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El beso más famoso de la fotografía fue un montaje

El beso por antonomasia. Una de las imágenes más icónicas del amor pasional y eterno. Un joven rodea a su novia con el brazo y la besa acaloradamente ante el Ayuntamiento de París. El mundo parece detenerse a su alrededor. Por casualidad, el famoso fotógrafo Robert Doisneau (1912-1994) presencia la escena y la inmortaliza para la eternidad con su cámara. ‘El beso frente al Hotel de Ville’ pasa a ser una de la fotos más reproducidas del siglo XX y arquetipo de la fotografía tomada ‘al natural’. Sin embargo, años después, poco antes de la muerte de su autor, la verdad sale a la luz: la escena jamás fue real, sino un montaje orquestado por el propio fotógrafo.

‘El beso frente al Hotel de Ville’: la mentira tras la foto ‘al natural’

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Así es. ‘El beso frente al Hotel de Ville’, tomada en 1950 y publicada por primera vez en la revista Life, fue, en realidad, un montaje. Un engaño que su autor no quería revelar, pero que, poco antes de morir, se vio forzado a revelar.

Y es que cuando Françoise Delbart, la chica de la imagen, le reclamó los derechos de imagen, el autor tuvo que admitir que había contratado a esta pareja de la Escuela de Comediantes -que sí eran novios en realidad- para realizar la toma y que, en su momento, ya les había pagado regalándoles una copia de la foto. En 2005, la mujer vendería la imagen por 200 mil dólares.

Françoise Delbart
Françoise Delbart

Pero este escándalo minó la credibilidad del fotógrafo, quien, de repente, vio como toda su obra se ponía en entredicho, cuestionándose la credibilidad -o no- de las imágenes que decían representar la vida ‘al natural’. Su hija y asistente, Anette, afirma: ‘Aquel juicio sórdido le machacó. Además, nunca le gustó demasiado esa fotografía‘. Un año después del escándalo, el fotógrafo moría. Tenía 81 años.

Robert Doisneau, el fotógrafo del París de posguerra

Pero Robert Doisneau fue mucho más que el autor de una de las fotos más famosas de la historia. Y es que su cámara retrató como nadie la instrahistoria del París de posguerra. Él mismo definía sus fotos como ‘los gestos corrientes de gente corriente en situaciones corrientes‘. De esta serie son la mayoría de sus imágenes, como la de la novia en un balancín, de 1946.

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Sus fotos también retrataron escuelas, calles adoquinadas, teatros y la noche parisina. Pero también la picardía de la época, como su imagen ‘La mirada oblicua’, en la que un hombre mira disimuladamente el desnudo de un escaparate sin que su mujer se percate.

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La mirada oblicua
La mirada oblicua

HACE 2 AÑOS