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Los móviles van a desaparecer, pero no todavía

El título de cabecera puede parecer contundente, pero es algo que lleva años flotando sobre la cabeza de no pocos fabricantes y productores de telefonía. La desaparicion de los móviles es uno de los 21 retos que propone el Foro Económico Mundial según los principales encuestados.

Si en la actualidad estamos viviendo la eclosión del IoT (Internet de las cosas), el futuro dará un paso hacia los dispositivos conectados a internet… pero conectados a nuestras cabezas. Erik Brynjolfsson, académico y economista, considera que la transformación que estamos viviendo en nuestro entorno gracias a los avances digitales es comparable a lo que la máquina de vapor y sucedáneos hicieron por la fuerza muscular.

¿Cuál será el siguiente paso? Dejar de sacar del bolsillo y desbloquear el smartphone y llevarlo integrado, bien a través de unas gafas, un chip implantado en nuestro oído y retina, o bien a través de redes neuronales conectadas.

Vientos de cambio

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Las Google Glass han pasado a la historia como uno de los grandes fracasos de la industria en general y de Google en particular. De ser esa gran promesa tecnológica de futuro a quedar denostadas por la mayoría de desarrolladores. Pero el empuje en inversión espoleado por marcas como Intel o Nvidia en I+D para lograr nuevos horizontes en VR (Realidad Virtual), Aumentada y Mixta ha propuesto un nuevo escenario: los usuarios ya no tienen miedo a nuevos retos.

De hecho, aunque suene accidentado, las Google Glass fueron actualizadas recientemente, tras más de dos años de silencio. La actualización de firmware XE23 añade soporte para dispositivos Bluetooth junto con una revisión de la app MyGlass, que mejora la gestión energética y presenta un HUD de notificaciones con un estilo similar al de Android Wear.

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¿Se podría meter un teléfono móvil en unas gafas? Por supuesto, pero en la actualidad solo actúan como segundo control. Ejemplos como eMacula han llevado la perspectiva de las ‘Google Glass’, con apenas 15 grados de ángulo de visión, a un campo que supera ampliamente los 50 grados de visión.

Con eMacula podemos consultar la prensa, responder a llamadas, acceder a redes, revisar cualquier perfil y comentar, mantener sincronización directa con nuestros wearables y gestionar los archivos internos del teléfono —para escuchar música o editar una foto, por ejemplo—.

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Además, en apenas cuatro años hemos vivido un cambio de perspectiva, una pequeña revolución social: en 2012 si alguien parpadeaba para echar una foto en mitad de una reunión social seguramente acabaría en la calle. En 2017 no hay calle de ciudad que no cuente con algún joven haciéndose su selfie usando de marco ambiental al resto del mundo.

Necesidades médicas y militares

Los teléfonos son, en según qué situaciones, máquinas aparatosas que pueden dejarnos tirados en el peor momento. DARPA (Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa) puso en marcha su programa para desarrollar una interfaz neuronal para conectar a un ordenador remoto. Aún es pronto para observar avances, pero no estamos ni ante el primer cerebro conectado ni ante el primer sistema con el que gestionar gadgets externos.

La UCLA ya desarrolló un prototipo de chip para interactuar con un ordenador a finales de los 70 —se implantaron 68 electrodos en el córtex visual de un paciente ciego— y en 1998 lograron el primer modelo operativo, en un paciente con síndrome de enclaustramiento, una especie de coma ‘lúcido’. El programa NESD (Sistema de Diseño de Ingeniería Neurológica) asegura que en apenas dos años ya tendremos una red operativa entre un cerebro y un supercomputador.

Elon Musk watches from Mission Control

En el segmento de la cirugía ortopédica se han logrado enormes avances: en 2014 se logró ayudar a una persona paralizada a controlar un brazo robótico. Y voces como Bryan Johnson, CEO y fundador de Kernel, su startup para estudiar los cordones neuronales (‘neural laces’), o el dichoso Elon Musk, padre de Neuralink, quien promete redes neuronales en tiempo récord, están espoleando un nuevo cambio de paradigma. Nada mejor que enfocar un reto con mucho dinero bajo el brazo.

De lo micro a lo nano

Por supuesto, una de las claves nace de la miniaturización, propulsada por la impresión 3D y el diseño digital. No tendremos ningún tipo de teléfono implantado en nuestras cabezas hasta que este escollo se haya vencido. Pero eh, ya existen pequeños bots que analizan en tiempo real los niveles de glucosa en sangre en personas diabéticas.

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La escalabilidad en cores y microchips ha abierto nuevas posibilidades. La experta en electroquímica Ane Altuna, responsable de tecnología en Ikerlan, uno de los centros de I+D más importantes del país, ya ha logrado integrar electrodos al mismo nivel que la superficie del polímero. Estos desarrollos sirvieron para conseguir, mediante un microchip, separar y extraer células tumorales de la sangre. Una a una.

Esto es un paso adelante de aquellos nanobots que ayudaban a espermatozoides a fecundar un óvulo. En medicina, el uso de nanobots aún se reduce a un pequeño radio de acción casi experimental, pero su afluencia es más común que nunca.

Telefonía holográfica

Mucho más cercana nos parece la telefonía holográfica. Investigadores del Human Media Lab de la Universidad de Queen (Canadá) presentaron Holoflex, un teléfono que por fuera parece uno más pero, además de su pantalla flexible, por dentro esconde un proyector holográfico: ni son necesarios proyectores ni requiere que el dispositivo realice un seguimiento del usuario.

Pero con este tipo de tecnología FlexEnable surge un problema: aunque cuenta con un solvente procesador de 1,5 GHz Qualcomm Snapdragon 810 y 2 GB de memoria, suficiente para cualquier smartphone actual, la imagen 3D que renderizan cuenta con una resolución muy pobre, de 160×104 píxeles. Como volver a la prehistoria del móvil. Y es que la holografía requiere millones de cálculos —posicionamiento espacial— por segundo, algo que exigiría procesadores más ágiles.

Tatuajes inteligentes para controlar nuestro tiempo

Y siempre podemos optar por los tatuajes. Ya existen: con solo pegarlos a la piel y aplicar un paño húmedo, ya tendremos un chip adherido para varias semanas. Hay quien controla las luces de su casa y quien descuelga las llamadas.

El Chaotic Moon Studios utiliza una pintura conductora para crear circuitos impresos sobre la piel. Todd Coleman ha reiterado que los tatuajes en medicina son una de las mejores alternativas a las cartillas y wearables: no en vano han sido usados para controlar la tensión arterial de una mamá embarazada. Y la tinta electrónica se ha convertido en un nuevo fenómeno: compañías como Skin Motion tatúan ondas de sonido desde la que puedes escuchar un fragmento musical usando el escáner fotográfico de cualquier smartphone.

En la telefonía móvil, es evidente que el camino a seguir ya ha sido marcado pero aún queda un enorme terreno por andar. Mentes como Jürgen Schmidhuber han cambiado el mundo y el siguiente paso en esta carrera no será fácil, pero seguro será excitante.

HACE 3 AÑOS