PREY: la invasión extraterrestre donde nada es lo que parece

Con un guión y una ambientación muy bien trabajados, se presenta ante nosotros PREY (PC, Xbox One y PlayStation 4), una revisión a fondo de un juego ya clásico cuya última encarnación vio la luz en 2006. Muchas cosas han cambiado en estos más de diez años que separan ambos títulos, aunque podemos ‘oler’ la conexión entre dos buenos FPS (‘first person shooter‘).

Pese a que el nombre de ‘PREY’ pueda sonarle tan solo a los jugadores más veteranos, la verdad es que el título que comentamos hunde sus raíces en una saga a la que se da el pistoletazo de salida en 1995 (¡hace ya más de dos décadas!). Aunque algunos nos lo han presentado como un ‘remake’ del título de la misma saga de 2006, en realidad en este nuevo juego cambia totalmente el argumento sin tocar, eso sí, la esencia.

Y es que ‘PREY’ sigue siendo un FPS que discurre en el marco de una ambientación futurista (en este caso, una estación espacial) al cual se suma un componente de misterio y alguna vuelta de guión inesperada.

Argumento de ‘PREY’

Prey.

Si Kenny siguiera vivo, la carrera espacial hubiera recibido mayor apoyo presidencial, hasta el punto de que la actividad humana en el espacio hubiera atraído la atención de una serie de especies alienígenas conocidas con el nombre colectivo de Typhon.

Esto, inevitablemente, lleva a un conflicto armado, que une a toda la Tierra (Estados Unidos y la URSS incluidos) contra los Typhon. La raza humana, no sin esfuerzo (la URSS se hunde en 1964) logra derrotar a los Typhon y sobrevivir.

La raza humana incluso se ha hecho con prisioneros de guerra que mantiene encarcelados en una estación espacial, y de los cuales intenta sacar provecho mediante experimentación, de la cual salen resultados que se aplican a la Tierra y sus habitantes.

Es aquí donde interviene nuestro protagonista, Morgan, un científico que, en 2032, ficha por la corporación TranStar, ahora propietaria de la prisión espacial, rebautizada como estación Talos I.

Prey.

Olvidémonos del entrañable indio cheroqui Tommy, al que acompañamos hace más de una década en sus andanzas por otra estación espacial, pero con idéntico objetivo: salvar la Tierra. O, por lo menos, esto nos parece a nosotros: no quiero hacer ningún ‘spoiler’, pero en el ‘PREY’ de 2017 no todo es lo que parece. Si ya estamos viviendo en una realidad alternativa en la que JFK pudo superar su atentado, imaginaos las vueltas que puede dar el argumento. Eso sí, esperad al final del juego para verlo…

Después de que los Typhon se rebelen para intentar tomar la estación, Morgan (que ha perdido el conocimiento a las primeras de cambio) se despierta en lo que parece ser su apartamento. Pero, en realidad, es un entorno simulado en la estación, que ha sido tomada por los Typhon… tres años atrás (ahora estamos en 2035). Da comienzo el juego de espejos.

Y hasta aquí puedo leer, porque explicar más ya sería destripar un argumento que tiene que ser saboreado. Repito una vez más: haced lo que queráis, pero no os perdáis el final.

Un camino en el que hay que tomar decisiones

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A partir del momento en el que Morgan se despierta y se da cuenta de lo que pasa, inicia una marcha por la estación espacial para buscar una salida, pero durante la cual deberá tomar decisiones que pueden afectar el curso de la guerra y, con él, a la humanidad. Como la de destruir la estación, borrarla del mapa, o bien activar un dispositivo que eliminará a los Typhon, pero dejará incólume la estación para futuras investigaciones.

La atmósfera en la cual se desarrolla la acción está muy bien creada y detallada, aunque minimalista en algunos aspectos (lo que le permite guardar un parecido nada casual con su predecesor de 2006).

Además, cuenta con un logrado ambiente de espacio cerrado, que si bien no es claustrofóbico, sí que al cabo de un buen rato de juego nos dan ganas de salir al exterior para ‘descongestionarnos’ un poco.

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En el aspecto de la ambientación, pues, no solamente un punto positivo para Arkane Studios (responsables del desarrollo, la editora es Bethesda Softworks), sino muchos puntos, ya que éste es uno de los aspectos clave del juego, que te atrapa y te sumerge en la historia.

Por su parte, las dinámicas de juego son excelentes, y tanto movernos por la estación espacial como acribillar a todo enemigo que nos salga al paso (recordemos que, al fin y al cabo, estamos ante un FPS en toda regla), podremos hacerlo con suficiente facilidad como para que la acción nos atrape.

Para mejorar nuestras habilidades y ganar poderes, deberemos inyectarnos Neuromods, que es precisamente lo que se estaba investigando en Talos I antes de la rebelión de los Typhon. Estas inyecciones se aplican directamente en los ojos (hace daño solo con pensarlo).

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Las habilidades que ganemos con estos Neuromods determinarán a qué zonas de Talos I podemos acceder, por lo que se convierten en una suerte de puntos de experiencia, y es importante ir coleccionándolos durante el desarrollo del juego.

Algunas de las decisiones que deberemos tomar durante el desarrollo del juego serán bastante duras, como ejecutar a sangre fría a un superviviente o mantenerlo con vida, ya que cualquiera de las opciones nos proporciona acceso a recursos. Con una pantalla de por medio y vidas que solo son bytes en la memoria RAM, es mucho más fácil tomar estas decisiones, pero sólo imaginar que esto debamos hacerlo en la realidad…

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Esto también forma parte de ‘PREY’: el poner el jugador al límite en la toma de decisiones, presentándole dicotomías de índole moral. Y ahí, por duro que parezca, reside una de sus ¡gracias¡ ¡Ojalá todo lo que tengamos que decidir matar o preservar en nuestras vidas sean píxeles!

Conclusión

‘PREY’ no es un FPS al uso, aunque incluye todos los elementos necesarios para que los jugadores más puristas de este género queden satisfechos, pues las dosis de acción y adrenalina están debidamente repartidas y no son escasas.

Además de esto, el juego cuenta con un trasfondo muy bien trabajado, con un guión muy completo (aunque el tema no resulte del todo original) y una ambientación que atrapa a las primeras de cambio.

Todo ello nos dará como resultado horas de juego y que, a posteriori, no nos dará pereza desempolvar nuevamente este excelente título para volver a disfrutar de sus bondades.

Recomendable, pues,  para todo tipo de públicos, desde jugadores veteranos y amantes de los FPS ‘hardcore’, hasta los más novatos, tanto en el mundo de los videojuegos en general como del género en particular.

Como apunte para quienes jugaron al ‘PREY’ de 2006, nuevamente, que no esperen un ‘remake’: este nuevo ‘PREY’ toma la idea base de la invasión alienígena y la acción en una estación especial pero, a partir de aquí, cambia el resto de las premisas, lo cual no es malo. Así podrán descubrir un universo nuevo que, pese a las apariencias, tampoco guarda una distancia tan abismal con el título de hace una década, especialmente en lo que a estética y al escenario de un espacio cerrado se refiere.

Precio y disponibilidad

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HACE 3 AÑOS