Instalar aire acondicionado en la cocina: ¿recomendable o inútil?

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Que la tecnología es una caja de sorpresas y que los usos de los aparatos van modificándose y adaptándose a las necesidades del consumidor, es una realidad que a muchos nos deja aún perplejos. Ahora se cocina con el lavavajillas, se hacen pasteles en el microondas, se liga con el móvil y se compran billetes de avión con el ordenador.

Los electrodomésticos cobran vida para demostrarnos que les va la marcha, y para recordarnos que debemos plantearnos constantemente el lugar que ocupan en nuestras vidas y proporcionarles nuevas e intensas emociones. A mí me lo reprochaba el otro día mi aire acondicionado, mientras me pedía a gritos un hermanito en la cocina. Me dio estos 7 motivos, muy sabios, pero dice que hay más.

 

1- PASAS MUCHO RATO EN LA COCINA

Vamos primero por las obviedades. Pasas mucho rato en la cocina. En ella preparas cenas, desayunos, comidas, meriendas, tentempiés, pícnics y lo que se tercie. Si tienes hijos pequeños, las crêpes jamás llegan a tiempo a la mesa, ya que esos diminutos seres humanos que huyen como de la pólvora cada vez que atisban un plato de verdura se instalan a tu lado en la cocina para dar cuenta de las crêpes a una velocidad de vértigo a medida que van saliendo de la sartén. Si encima tienes un pequeño espacio en el que comer y alguna de las comidas del día la haces en él, ya tienes la respuesta: no se trata de morir de calor.
cocinar

 

2- ES EL LUGAR MÁS CÁLIDO DE LA CASA

En pleno verano, no hay nada peor que encender vitrocerámicas, hornos o fogones, que intentar cocinar un brócoli al vapor para añadir a una ensaladita refrescante, incluso calentar la leche del desayuno es un infierno. El aire acondicionado nos librará de todas estas calamidades veraniegas que lo único que consiguen es que acabemos de cocinar nuestra lasaña con la sensación de estar recién llegados de una expedición por el Sáhara. Las fuentes de calor son tantas y tan diversas en la cocina que conviene combatirlas con un flamante aparatazo de aire acondicionado.

 

3- LARGA VIDA EN LA COCINA

Al contrario de lo que muchos creen, la vida del aire acondicionado no es más corta en la cocina. Simplemente tendremos que tener especial cuidado en la limpieza de sus filtros, que probablemente se ensuciarán más en este espacio, pero ya está. Incorpora este hábito a tus rutinas de limpieza y tendrás un aire imperecedero para hacer más llevaderas tus comidas.

 

4- ¿Y UN AIRE ACONDICIONADO PORTÁTIL?

¿No te atreves, porque la instalación te pone los pelos de punta y no te planteas perforar ni una pared de tu cocina? Siempre está la opción de utilizar un aire acondicionado portátil, que podrás llevar contigo a otros rincones de la casa en los que no tienes aparatos y donde tampoco iría mal un poco de fresquito. Nos referimos, por ejemplo, al baño (si eres de esas personas que pasan largas horas en su interior reflexionando en profundidad sobre lo divino y lo humano mientras hacen quién sabe qué) o al estudio, sin olvidar la sala de planchar, por ejemplo.

 

5- MUCHAS RECETAS TE LO AGRADECERÁN

Hay platos que para que queden perfectos requieren una temperatura ambiente concreta, que nos va a ser difícil conseguir sin aire acondicionado. Si nos gusta, por poner un ejemplo, elaborar yogures caseros o platos en los que la mantequilla es la protagonista, va a ser complicado que queden en su punto si los dejamos a merced del calor que pueda llegar a haber en la cocina.
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6- PREVIENE LOS EFECTOS DEL TEMIDO GOLPE DE CALOR

Sin querer ponernos tremendistas, el aire acondicionado previene los efectos del temido golpe de calor, que es probable que nos sobrevenga si estamos a 30º en la calle y tenemos tres fogones a todo trapo. Bajones súbitos de presión, agotamiento, fatiga, mal humor, náuseas… son algunas de las consecuencias de encerrarnos entre fogones cuando las temperaturas son tan altas.

 

7- COMER PROVOCA CALOR POR SÍ MISMO

Debes tener en cuenta que el propio acto de comer provoca calor por sí mismo. Por ejemplo, si eres de los que comes en la cocina, el cuerpo te suele pedir alimentos fríos. Por tanto, si eres de los que acostumbras a comer en la cocina o, al menos, hacer alguno de los ágapes del día en ella, es interesante que sepas que al calor ambiental tendrás que añadir el calor propio de comer, lo que puede convertir la experiencia en un considerable infierno.

 

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