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Sexting, grooming, ciberbullying: cómo detectar prácticas de acoso online

A pesar de que el rápido desarrollo tecnológico y su aplicación a nuestra vidas ha contribuido a agilizar múltiples procesos y ha conllevado variados beneficios, también ha llevado aparejados algunos inconvenientes. Nos estamos refiriendo a aquellos derivados de un mal uso (o abuso) y, en concreto a los diferentes tipos de acoso online.

Una lista en la que se cuelan el sexting, el ciberbullying y otras prácticas detestables que no siempre resultan fácil identificar y que afectan en gran medida a los menores. Para ello, os contamos en qué consiste cada una de ellas y os ofrecemos algunas pautas de actuación y prevención de la mano de expertos como el presidente de la Asociación Nacional para la Protección de Menores en Internet, Carlos Represa.

Me están ‘troleando’

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Empezaremos por uno de los abusos del que prácticamente todos hemos sido víctimas: el troleo. Se produce cuando algún individuo se dedica a incomodarnos a través de la red mediante mensajes ofensivos, reiterados, y ataques constantes y públicos. Este comportamiento le convierte en el centro de atención y da lugar a toda clase de polémicas. Los hay expertos, meticulosos o agresivos; y su perfil suele responder, según los expertos, al de hombre con escasa capacidad de empatía por quien se encuentra al otro lado.

Tal es su ‘poder’ que, en algunos países como Nueva Zelanda se les considera como auténticos criminales (incitar al suicidio, por ejemplo, está penado con tres años de cárcel; y las multas por publicar comentarios ofensivos y no retirarlos en un periodo de 48 horas ascienden a los 33 mil euros). Reino Unido también está considerando llevar a cabo cambios legislativos con el mismo fin.

En España el asunto es distinto y solo contempla unos pocos casos como el porno vengativo, la violencia doméstica y las amenazas reales. Ahora bien, si las consecuencias de su actos son tan devastadoras que causan que el blanco de sus improperios borre su perfil o lleve a cabo actuaciones similares, puede entenderse como una coacción. Algo que sí es un delito en España. Con el tema de los menores la cuestión todavía se vuelve más peliaguda.

Sexting

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Según los datos ofrecidos por la Asociación Proyecto Hombre, uno de cada tres adolescente de entre 12 y 14 años practica sexting. Este consiste en el intercambio de fotos y vídeos de tipo sexual a través del móvil. Teniendo en cuenta que cada vez acceden más pronto a este tipo de dispositivos, la cuestión se complica.

Las imágenes y grabaciones habitualmente son tomadas por la propia persona y enviadas de forma voluntaria a un contacto de confianza. Los problemas vienen cuando las capturas han sido tomadas sin el consentimiento del implicado o, peor todavía, compartidas con otros sin su permiso. También podría ocurrir que un tercero accediera a ellas con nefastas intenciones. En definitiva, una práctica de riesgo que, además, podría acarrear consecuencias legales, como la acusación de creación y distribución de pornografía infantil.

Como relata Represa, ’empieza a ser una cuestión realmente preocupante, sobre todo según los datos que nos están llegando, que demuestran una subida muy importante de casos de sexting y extorsión. El presidente de la Asociación Nacional para la Protección de Menores en Internet comenta además que los datos no solo reflejan un incremento del número de casos, sino también las consecuencias del acoso. En concreto se refiere a que ‘son muchas más llamadas pidiendo ayuda para casos de autolesiones, tendencias suicidas. Todo va muy relacionado’.

Pedofilia en Internet y grooming

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Respecto a la pedofilia en Internet, se trata de otro tipo de abuso más velado, en el que los menores y sus familias se ven tremendamente perjudicados. Para poner una denuncia, deberemos acudir a una comisaría de policía y hacerla por escrito o verbalmente.

La web de la policia.es no nos permite hacerlo online para ningún caso en el que la víctima sea un menor. Lo más recomendable es aportar una prueba: una captura de pantalla. En ningún caso nos descargaremos el contenido pedófilo ni mostraremos nuestro desacuerdo colgándolo en nuestras redes sociales. Esto último podría acarrearnos consecuencias legales.

Otra posibilidad es la de alertar, informando de lo que ocurre a las autoridades a través del correo electrónico denuncias.pornografiainfantil@policia.es. Aquí no necesitaremos identificarnos, pero la notificación carece de un valor penal. Únicamente servirá para iniciar una investigación al respecto.

El grooming apunta en la misma dirección. Sucede cuando un adulto establece vínculos emocionales con un menor y trata de ganarse su confianza intencionadamente con el fin de que este se exponga sexualmente ante él. Puede derivar en abusos físicos, chantajes e incluso en su introducción en redes de prostitución, y en la creación de material pornográfico pedófilo. Se encuentra tipificado como delito en el Código Penal desde 2010.

Cyberbullying

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El cyberbulling también emplea los medios telemáticos para ejercer un acoso psicológico sobre la víctima, atacándola de diferentes modos. El Estudio sobre hábitos seguros en el uso de las TIC por menores del INTECO, lo define como ‘acoso entre iguales en el entorno TIC, que incluye actuaciones de vejaciones e insultos de niños a otros niños’.

Vendría a ser algo así como una evolución del tradicional acoso escolar que, esta vez, excede el ámbito del aula y va a parar a la red. Sus efectos, sin embargo, siguen siendo devastadores para los afectados, e incluso pueden acarrearles problemas psicológicos graves durante toda su vida. Además, la despersonalización que provocan este tipo de canales y las posibilidades de anonimato dan lugar a toda clase de roles imaginarios que agravan todo el asunto.

Dating violence digital, más allá de la violencia en pareja

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El dating violence digital podría traducirse como ‘violencia en el noviazgo’ a través de los medios telemáticos. Se trata de una semilla de la violencia de género y se da, generalmente, entre adolescentes y jóvenes. Este tipo de abuso implica grandes dosis de sentimentalismo, chantaje emocional y un disfraz de normalidad.

Suele implicar el control de dispositivos y redes sociales y otros canales de comunicación, la monitorización de la víctima a través de la instalación de troyanos y similares en su teléfono móvil, la inspección, control y/o prohibición de varios comportamientos y la extorsión. Únicamente se encuentra penado si quien lo practica es mayor de 14 años y el afectado un menor de edad (LO 5/2000 del 12 de enero de responsabilidad penal del menor).

¿Cómo actuar?

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Dicho lo cual, resulta imprescindible saber cómo actuar. Como comenta Carlos Represa, no siempre se puede acudir a la policía, porque muchas de estas situaciones no son delitos. ‘Además, hay todavía ese limbo legal, esa adaptación que, poco a poco se va consiguiendo’. Aquí podemos encontrarnos ante varias situaciones: que nuestro hijo sea la víctima o el acosador.

‘Estamos en un proceso en el que nuestros hijos son acosadores inconscientes’, explica Carlos. ‘Es lo que nosotros llamamos la incompetencia inconsciente en el mundo digital. La mayoría de los niños que realizan acosos desconocen las consecuencias tan graves que sus actos tienen en los afectados’. Así, lo primero que recomienda a los padres es que hablen con sus pequeños para hacérselo entender. ‘Y luego avisar al colegio para informar de la situación e iniciar un procedimiento de protección’. ‘No es cuestión de denunciar, sino de proteger’, incide.

‘Además también tienen que comprender que, por ejemplo, herramientas como el WhatsApp son herramientas de titularidad de los padres, que son los titulares de la línea. No deben tener ningún tipo de problema en revisar y en actuar de forma responsable. Y esto no está reñido con la privacidad’.

La prevención, clave

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Por supuesto, más allá de cómo podemos reaccionar, el quid de la cuestión estará en evitar y prevenir este tipo de comportamientos. ‘Hay algo que es esencial a la hora de evitar esta clase de problemas, y es el área de formación y de prevención, tanto en los menores como en las personas adultas’, comenta nuestro experto. ‘Ya no es un fenómeno que afecte solo a los más pequeños, sino a adultos que se ven inmersos en esas situaciones sin saber por qué’.

Al hablar de la formación, sin embargo, se refiere a una gran dificultad: que esta debe darse en el ámbito de las escuelas y también en el de los hogares; y a que ‘todavía es bastante deficiente’. ‘No obstante, se están consiguiendo notables avances, tanto en la concienciación como en los servicios de respuesta’, matiza.

Carlos también comenta que a veces estos no son suficientes para frenar la capacidad de hacer daño de las prácticas abusivas mencionadas a lo largo de este artículo. La inmediatez de las comunicaciones es clave para entenderlo.

Por fortuna y en cuanto a los colegios, ‘ya se están desarrollando protocolos de respuesta’. ‘Digamos que esa parte de prevención ya tiene una respuesta cuando se produce el hecho. Y eso tiene que ir muy bien coordinado con esa formación anterior, precisamente por la digitalización del entorno de los chavales’. Es decir, tienen que saber cómo aportar las pruebas, cómo hacer una captura de pantalla, cómo gestionarlo, y cómo reaccionar.

HACE 2 AÑOS