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Queda mucho para que tengamos sexo con robots (y más aún para que nos enamoremos)

Un ‘modelo básico de placer’. Así definen en Blade Runner’ a la replicante Pris (Daryl Hannah), uno de los primeros robots sexuales que conocimos en la gran pantalla. Eso sí, no ha sido la única. Las rubias bailarinas robóticas de Austin Powers (capaces incluso de disparar con sus pechos) o la bella e inquietante inteligencia artificial que protagoniza Ex Machina son otras ginoides del cine capacitadas para la seducción.

Pero sin duda ha sido ‘Westworld’, la exitosa serie de HBO, la que ha representado más explícitamente el sexo con robots. Una orgía con autómatas, sometidos a los humanos, se ha convertido en una de las escenas más polémicas de la primera temporada.

Fuera de la ficción, ¿cómo son los robots sexuales en la actualidad? ¿Existen también autómatas masculinos con cierto ‘sex appeal’? ¿Llegarán las máquinas a ser buenas amantes? Más allá de pasar un buen rato con ellos, ¿podremos tener un flechazo con un robot?

Ya hay quien está trabajando para que que los humanoides, además de dar el callo en las fábricas, realizar labores de vigilancia o ayudarnos con las tareas domésticas, sean capaces de conquistarnos. Lo analizamos.

Muñecas hinchables robotizadas

Llenas de curvas, con caras maquilladas y de tamaño humano. Así son las robots sexuales (la mayoría tienen aspecto de mujer) que ya podemos encontrar en el mercado. Semejantes a muñecas hinchables, algunas de ellas están dotadas de cierta inteligencia artificial para satisfacer mejor a sus propietarios.

La primera que llegó al mercado fue Roxxxy, una exuberante autómata de la empresa True Companion que comenzó a venderse en 2010. El último modelo, Roxxxy Gold, cuesta 9.000 dólares (unos 8.000 euros) y está dotado de una rudimentaria inteligencia emocional. Por ejemplo, responde a ciertos deseos de sus dueños, habla varios idiomas e, incluso, puede tener diferentes personalidades.

roxxxy

Sin embargo, Roxxxy es, en realidad, más similar a una Barbie gigante que a un autómata sexual que pueda hacerse pasar por un humano. Por el momento, carece de capacidad para mantener una conversación medianamente inteligente y, por desgracia para sus dueños, no puede moverse.

Un robot cada vez más inteligente

True Companion no es la única empresa que está desarrollando robots sexuales. RealDoll, otra compañía estadounidense, está creando autómatas bastante más avanzados y realistas que saldrán al mercado a finales de año. Su creador, el artista Matt McMullen, lleva tiempo trabajando en unas cabezas robóticas controladas desde el smartphone.

El usuario podrá programar gracias a ello la personalidad de la cabeza, que es capaz de expresarse con diferentes gestos gracias a su rostro de silicona.

Obviamente, la cara no lo es todo: por separado, RealDoll venderá unos cuerpos para que el usuario -que podrá personalizar, por ejemplo, la forma de los pezones- pueda interactuar con su peculiar juguete. Incluso la compañía piensa lanzar una plataforma de realidad virtual el año que viene.

realdoll

Pero no solo hay muñecas con cierta inteligencia al otro lado del charco. El investigador catalán Sergi Santos ha creado a Samantha, una inquietante muñeca sexual que responde de diferente forma a los estímulos (puede excitarse cuando la acarician) y es capaz de llegar al orgasmo gracias a sus algoritmos. Eso sí, a Santos, sus propias colegas de profesión le han advertido que Samantha no tiene ‘ningún impacto científico’.

¿Sexo con robots en 2050?

Como hemos podido comprobar, aunque las muñecas hinchables se han modernizado, aún queda tiempo para que se comporten en la cama igual que un humano. Es más, en la actualidad apenas hay opciones para los que deseen comprarse un muñeco robótico masculino.

Con excepción de un modelo de True Companion, los prototipos actuales no dejan de ser representaciones muy sexualizadas del género femenino.

De hecho, algunos investigadores se han posicionado en contra de los robots sexuales al considerar que convierten a las mujeres en meros objetos.

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De un modo u otro, lo cierto es que algunos expertos sí han vaticinado que llegaremos a tenerlas en un futuro. El mismísimo Elon Musk, CEO de Tesla (y curiosamente, ex-marido de una de las robots sexuales que aparecen en ‘Westworld’), ha calificado de ‘bastante probable’ que podamos disfrutar de estos robots el día de mañana.

Por su parte, David Levy, experto en inteligencia artificial y autor de ‘Amor y sexo con robots’, ha puesto incluso fecha al momento en el que los autómatas serán buenos amantes. A su juicio, en 2050 habrá máquinas sexuales ‘muy realistas y las relaciones con ellas serán tan normales como el ‘amor entre humanos’.

Sergi Santos, el creador de Samantha, ha señalado que su objetivo no es solo que los humanos copulen con su obra, sino que se enamoren de ella. Pero ¿se les da bien a los robots el ligoteo?

Aunque hay multitud de investigadores dedicados al campo de la llamada computación efectiva, lo cierto es que coquetear no es tan sencillo: hay que saber gastar bromas, expresar emociones o entender los dobles sentidos de las frases. Sin embargo, estos no son precisamente los fuertes de los robots. Aunque Cortana o Siri cuentan algunos chistes programados, a las máquinas todavía les falta sentido del humor.

El arte de flirtear, cosa de humanos

Que respondan adecuadamente a los gestos típicos del arte del flirteo tampoco es sencillo. Para conseguirlo, deberían integrar complejos algoritmos de visión artificial y ‘deep learning’, con el fin de analizar las expresiones de su interlocutor y poder responder con gestos complejos, en lugar de limitarse a tener una personalidad definida como Roxxxy.

Además, aunque los algoritmos ya saben escribir poesías, aún les falta conocimiento del mundo real, de la cultura y de las normas sociales.

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Así que aunque Maeve, la inteligente prostituta de ‘Westworld’, sea capaz de conquistar al espectador con sus gestos, su sensual tono de voz o su forma de moverse, lo cierto es que los robots del 2017 aún tienen que aprender a ligar.

En caso de que en un futuro llegaran a adquirir todas esas capacidades, cabe plantearse si será posible, no solo que se conviertan en un objeto de deseo, sino que lleguemos a sentir amor hacia los robots. Y si ese porvenir se convierte en realidad, parece claro que seremos los humanos los que perdamos la partida. Las máquinas carecen de sentimientos para correspondernos.

Por el momento, que no cunda el pánico. Según el mayor experto en la materia, aún quedan treinta años para que el sexo con robots sea tan satisfactorio como las relaciones con alguien de carne y hueso. Las escenas de cama con autómatas que podrían hacerse pasar por humanos siguen siendo cosa de ciencia ficción.

HACE 2 AÑOS