sufrido algún percance y envía un mensaje de emergencia a los familiares.

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A diferencia de Zenbo, el novedoso robot ElliQ, que aún no está en venta, ni siquiera tiene cara. Intuition Robotics, la compañía que lo ha creado, ha recaudado seis millones de dólares (5,53 millones de euros) para comercializar este autómata semejante a una lámpara.

ElliQ da conversación a las personas mayores, les anima a realizar ciertas actividades y les informa de que tienen notificaciones pendientes que pueden contemplar juntos en su tableta. Gracias a su sistema de reconocimiento de imágenes, es capaz de analizar las fotografías y hacer comentarios sobre ellas.

Aunque no sonría, ElliQ logra comunicarse de forma natural con los humanos. Cambia de posición cuando charla con ellos, enciende sus luces e incluso modula el tono de voz dependiendo de las circunstancias. De esta forma, logra caer bien a los ancianos sin necesidad de hacerse pasar por una persona.

¿Robots divertidos o serios?

Más allá del aspecto físico, ¿qué personalidad debe tener un robot para caer bien a los que cuentan más primaveras? Un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania se propuso descubrirlo hace unos meses. Su estudio contó con 51 participantes de una residencia de ancianos que debían interactuar con un robot social y otro asistencial.

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Para su sorpresa, los investigadores descubrieron que a los mayores les atraían personalidades robóticas diferentes según el rol que el autómata desempeñara. Si el robot estaba destinado a asistirles, preferían que fuera bromista a la hora de interactuar. Por el contrario, si estaba destinado a acompañarles, confiaban más en el autómata más serio, ya que, según los investigadores, ese carácter añadía credibilidad.

El rol de las máquinas de compañía

Ahora bien, ¿qué rol deben desempeñar los autómatas destinados a interactuar con personas mayores? ¿Es ético desarrollar robots que hagan compañía a los ancianos a semejanza de los humanos?

Dor Skuler, el CEO de Intuition Robotics, ha puntualizado que ElliQ no pretende reemplazar a la familia. ‘No creo que queramos vivir en un mundo donde la gente tenga relaciones importantes con las máquinas. Lo que podemos hacer, sin embargo, es hacer el contenido más accesible y permitirte compartir la experiencia’, ha señalado Skuler.

Guy Hoffman, un investigador especializado en las relaciones entre humanos y robots y asesor de Intuition Robotics, ha reflexionado incluso sobre el lado oscuro de que contemos nuestros problemas a una máquina que sabe interactuar con nosotros pero carece de sentimientos. ¿Realmente queremos que los ancianos tengan que hablar con un robot cuando se sientan solos? ¿Se resuelve así el problema de su aislamiento o se agrava?

Así que, aunque en ningún caso deben sustituir al cariño humano, los robots asistenciales y de compañía del futuro prestarán su apoyo a los cada vez más numerosos ancianos. De momento, los investigadores aún están probando diferentes aspectos y personalidades para lograr que los mayores se sientan cómodos con las máquinas que tienen la misión de ayudarles.

HACE 3 AÑOS