REVIEWS

¿Eso era un chiste? Los robots necesitan un poco de sentido del humor

Si pides a un asistente virtual como Siri o Cortana que te cuente un chiste, no dudará lo más mínimo en probar suerte con algún chascarrillo. Claro que, ni su voz artificial lo entonará como es debido, ni sabrá improvisar una gracieta que no figure en el guion que le han preparado sus creadores. Porque, de momento, el sentido del humor continúa siendo la asignatura pendiente de los robots.

Eso sí, nadie puede negar que investigadores y empresas no se estén esmerando en aprobar el examen final. Un ejemplo es Nao, un adorable androide diseñado por la compañía SoftBank Robotics. Esta simpática máquina no solo es capaz de partirse de risa –incluso se golpea las rodillas cuando lo hace–, sino que también reconoce las carcajadas de felicidad humana un 65% de las veces, según un estudio de ingenieros franceses.

Un robot monologuista

Imagen 1

Científicos como los autores de este trabajo y los creadores de Nao analizan los factores que caracterizan la risa de las personas, como los sonidos, la respiración, los movimientos y vibraciones. El objetivo es traducir esta información en algoritmos que luego puedan incorporar los robots, asistentes virtuales y sistemas de inteligencia artificial del futuro. Así, además de adquirir la habilidad de reírse e identificar muecas de felicidad, serán capaces de ser graciosos.

A decir verdad, Nao ya tiene bastante chispa. Lo comprobó el año pasado un equipo de investigadores asiáticos que lo pusieron a prueba en el mundo de la comedia. Cuando el androide hizo un monólogo junto con un experimentado humorista, la audiencia lo calificó solo medio punto por debajo de su contrincante de carne y hueso. A los espectadores les parecía incluso que los chistes más crueles sonaban mejor cuando salían de su boca metálica.

Bromas de robots, ¡qué chiste!

Este afán por conseguir que los robots sean un poco más salados, lo intentaba TARS en ‘Interstellar (2014) y lo lograba con creces el granuja Bender en la serie ‘Futurama’. Sin embargo, en la vida real, dotar de sentido del humor a los sistemas artificiales supone todavía un reto para los expertos. Muchos de ellos lo consideran la prueba que demostraría definitivamente que una máquina es inteligente.

imagen 2

Aunque nosotros no seamos conscientes, entender y hacer chistes implica tener una serie de habilidades y capacidades muy sofisticadas. Necesitamos tener consciencia de nosotros mismos y sentido de la identidad, ser empáticos, espontáneos y contar con un amplio registro lingüístico. Trasladar todos esos rasgos tan humanos a una máquina es harto difícil.

Uno de los motivos por lo que resulta complicado crear sistemas graciosos es que ni siquiera estamos seguros de lo que nos parece divertido. Cuando algo nos hace reír, no siempre sabemos el porqué. Aunque hay muchas teorías sobre cuáles son estos factores, todavía no hay ninguna que haya determinado la fórmula perfecta para un chiste hilarante. Hay programas capaces de generar bromas, pero son muy elementales.

Define gracioso

robots-humor-mediatrends

Lo que ocurre es que los robots no entienden los patrones lingüísticos ni las combinaciones de palabras y expresiones que tienen gracia. Tampoco saben cuándo deben soltar su chascarrillo en una conversación. El tipo de bromas que puede contar un ‘software’ es, en general, una reproducción verbal o escrita de lo que sus creadores han programado en el guion de su vocabulario.

Sin embargo, aunque los avances son lentos, hay algunas muestras de que cada vez estamos más cerca de que los chistes robóticos nos hagan troncharnos de risa. Una de ellas se ha gestado también en SoftBank Robotics: Pepper, un pariente cercano de Nao, es el robot humanoide más vendido de la historia. Según sus creadores, el primero ‘capaz de entender y reaccionar a las emociones humanas’.

Para lograrlo, Pepper analiza las expresiones faciales y corporales de sus interlocutores, con los que puede mantener conversaciones sencillas. Este androide de compañía ameniza las veladas con bailes y chistes, gracias a algoritmos que le permiten reconocer el estado de ánimo de los humanos y saber si es el momento de hacer una broma.

imagen3

Otro ejemplo de que ya puede encontrarse cierto sentido del humor robótico es el del ‘software’ creado por Microsoft para detectar las viñetas más graciosas que los dibujantes enviaban a un concurso organizado por la revista ‘The New Yorker’. Los ingenieros del gigante tecnológico le habían enseñado a detectar en los dibujos los detalles que los hacían divertidos.

Cómicos de tripas metálicas

Por su parte, investigadores japoneses y de la Universidad Carnegie Mellon (en Estados Unidos) trabajan en el desarrollo de robots que cuentan chistes. Uno de ellos, bautizado Data, se comporta como un verdadero profesional en el escenario: es capaz de hacer un sencillo monólogo gracioso y percatarse de la reacción de la audiencia para modificar su actuación.

Ya existen, incluso, humoristas informáticos. Se trata de expertos con conocimientos en tecnología que también han trabajado en la industria del entretenimiento o la publicidad, como el italiano Carlo Strapparava. Es el creador de AHAcronym, un “sistema de humor informático” que cambia las palabras de acrónimos populares. El programa desarrollado por Strapparava convierte, por ejemplo, el FBI  en Fantastic Bureau of Intimidation (Agencia Fantástica de Intimidación).

Afortunadamente, el objetivo de la mayoría de los fabricantes de estos robots no es crear un ejército de cómicos de silicio. Tener sentido del humor permitiría a los sistemas artificiales ser más cordiales y naturales y a los personajes de videojuegos, más ocurrentes. Incluso nuestro ordenador podría tener gracia. ¿A quién no le gustaría que amenizara su jornada laboral con algún que otro chascarrillo?

HACE 3 AÑOS