RANKINGS

Los 9 superhéroes más cutres (y entrañables) de la historia

El mítico Batman del 66. Kapow.

Dejando a un lado las versiones casposas de Superman, Batman, etc.; facturadas formato Bollywood en Turquía, Filipinas y demás (dejo nombres para buscar información impagable -todos clásicos-: “Bionic boy”, “3 Dev Adam”, “Yarasa Adam”, “La mujer murciélago”, “Deathless Evil”, “Abar”, “El hombre puma”, “Darna”…), nos centramos en esos superhéroes tan absurdos como adorables que prendieron nuestra niñez y no tan niñez.

Los hemos agrupado en categorías, conscientes que las mejores películas del género datan de los setenta/ochenta, cuando el ambiente de purpurina y hombreras (entre otras cosas) distorsionaba la noción del ridículo. También hemos descartado las intencionadas parodias actuales tipo la sobrevalorada ‘Kick-ass’ o ‘Super Nacho’, porque la esencia del género cutre reside en su inocencia, en su candor a lo Ed Wood.

No se trata de películas con pretensiones iniciales de convertirse en obras maestras, pero sí de ser mucho más que la absoluta bazofia que acabaron siendo. Es lo que las hace inolvidables.

 

Clásicos

  • Supersonic man, de Juan Piquer Simon (1979). Completamente de culto. El director valenciano de ‘Slugs’ lo volvió a hacer con este superhéroe mítico y su robot asesino ‘El tanque humano’, que prevalece en la memoria. Lo tiene todo: héroe con bigote, glam, camp, sexplotation, Quique Camoiras… Imperecedera.
  • Condorman, de Charles Jarrott (1981). Que un dibujante de cómics se convierta en agente secreto disfrazándose además de pajarraco no puede sino traer cosas buenas. Además, si te quedas mirando fijamente las alas pintadas con plastidecor, el colocón psicotrópico no se te pasa. Y gratis.
  • El vengador tóxico de Michael Herz (1985). Una de mis preferidas. El mejor ‘nerd’ adolescente convertido en superhéroe a cuyo lado Clark Kent es el famoso del insti. Coqueteo con el gore, algo de pechuga que no falte, romance que quita el sentido con una chica ciega y un pase de tutú rosa que ya lo quisieran muchos para sí. Se hicieron hasta cuatro partes y se quedaron cortos. Joyaza.

 

Todo un clásico de superhéroe garrafón y con alas

 

 

Modernos

  • El capitán Zoom y los pequeños grandes héroes, de Peter Hewitt (2006). Lo más casposo de la cultura yanqui se junta en esta cinta donde un Tim Allen a lo padre de ‘Los increíbles’ adopta a unos repelentes niños para educar sus superpoderes. En unos años se la catalogará como clásico y tendrá el altar que se merece: en el averno.
  • Big Man Japan, de Hitoshi Matsumoto (2007). Esta auténtica joya por descubrir parte de un falso documental para contarnos la historia de un superhéroe olvidado, capaz de agrandarse para combatir a monstruos tipo Godzilla versión Power Ranger y con los que mantiene charlas para el recuerdo. Crítica social, drama, comedia, bichos con forma de pollo, friquismo y final mítico. Para no perdérsela. En serio.
  • Blubberella, de Uwe Boll (2011). El mítico director alemán de ‘En el nombre del rey’ o la saga ‘BloodRayne’, aprovecha los decorados y reparto de esta última para ofrecernos a la primera heroína gorda de la historia cuyos máximos poderes son las ventosidades variadas. Cierto tono de parodia no esconde lo infumable de la propuesta, con nazis y vampiros de fondo. Hasta en lo más chabacano, pura eficiencia alemana.

mítica cina japonesa actual. Mucho más que power rangers..

 

En serie

  • Batman de Bob Kane (1966). Las hechuras de Adam West y las cejas pintadas con tiza en la máscara pasarán a la historia. Las onomatopeyas (Kapow!!) intercaladas en las escenas de acción ya ni te cuento. Si no le diese Robin los achuches que se merece se los daría el espectador. Si esto es cutre, ¿cómo calificamos entonces a las películas de Schumacher? Ni punto de comparación oigan.
  • El increíble Hulk, de Kenneth Johnson (1978). En ninguna serie se rompieron más camisas que en esta. El pelo ‘casco’ y como con ceniza, las lentillas blancas de Bill Bixby y los musculitos de Lou Ferrigno forman parte de la iconografía de muchas generaciones.
  • El gran héroe americano, de Stephen J. Cannell (1981). Casi dejamos lo mejor para el final. Qué decir de esta serie… se me ha metido algo en el ojo… El recuerdo de cómo el héroe con rizos aprendía a volar, los castañazos contra las vallas publicitarias… Ese traje alienígena, esa síntonia… ‘Lo crean o no’ no pude aguantar su reposición hace algún tiempo y preferí mantenerla en la cajita de los gratos recuerdos, como las canicas clásicas o el Tente. Snif…

 

Con este regusto salado por la lagrimilla nostálgica que nos resbala por la mejilla nos despedimos recordando que el género cutre es, ante todo, inocentemente bienintencionado. ¿Quién necesita sentir pudor o vergüenza cuando se tienen superpoderes kitsch? Pues eso.

 

[newsletter utm=”superheroes”]

HACE 4 AÑOS