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Corren buenos tiempos para los amantes de los 8 bits

El pixel art ha abandonado la fase de moda para convertirse en estilo propio y, unido al revival ochentero abanderado por series como Stranger Things, impulsa una nueva generación de videojuegos que recupera la tradición visual de los clásicos de 8 bits.

Al mismo tiempo, el coleccionismo de máquinas clásicas vive una segunda juventud. Lejos quedaron los tiempos en los que la perfección solo se entendía en términos de suavidad cromática y lineal; los dientes de sierra, los cartuchos y los disquetes vuelven a estar de moda. El píxel es bello. Vivimos una época de vuelta de los 8 bits. Y es que corren buenos tiempos para los amantes de los 8 bits.

La vuelta de los 8 bits: ¿quién dijo que estaba caduco?

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Querer poner fecha al resurgir retro es difícil, puesto que nunca se dejó de crear pixel art y tanto los indies como los aficionados al abandonware han mantenido viva la llama de los clásicos cuando parecía que todo iba a ser filtros antialiasing y modelos de alta poligonación.

Tal vez el gran público empezó a prestarle algo más de atención con la explosión de ‘pequeños’, pero desafiantes, títulos como Super Meat Boy o Fez, que, sin ser totalmente retro, abanderaron el desembarco de una avalancha de juegos visualmente sencillos y definidos por mecánicas de juego bidimensionales.

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Pero la fiebre por los clásicos de los 80 y los 90 va mucho más allá.

Esas viejas cajas beige

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Hablar de amor por los clásicos es hablar de los aficionados que los han mantenido vivos. Antaño reductos efímeros para una selecta minoría, las convenciones de videojuegos retro triufan por toda España con encuentros tan emblemáticos como RetroMadrid. Este festival y otros tantos similares buscan preservar y divulgar el hardware y el software de antaño, manteniendo su legado para las generaciones venideras.

Miles de coleccionistas y curiosos visitan cada año sus talleres, mercadillos y zonas de contacto, donde los asistentes (y cada vez más también sus vástagos) pueden recordar los tiempos en los que eso del plug-and-play sonaba a ciencia ficción.

Encontrar ese cartucho soñado, aprender los secretos técnicos del Amstrad CPC u ojear esas clásicas Micro Manía tamaño periódico no sería posible sin este tipo de eventos que te recuerdan que para comprender el presente primero hay que estudiar el pasado.

Con sello de calidad

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Hablar de la informática clásica es hablar de la edad de oro del software español. La valía de pequeños, pero punteros estudios como Topo Soft, Opera Soft y Dinamic puso a España en lo más alto de la industria informática de los años 80.

Una de las creaciones más recordadas por los aficionados es ‘La Abadía del Crimen‘, una videoaventura lanzada inicialmente en 1987, inspirada por ‘El nombre de la rosa‘, cuyo valor ha sido reconocido por Correos.

La tercera emisión TIC de Correos celebra el 30 aniversario de esta obra de culto con una emisión con tinta termocrómica que permite descubrir las pruebas del juego real deslizando el dedo por encima de los espejos.

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La cuidada atención al detalle de esta tirada de sellos refleja el mimo que en su día pusieron Paco Menéndez y Juan Delcán en su criatura, que ha dado pie a la creación de remakes tan interesantes como la versión Extensum.

Cuando la felicidad se medía en monedas de cinco duros

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Ya casi nada queda de los salones recreativos de antaño. Su desaparición a manos de las videoconsolas modernas es llorada por incontables treintañeros criados al calor del monitor de una máquina de Covielsa o SEGA Sonic.

Sin embargo, aún queda una legión de jugadores dedicados a restaurar los muebles de antaño, ya sea utilizando piezas originales y reproducciones o componentes de nueva factura.

Un ejemplo clásico de fabricante que no olvida sus orígenes es Industrias Lorenzo. Si bien esta firma catalana centra su actividad en otras industrias, la compañía todavía fabrica los joysticks que en su día montaron incontables máquinas recreativas de todo el mundo.

Esta labor de conservación y reconstrucción cuenta, además, con la ayuda de recursos inestimables como Recreativas.org, que mantiene un vasto registro de máquinas y juegos arcade Made in Spain.

Máquinas en peligro de extinción

Pero si recuperar hardware puede ser complicado, evitar la desaparición del software que hizo grandes a los ordenadores y consolas de épocas pasadas lo es aún más.

Disquetes y cartuchos terminarán inutilizándose con el paso del tiempo, lo que hace necesario almacenar juegos y programas antiguos en soportes modernos que garanticen su conservación. Esta es la meta de iniciativas como Commodore 4Ever, que mantiene viva la esencia de los ordenadores de Commodore a través de demos, artículos digitalizados y todo tipo de contenidos relacionados.

La labor de Commodore 4Ever tiene réplica en todo tipo de máquinas. Otra asociación digna de ser mencionada es el Atari Preservation Collective, que trata de conservar para la posteridad todo el software desarrollado para las máquinas Atari de 8 bits, así como su documentación y el correspondiente hardware. Una labor que nunca podrá ser lo suficientemente recompensada por los aficionados.

Viejas consolas de nueva generación

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La furia ochobitera es incontenible. La magnitud de la pasión desatada en torno a las consolas clásicas no escapa al ojo de Nintendo, que ha querido explotarla con el lanzamiento de la Classic Mini, una miniconsola repleta de clásicos emulados cuyas existencias volaron tan pronto como salieron a la venta.

Su continuación llega ahora de la mano de una Super NES de pitiminí con 21 juegos preinstalados (incluyendo el nonato Star Fox 2) que saldrá a la venta en Europa el 29 de septiembre. Que la SNES fuera uno de los iconos de la generación de los 16 bits es casi lo de menos para los fans de lo retro.

El éxito de la Classic Mini ha sido tan grande que sin duda Nintendo debe estar planteándose el lanzamiento de una continuación. Mientras tanto, la renacida Atari quiere aprovechar rebufo de Nintendo con la ya anunciada Ataribox, algún tipo de máquina con entrañas de ordenador del que apenas hay información más allá de un nada descriptivo vídeo.

¿Son estas auténticas consolas de 8 bits? No. ¿Importa acaso? Los entusiasmados propietarios de una Classic Mini ya han hecho oír su opinión.

Los 8 bits también se escuchan

¿Quién dijo que esto de los 8 bits era solo una moda de comprender los gráficos? Nada más lejos de la realidad. Los videojuegos clásicos no hubieran permanecido grabados a fuego en las mentes de millones de viciados de no ser por unas bandas sonoras simples, pegadizas y contundentes.

En este aspecto, numerosas bandas tratan de rendir homenaje al hardware y los sonidos de épocas pasadas. Este género llamado chiptunes tiene por estrellas a grupos como Anamanaguchi, caracterizado por la furiosa rapidez y calidad técnica de sus temas, así como a los mucho más melódicos I Fight Dragons.

Los suecos de Machinae Supremacy, por su parte, abogan por un heavy metal puntuado por toques electrónicos, mientras que 8 Bit Weapon es una deliciosa oda al Commodore 64 y sus no del todo conocidas prestaciones sonoras.

Cabe señalar también la inestimable contribución de los españoles 3 Bit Band, cuyas cautivadoras interpretaciones de temas clásicos con instrumentos reales amenizan ferias y salas de conciertos de todo el país.

Más allá de los 8 bits

El amor por lo retro no solo ha traído ediciones filatélicas para coleccionistas o una redescubierta pasión por los juegos en cartucho. También ha inspirado a un buen número de programadores para crear pequeñas maravillas dignas de un lanzamiento en disquete o cartucho.

La plataforma de financiación Kickstarter ha sido el lugar donde se han engendrado algunos juegos que, sin ser técnicamente de estilo 8 bits, mantienen la esencia de la época.

Un ejemplo destacado es sin duda alguna Thimbleweed Park, una aventura gráfica creada por Ron Gilbert y Gary Winnick, responsables de leyendas como Maniac Mansion y The Secret of Monkey Island. Un asesinato en un pueblecito perdido en mitad de la nada pone en marcha los engranajes de un misterio que deberá ser resuelto a través de la interacción con sus cinco personajes jugables.

Su desarrollo, entorno visual y hasta los insultos proferidos por el grosero payaso Ransome harán que los más viejos derramen una lagrimita pensando en la época dorada de LucasArts.

Narita Boy todavía se encuentra en fase de desarrollo y ya tiene un seguimiento importante. Este juego desarrollado por el barcelonés Studio Koba nos pone en el papel de un héroe de leyenda que deberá navegar entre múltiples dimensiones para salvar al Reino Digital.

Inspirado en idéntica medida por Hora de aventuras y Another World, las influencias de este juego financiado en Kickstarter despertarán una sonrisa a cualquier hijo de los 80.

La cantidad de juegos de aspecto retro que han ido apareciendo durante los últimos años es demasiado grande como para enumerarla. No obstante, esta breve reseña no estaría completa sin la presencia de Blasphemous, un título macabro y tenebroso que destaca por la inmensa calidad de su pixel art y una banda sonora muy metalera.

Blasphemous no estará disponible hasta 2019, pero su campaña en Kickstarter ha sido un éxito rotundo y viene avalado por los creadores de The Last Door, una minimalista pero muy efectiva aventura gráfica de misterio que cosechó excelentes críticas.

Es un gran momento para los nostálgicos

A estas alturas es ya innegable que lo retro está de moda. Los videojuegos con mecánicas clásicas y gráficos pixelizados han vuelto como los vaqueros de cintura alta y las gafas de concha.

Desde el pixel art a las chiptunes, pasando por el renacido amor por las aventuras clásicas convencionales, desarrolladores y jugadores disfrutan de una nueva edad dorada de los videojuegos marcada por las consolas y los ordenadores de 8 bits.

¿Será cierto eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor? Es posible que muchos nostálgicos no lo tengan claro.

HACE 2 AÑOS