REVIEWS

Por qué los fabricantes ya no quieren reparar nuestros viejos equipos

A finales del pasado mes una noticia corrió como la pólvora entre las principales páginas especializadas en tecnología: desde iFixit concedían un cero absoluto a la capacidad de reparación del nuevo Surface de Microsoft. Es decir, el equipo es absolutamente imposible de reparar sin destruir algún elemento o componente interno. Algunas piezas podían sustituirse, otras quedaban irreparables.

Este no es un caso único en el mundo, pero sí destaca frente a un escenario donde las principales marcas empiezan a apostar por el reciclaje de componentes en pos de un menor impacto medioambiental. ¿Por qué este flamante convertible apostaba por la obsolescencia de forma tajante, por esa exclusividad tan peligrosa?

Nuestra huella en el mundo

residuo

Generamos más de 50 millones de toneladas en residuos electrónicos cada año. Y parte de esta basura es inaprovechable, bien por sus componentes químicos, bien por su deterioro tras someterlo a temperaturas elevadas.

Usualmente, fabricar un PC genera un gasto energético similar al que necesitará a lo largo de toda su vida útil.

Desde 2007 se han fabricado 7.100 millones de smartphones y solo se ha reciclado un 15% de los residuos generados. En los últimos 10 años se han usado 968 TWh (teravatios-hora) en la producción de móviles, el equivalente al gasto energético de España durante los últimos tres años.

Por suerte, ya no usamos plomo ni mercurio, pero los componentes electrónicos siguen apostando por metales pesados, por níquel y aluminio, cadmio y silicio, CFC, pirorretardantes bromados y termoplásticos altamente contaminantes.

El fósforo de una TV puede contaminar hasta 80.000 litros de agua; una nevera genera a lo largo de su vida aproximadamente la mitad de gases invernaderos que un vehículo comercial.

¿Contamos con leyes de reciclaje? Por supuesto. Pero en un país como España, donde el volumen de chatarra electrónica aumenta a un ritmo del 20% cada año, donde cada español —según Eurostat— genera casi 20 kg anuales de deshechos electrónicos, todas las medidas son pocas. Y ya no sirve con vender nuestro desperdicio a países que quieran sacar algún provecho: es necesario reciclarlo.

microsoft-surface-pro-2017

Vendiendo como nuevo

Ante esto, las principales marcas se han propuesto reciclar componentes en sus procesos de fabricación. Samsung anunció que recuperaría 157 toneladas de oro, plata, cobalto, cobre y otros metales de los millones de móviles retirados tras detectar los fallos de fabricación en la serie Note 7.

De este proceso han nacido, en una primera ronda de producción 400.000 Galaxy Note FE con componentes reutilizados, entre ellos chips de memoria y lentes de cámaras.

Tras su malos resultados en materia de reciclaje con S7, este se antoja un buen golpe de efecto y una iniciativa que podría incentivar a otros fabricantes.

Apple también quiere hacer lo propio. Tras publicar su habitual Informe sobre Responsabilidad Medioambiental y mantener sus compromisos a medio plazo, cientos de robots como el del vídeo, llamados LIAM, serán los responsables de desensamblar cada pieza de los viejos iPhones y reutilizarlos para los futuros gadgets de la marca.

Junto a sus programas de reciclaje y su nueva sede funcionando 100% con energía renovable, Apple aspira a un futuro más limpio donde, según ha asegurado, abastecerá la nueva demanda sólo a través de productos anteriores.

Incluso sobre Nintendo se ha venido especulando que su Classic Mini NES se montaba aprovechando componentes antiguos de sus otras consolas —en el caso de la memoria RAM SKHynix de 256MB y su PMU—, que no dejaba de ser un emulador basado en Linux ejecutando juegos bajo una placa de diseño similar a una Raspberry Pi.

Y fabricando, que es gerundio

reciclando más

Esta es una de las razones por la que los fabricantes cada vez, con mayor frecuencia, optan por enviar un nuevo modelo antes que reparar uno viejo. La tendencia es clara: aprovechar para fabricar nuevos productos antes que reparar los viejos —porque reparar en garantía no genera ningún tipo de beneficio—. Suena frívolo, pero genera una imagen de mejor servicio postventa a la vez que proporciona un mayor control de stock.

Otra de las fórmulas comunes en los SAT (servicios de atención técnica), para evitar dilatar el proceso más de la cuenta, consiste en entregar otro modelo, previamente reparado, mientras que el modelo asociado al cliente queda almacenado, donde después será reparado en laboratorio y testado.

Volviendo al principio, Greenpeace, en colaboración con iFixit, publicó una petición en la que se solicitaba mayor cooperación por parte de las marcas para evitar la obsolescencia intencionada: hemos generado 9.100 millones de toneladas métricas de plástico a lo largo de nuestra existencia. De estos, 8.200 millones métricos han sido producidos desde 1950. ¿Y cuánto hemos reciclado? Apenas un 9%. Un 12% terminó deshecho en incineradoras y el 79% restante se ha ido amontonando en el medio ambiente. Un ejemplo de la urgente necesidad que tenemos por reciclar.

Ahora se recicla más que antes

reciclar

Hay lugar para la esperanza. Según un nuevo informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), se recicla un 11% más que hace una década, indistintamente del sector y el material. Austria, Alemania y Bélgica incluso superan el 60% de tasa de reciclado. Lo importante es que, indistintamente de la vía, se lleven las reparaciones que eviten tanto residuo doméstico.

Gracias a estos procesos podremos seguir innovando sin sacrificar nuestro bienestar. Ejemplos como el de Lenovo —en el que han logrado reducir la temperatura en la fabricación de placas base, lo que redunda en generar menos CO2 y gastar menos agua— son determinantes para encarar nuestro futuro tecnológico.

HACE 2 AÑOS