“El Hobbit 3: La batalla de los cinco ejércitos”: completa la trilogía en casa

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El 21 de Abril es la fecha elegida para dejar de depilarse los pies, poner las orejas de punta y hacernos la permanente (¿era eso lo de los rizos, no?). Todo para recibir como se merece la salida al mercado de la última película de ‘El Hobbit’, que cierra la trilogía. Desglosamos contenido, formato y ediciones con información de primera mano y todo aquí, sin tener que salir de la ‘CoMarkta’, de la Tierra ‘Media’.

 

La involución de una trilogía ¿necesaria?

Queridos niños, arrimaos más al fuego que el abuelo ha comenzado a contar su historia…

 

Habían pasado nueve años desde que se desmontaran los decorados que convirtieron a Nueva Zelanda en la Tierra Media, con resultados en general bastante satisfactorios.

La comunidad del anillo’, posiblemente la mejor de la saga, nos maravilló a todos por su gusto y acierto en la adaptación. Primero porque la había llevado a cabo ‘uno de los nuestros’: un freak, un devoto del universo Tolkien. Y segundo porque había extirpado con cuidado y respeto ciertos infantilismos y tonadillas varias de los libros, lo que sentó muy bien al conjunto y le dio empaque en su traslado a pantalla.

Las dos torres nos dejó de piedra con su batalla en el Abismo de Helm. Efectos, sí, pero al servicio de la acción y la intensidad, no como un fin en sí mismo. Todavía existían por entonces el esfuerzo en maquillaje y vestuario que dotaba de cierta ‘credibilidad’ al ejercicio visual.

El retorno del rey’, sin embargo, nos sorprendió a muchos con ciertos feos detalles en la trama; detalles que impedían su disfrute y que hacían que uno corriese a casa en busca del libro para ver su grado de fidelidad (que tras interminable batalla lleguen los espectros en forma de mucosidad ascendente y terminen el asunto en segundos es demasiado ‘fantasma’; el desplome del malo malísimo es pobre; cancioncitas mal metidas; el discurso a las puertas de Mordor es una broma-están todos a sus cosas-, etc.). Detalles que si uno se esfuerza por abstenerse, si hace acto de fe, puede dar por válidos y hacer como que aquí no ha pasado nada. A rey muerto rey puesto.

Tras años de recaudación, merchandising y fenómeno de masas hete aquí que debió celebrarse un concilio tipo “Rivendell”. Estaban las razas de los productores, de los distribuidores, de los ejecutivos… y sobre la mesa: la novela/cuento de ‘El Hobbit’ y qué hacer con su adaptación. Todos miraron a Peter Jackson “Bolsón” (al final y después también de mucha discusión) y decidieron que… lo tirara todo al Monte del Destino.

 

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“EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO”

Inesperadamente largo. El Señor de los anillos daba efectivamente para tres películas, para hacerlas extendidas (¿existía ese concepto antes de la saga? No lo parece) y para más incluso porque había material de fondo. El Hobbit, según ediciones, rondaba y ronda las 300 páginas, con la idea primigenia además de ser un cuento para niños…

Todas las razas miraron a Peter Bolsón y le explicaron que tendría que hacer con el libro un trayecto forzosamente estirado, por momentos interminable y a veces muy penoso… para los fans.

Eso no era todo. Una gran compañía del anillo había comprado los estudios New Line Cinema y comenzaban a notarse sus condiciones: más madera para todos los públicos no tan fieles, es decir, alargar la trama con acción deslavazada. Efectos a mansalva hasta que no se distinga si estamos viendo una película o el tráiler de un videojuego…, y de ps2.

Y muy importante –dijeron-: que no se nos pierda nadie por el camino; hay que dejar miles de señales que recuerden a ESDLA, cuando no copias de secuencias directamente (la polilla, mariposa o lo que sea llamando a las Águilas no es del Hobbit, entre muchos otros detalles). Mejor lo dejamos como una precuela, como una ‘Amenaza fantasma’. Todo muy masticadito y nada de cambiar el tono épico y solemne por uno más ligero para intentar ser fieles al libro.

En definitiva, ¿Iban los codiciosos enanos de Erebor a perder oportunidad de negocio? Ni hablar. ‘Cuenta con mi hacha’ le dijeron…

Pese a todo fue un placer volver a la Tierra Media, regresar a Hobbiton, las reuniones hogareñas, la estética celta, la aventura. Parecía que se había vuelto a lograr pero, cuando comenzaron las batallitas y las correrías interminables saltando obstáculos a lo Donkey Kong para salir de la ciudad de los Trasgos, todos comenzamos a sospechar que un mal estaba haciéndose fuerte en el este…

 

“EL HOBBIT: LA DESOLACIÓN DE SMAUG”

La cosa comienza a írsele de las manos a la compañía. Los efectos cada vez son más burdos y desconectan al espectador de la historia. La profundidad de los personajes se limita a colorearles las barbas en tonos diferentes. Estamos justo a las puertas de Mordor.

Las licencias respecto al libro ya no son tomadas, sino asaltadas directamente. Pero lo malo no es que se inventen persecuciones de orcos (el tal Azog además ocupa el papel que debería hacer su hijo según el libro. No había tiempo para explicar su muerte y posterior venganza) para darle mayor ‘ritmo cinematográfico’ (qué concepto tan dañino); ni las reapariciones de personajes como Legolas (no salía en este libro pero lo que no querían es que saliese de las carpetas de los adolescentes) o el insertar personajes femeninos para abarcar más público (justificándose en una compensación al supuesto machismo protagonista del libro original).

Lo peor realmente fue que los efectos se desmadrasen sin sentido y se viera al público en las butacas moviendo los pulgares por inercia sin saber si dar ‘al X o al Y’ para hacer todos los combos que están viendo. Lo peor también fue ver al mencionado personaje gratuito de Turiel, supuestamente aguerrida guerrera, siendo sometido a un romance penoso que tendría su culmen en la tercera parte de la saga.

Personajes saga 'El Hobbit'

 

“EL HOBBIT: LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS”

Se confirmaba la peor de las sospechas sobre la tendencia de la trilogía y todo culmina atravesando un ‘Mordor de guión’ y deambulando por una senda penosa y muy pesada. Uno de los personajes fantásticos clave, que debía haber sido casi el eje de toda la historia y haberse profundizado mucho más en sus diálogos, es liquidado en los primeros diez minutos para dar paso a un sinsentido de batallas donde se cae, como moscas, en un aquelarre descontrolado de efectos especiales. Cuando uno sale de la sala recordando apenas un par de escenas de todo el enorme metraje es que algo falla.

Los personajes principales se van diluyendo hasta el olvido y, eso sí, si en su momento hubo quejas por ver a Legolas surfeando en Helm, aquí que vuela, pues a la cazuela.

Los golpes de humor se quedan en golpes a secas; aparecen manidos rescates del papá para con sus hijitos (que no falte) y el romance interracial llega a su culminación, y no de lo que pueda malpensarse, sino al clímax del ridículo y el sonrojo.

Al libro original le pusieron el anillo único para que desapareciese y la escasa historia dícese justificada en los apéndices del Legendarium y relatos inéditos de Tolkien. El caso es que, tras cierta vacilación, cae toda la historia al fondo del monte con Peter Jackson detrás gritando apenado por ‘su tesoro’.

Efectos especiales en la saga de 'El Hobbit'

 

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