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Robots en combate: un espectáculo digno de la antigua Roma

Que no eran molinos, sino gigantes. Aunque igual también eran gigantes. Podrían serlo. Los robots de combate pueden tener la forma que sus dueños sean capaces de diseñar. Si hace apenas unos días nos hacíamos eco del aniversario de ‘Mazinger Z’, hoy os queremos hablar de la versión más realista de las batallas entre robots.

Imagina dos cajas metálicas controladas por control remoto —o por un humano dentro, o incluso de manera autónoma—, chispas sobre un tatami de cemento. Dos moles remachadas de forma algo torpe, de la que salen brazos acabados en aspa, una radial que puede partir en dos una mesita de noche, al instante. Para rematar, escupen clavos o fuego a unos 50 centímetros de distancia. Ah, sí, y pueden levantarse por sí solos.

Como dos gladiadores romanos sobre la arena, el que antes se queda sin tornillos, antes se retira. En serio, solo hay que leer las normas de competición para darse cuenta hasta dónde se puede ser ‘legalmente sanguinario’. Este es el mundo de los battlebots.

Un poco de contexto histórico

Hoy día la industria de los bots de batalla está de capa caída por culpa de todos esos robots en forma de cuña prácticamente impenetrables, como narran algunas voces expertas, pero siempre es satisfactorio ver esta combinación de ciencia loca, inventores llenos de creatividad y un garaje hasta arriba de piezas viejas.

Como cita la bibliografía oficial, en 1994 comenzaron, en un pabellón de San Francisco, las primeras exposiciones y competiciones robots. La Robot Wars daba comienzo, congregando una buena decena de piezas de orfebrería.

Al año siguiente, nos encontraríamos con proezas como las del vídeo: una combinación de lijadora con instrumento de tortura salido directamente desde la Inquisición Española.

Para 1998, la BBC emite en su parrilla ‘Robot Wars’, un programa que tendría una continuidad de cinco temporadas y cobertura internacional.

Una de las particularidades de las ‘Robot Wars’ es el uso del escenario como personaje en sí mismo. De este modo, del suelo emergen poleas, bolas de fuego, trampillas o un muro puede convertirse en un enemigo final. Ese campo de minas da la vuelta a la batalla en cualquier momento. Un año después, comienza su réplica en Japón.

Pero es en agosto de 2000 cuando nace ‘Battlebots’, el popular programa retransmitido por Comedy Central que da cabida a robots de 150 distintos países.

Presentados por Carmen Electra y Donna D’Errico, este fenómeno empieza a calar entre la cultura pop. Los últimos coletazos los daría la Robot Fighting League, emitida por SyFy.

Pero el darwinismo robot tiene un final bastante abrupto: solo se fabricaban robots de tres tipos.

LOS LEVANTADORES

Los citados ‘cuña lateral’, indestructibles frente los que se montan más elevados, mientras que ellos son capaces de voltear al enemigo mediante púas —reforzándose incluso con pequeñas descargas eléctricas—.

LOS SPINNERS

Lisos, afilados, circulares, equipados con cuchillas, capaces de reventar cualquier superficie sobre la que ‘enganchen’. Su fuerte es su tracción.

LOS TERMINATORS

Con garras y puños para coger y manipular objetos. Suelen montar ruedas sobre ejes sencillos y suelen jugar con la distancia —lanzando objetos puntiagudos o fuego—.

Este piedra-papel-tijera es el núcleo de juego. Estos tres pilares fundamentan las estrategias de combate.

Las piernas son los puntos débiles de los robots más altos, pero, en cambio, pueden pelear con mejor perspectiva.

El eje central es el talón de aquiles de los spinners, así que basta con desestabilizarlos.

Aquellos que cuentan con diseño tipo rampa también pueden caer volteándolos, pero gracias a su aerodinámica puedes arrollar al contrincante.

También los hay pacíficos

No todo van a ser asesinatos como los de más arriba —especialmente ese tanque lanzallamas creado por Micah ‘Chewy’ Leibowitz con la esperanza de destrozar un robot-cucaracha especialmente duro—.

Fuera de estos duelos a muerte podemos encontrar versiones menos funestas. En las competiciones de wrestling con robots, la meta no es sobrevivir, sino descalificar al rival, haciéndose con rondas de 10 puntos. Herencia directa de la lucha grecorromana, algo encontramos los usuarios, algo que emboba frente a sus torpones movimientos.

Y gigantes como molinos

Si ver a dos robots luchando es atractivo, más atractivo es hacer esto mismo con un monstruo a escala XXL. Solo hay que ver el éxito de ‘Megabots’ para entender la pasión que despiertan estos mechas copados de pistones, sistema de tracción de orugas y cristal blindado.

Sin tanto afán deportivo ni una zona de juego predefinida, las exhibiciones de ‘Megabots’ son las mejores demostraciones que podemos encontrar ante ese apetito por la destrucción.

El proyecto nació cuando Gui Cavalcanti, el fabricante y ocioso CEO de Megabots, retó al equipo japonés Suidobashi Heavy Industry y su Kuratas KR-01. Por supuesto, el equipo japonés aceptó.

Kuratas es un mecha. Es decir, su cabina está ocupada por un piloto humano. Un robot híbrido valorado en millón y medio de dólares. Puede correr a 10km por hora, cuenta con 2 ametralladoras tipo Gatling de Airsoft capaces de disparar 6.000 proyectiles de plástico por minuto, cuenta con autoapuntado y reconocimiento facial.

Eso sí, en las batallas con humanos no se usa ningún tipo de arma. Se pelea a puño desnudo. Por desgracia, este conocimiento siempre alberga una faceta beligerante. Los robots serán elementos determinantes en las guerras del futuro. Es una evidencia.

No tienen más de 15 años de historia y ya son considerados el sustituto del boxeo tradicional. ¿Serán las batallas de robots un deporte en el futuro?

HACE 5 MESES

 

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