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Este robot chófer convierte cualquier coche en autónomo

¿Cuándo se convertirán los coches autónomos en una realidad? Ni siquiera los expertos del sector son capaces de responder a la pregunta que les trae de cabeza. Mientras que algunos hablan de cinco años, otros retrasan el fenómeno a cincuenta. Pero quizás no haga falta esperar tanto para que un sistema inteligente conduzca por nosotros: en Israel han creado un robot chófer apto para cualquier vehículo.

Este conductor de tripas metálicas se llama IVO, siglas inglesas de Intelligent Vehicle Operator (operador inteligente de vehículos, en español), y ha sido desarrollado por ingenieros de la Universidad Ben-Gurión del Néguev. Según sus creadores, bastan cinco minutos para sentar al piloto al volante. Después, solo habría que dejar que tome las riendas del coche para que el resto de pasajeros disfruten del viaje.

A diferencia de los sistemas de conducción autónoma diseñados por fabricantes del sector del automóvil, que solo funcionan en un modelo, IVO puede instalarse en los modelos de todas las marcas. Así, el robot permite convertir cualquier coche en autónomo, de forma que podría utilizarse en los vehículos actuales hasta que los prototipos inteligentes conquisten definitivamente las carreteras.

Un robot al volante

Aunque este piloto robótico no dispone de sentidos ni extremidades como las personas, está equipado para tener todo bajo control cuando conduce. Dispone para ello de una serie de cámaras para detectar objetos y otros dispositivos que le permiten “conectarse” a los pedales y al volante “como si fuera un conductor humano”, afirman los investigadores israelíes.

Una vez capta las imágenes gracias a sus sensores ópticos, el cerebro informático de IVO procesa los datos con algoritmos de visión artificial que identifican posibles obstáculos, como otros coches, árboles y personas.

Claro que, por mucho que sea capaz de esquivar a otros vehículos, este peculiar conductor no tiene la capacidad de elegir el destino, al menos de momento. El humano que lo acompaña como copiloto debe indicarle en Google Maps el lugar exacto al que quiere llegar. Luego puede cruzarse de brazos y apreciar el paisaje mientras su chófer hace todo el trabajo.

Una versión aún por mejorar

A pesar de que el proyecto de estos ingenieros parece prometedor, lo cierto es que todavía les queda mucho camino por recorrer. Por un lado, está el aspecto físico de IVO: el primer prototipo del robot se parece bastante al elemental Johnny 5 de la película ‘Cortocircuito’, aunque con menos cables, eso sí.

Por otro, el peso de la máquina. En la actualidad, sus creadores deben cargar con 15 kilogramos cada vez que quieren transportarla e introducirla en un vehículo. Pero ya trabajan en un nuevo modelo mucho más ligero, porque la idea es que cualquier persona pueda sostenerlo o instalarlo en su coche sin necesidad de tener unos bíceps de acero.

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Su precio también podría ser un factor a mejorar. Aunque, de momento, no está a la venta –de hecho, solo hay un prototipo–, fabricar un conductor robótico ha costado unos 1.600 dólares (alrededor de 1.400 euros). Los investigadores prevén que la cifra disminuiría si IVO llegase a producirse a gran escala, pero, de todas formas, convertir a coches como los de Google o Uber en autónomos sigue saliendo mucho más caro.

Los sentidos de un chófer robótico

En cuanto al interior del robot, donde está lo verdaderamente importante, los expertos trabajan para mejorar los algoritmos de visión artificial. El objetivo es conseguir que sean más precisos y eficientes en la detección de coches y peatones en condiciones de luz variable, altas velocidades y condiciones meteorológicas adversas.

Aunque podría pensarse que la tecnología que incorpora IVO se queda corta comparada con la que utilizan Google, Uber o Tesla en sus coches autónomos, lo cierto es que algunos de los sensores usados por los gigantes han dado bastantes problemas.

Un ejemplo de dispositivo que ha demostrado tener limitaciones es el LIDAR, un tipo de láser para medir distancias que lleva instalado la mayoría de vehículos inteligentes. Durante la celebración del DARPA Urban Challenge en 2007, un concurso cuyos participantes debían fabricar coches autónomos, se observó que estos sensores pueden provocar interferencias cuando hay varios automóviles cerca.

Conductor sin licencia

IVO ya tiene unos sentidos desarrollados y bastante pericia al volante, pero todavía debe pasar varios exámenes y pruebas antes de recibir oficialmente el carné de conducir. De momento, le dejan conducir cochecitos tipo ‘buggy’ –típicos de hoteles y campos de golf–, pero sin salir de los amplios aparcamientos y zonas poco habitadas que rodean la universidad israelí donde ha sido concebido.

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Pero sus creadores también quieren que conozca mundo, así que lo han llevado a China varias veces. Como las normas en el país oriental son más laxas que en Israel, los ingenieros han aprovechado para que este peculiar conductor se dé una vuelta por las calles de algunas de sus ciudades.

Sin embargo, el robot (en cualquiera de sus versiones) todavía tendrá que esperar para visitar Europa o Estados Unidos, donde empresas como Waymo (propiedad de Google) y Uber ya prueban sus coches autónomos. Cuando viaje a estos continentes quizá pueda recoger a algún autoestopista robótico que le acompañe en el trayecto. Seguramente harían buenas migas.

HACE 6 MESES

 

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