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Los Beethoven y Picasso de los robots, ¿tendrán derechos de autor?

Pintores como Claude Monet y Pablo Picasso han marcado el mundo del arte. Inventaron estilos y forjaron movimientos como el impresionismo o el expresionismo abstracto, respectivamente. Pero puede que el arte del futuro tenga otros protagonistas muy distintos: los robots. Más allá de la calidad de sus obras, la creatividad de las máquinas ya plantea nuevos retos en el terreno de los derechos de autor. ¿Puede tener un robot la propiedad intelectual de un cuadro, una canción o un poema? Los sistemas de inteligencia artificial (IA) se utilizan ya para crear obras en campos como la música, el periodismo o los videojuegos. En teoría, estos trabajos podrían ser considerados libres de ‘copyright’, porque no han sido concebidos por un humano. Bajo estos términos legales, sus creaciones podrían ser usadas y mostradas libre y gratuitamente.

Aunque en principio parece positiva, esta situación no resulta demasiado ventajosa para quienes han desarrollado los programas. Una empresa puede gastar millones de euros en un sistema capaz de generar música para videojuegos y no ver ni un solo euro cuando otros utilicen sus canciones.

A diferencia de lo que ocurría con las obras producidas informáticamente hace unos años, las tecnologías de ‘machine learning’ actuales generan trabajos verdaderamente creativos y artísticos. No necesitan la intervención humana y no pueden considerarse meras herramientas. Es cierto que las personas desarrollan los algoritmos, pero el resultado es obra de la máquina.

Pintores sin brocha

Un ejemplo de que ya existen auténticos virtuosos de silicio es el caso de un pintor creado en el Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad de Rutgers al que no hacen falta lienzos ni caballetes. En realidad, es un sistema de inteligencia artificial, que genera imágenes artísticas, que no encajan en ninguno de los estilos pictóricos existentes.

Detrás de esta peculiar tecnología están también el Laboratorio de Inteligencia Artificial de Facebook, en California, y distintos historiadores de arte del College of Charleston, en Carolina del Sur. El equipo ha modificado un algoritmo conocido como ‘red generativa antagonista’, integrado por dos redes neuronales, que trabajan juntas para generar resultados consecutivos cada vez mejores.

pinturas

En el caso de este artista de silicio, el par está formado por una red neuronal, que crea imágenes, y otra entrenada con 81.500 pinturas para asegurarse de que el resultado es un cuadro –y no una foto, por ejemplo– con un estilo completamente nuevo.

A los voluntarios que pudieron juzgar los cuadros una vez terminados les gustaron más que otros creados por humanos.

El debate sobre los derechos de autor

Si te preguntas a quién pertenecen entonces los derechos de autor de las fantásticas obras de este genial algoritmo, la respuesta es que, en realidad, no hay respuesta todavía.

En Estados Unidos, donde se ha desarrollado, aún están debatiendo sobre si los trabajos generados por un ordenador deberían estar protegidos por ‘copyright’. Y la cosa va para largo, porque la cuestión tiene muchos detractores.

No obstante, el marco legal varía entre los países. Por ejemplo, si el pintor artificial hubiera nacido en Reino Unido, Irlanda o Nueva Zelanda, los derechos de autor sobre sus obras pertenecerían a ‘la persona que ha emprendido las disposiciones necesarias para la creación del trabajo‘. Claro que decidir quién es el responsable ya sería tarea de los investigadores.

Que cada país ponga sus propias normas se debe a que el supuesto no está contemplado en ningún tratado internacional a día de hoy. Aunque, en realidad, podrían aplicarse las medidas que se usan en otros casos: las empresas son consideradas entidades jurídicas, por lo que podrían quedarse con los derechos de los trabajos generados por sus algoritmos.

Poetas de silicio

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Oriunda de China, la diseñadora china Yuxi Liu se mudó a Edimburgo hace unos años. El último trabajo de la joven, especializada en dar a sus proyectos tecnológicos un toque social, se titula ‘Poeta en la orilla’. Lejos de haber pagado unas vacaciones en la playa a ningún literato, Liu ha creado un robot inteligente capaz de componer poemas.

La entrañable máquina, equipada con unas ruedecillas, es capaz de pasear sobre la arena, escuchando los sonidos del mar y percibiendo otros estímulos gracias a sus sensores. Así es como obtiene la inspiración para sus versos, cuyos derechos de autor pertenecen a la propia diseñadora.

Pero si Liu hubiera elegido otro destino, como Madrid o Berlín, no sabría muy bien a qué atenerse. Ni España ni Alemania tienen una legislación específica sobre la materia, aunque sus normas sobre propiedad intelectual establecen que solo los trabajos creados por un humano pueden protegerse con ‘copyright’.

Melodías en clave robótica

¿Y qué hay de los músicos de silicio? ¿Puede cualquier humano interpretar sus temas? Quizá en el Instituto Tecnológico de Georgia se hayan planteado estas preguntas después de haber desarrollado un robot que sabe tocar la marimba, un instrumento de percusión similar al xilófono, y componer canciones.

La curiosa máquina, bautizada Shimon, tiene cuatro brazos y ocho batutas.

Además, obtiene su capacidad creativa de redes neuronales de inteligencia artificial y una base de datos con 5.000 piezas musicales en las que se fija (pero sin copiarlas, claro).

Según sus creadores, Shimon es el primer robot capaz de componer su propia música utilizando redes neuronales.

Pero, en base a algunas disposiciones del Tribunal Europeo de Justicia, este artista artificial no tendría los derechos de autor sobre sus canciones. Cualquier obra debe mostrar la personalidad de su autor, lo que implica que este debe ser ‘humano’.

Mientras tanto, en Australia son aún más estrictos. Allí, los jueces de un caso han dictaminado que un trabajo artístico generado con la intervención de un ordenador no puede protegerse con ‘copyright’, porque no ha sido producido por una persona.

¿Qué pasará en el futuro?

En el futuro, sin embargo, las autoridades nacionales e internacionales tendrán que establecer marcos legales más concretos y decidir el carácter legal que otorgan a las obras creadas informáticamente. A medida que las herramientas de inteligencia artificial ganan en sofisticación, cada vez son más los artistas que las utilizan en su labor creativa.

Parece bastante probable que los países con normas más restrictivas acaben por seguir el ejemplo de los territorios que, al menos, otorgan los derechos de propiedad intelectual a la persona o empresa detrás de los algoritmos. Porque no está tan lejos el día en que un robot componga la canción del verano o escriba el ‘best seller’ de la temporada.

HACE 4 MESES

 

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1 comentario

    Que pasada de verdad. Soy una apasionada del mundo de la robótica, electrónica y arduino y cualquier tipo de avance o novedad que lancen me quedo embobada. Es una auténtica maravilla los avances que están haciendo en este campo ya no solo a nivel médico o industrial sino que ahora también a nivel artístico. Impresionante!