10 trucos para que tus fotos de comida sean más apetecibles

Plano medio de una tarta de queso

Has subido a Instagram la imagen de la hamburguesa que has pedido en el restaurante de moda. Acabas de colgar en Twitter el primer plano de esa gamba que has comprado en el mercado. Pero te das cuenta de que a tus fotografías de comida les sigue faltando algo. A pesar de que tienes una buena cámara, están borrosas, movidas, no tienen color… Con estos 10 trucos verás cómo se vuelven más apetecibles (y te llueven los likes).

 

Lo importante es la comida. Dale protagonismo

Al igual que observamos un modelo para sacar su mejor lado, cada preparación gastronómica tiene una cara buena y una cara mala. Invierte unos minutos en contemplar lo que vas a fotografiar para decidir qué parte destacarás.

Las herramientas que tienes para ensalzar tu foto gastronómica son los planos, las perspectivas y la composición.

 

Utiliza correctamente los planos

El plano en fotografía es la proporción que ocupa el sujeto principal en el encuadre. Básicamente, si el plato de pasta es más grande o más pequeño en relación a todo lo demás. Habrá ocasiones en las que lo más importante será un pequeño ingrediente, por lo que tendrás que usar un plano muy corto, un primer plano. Lo más adecuado para esto es contar con un teleobjetivo que permita acercarte lo más posible al detalle y aislarlo del resto.

Por el contrario, a veces querrás que aparezca en tu foto de comida el ambiente en el que te encuentras. No puedes dejar pasar la ocasión de mostrarle a tus seguidores la hamburguesa que te estás zampando en esa terracita tan maravillosa. Aquí tendrás que utilizar objetivos angulares o gran angulares que te darán mayor campo de visión.

Sin embargo, el mejor objetivo para destacar un plato es, sin duda alguna, el normal o estándar, el 50mm. No distorsionará, no se dejará nada fuera de la imagen y encuadrará a la perfección el boquerón en vinagre de ese bar tan castizo.

Fotografía de un plano medio de un plato de callos

 

Dale vida a la imagen con la perspectiva

La perspectiva es la posición o ángulo que toma la cámara respecto al sujeto fotografiado. Puedes situar la máquina arriba del todo, sobre el plato. Esto se conoce como perspectiva cenital y es ideal para sopas y pizzas, es decir, preparaciones que no tienen volumen.

La perspectiva más común en fotografía gastronómica es la de 45º, también llamada vista de comensal. Seguramente sea la que más uséis en los restaurantes, ya que da un poco de vergüenza hacer piruetas con la cámara en una sala llena de comensales. Pero existe otro ángulo que no supone mucho esfuerzo pero ofrece una interesante vista de la comida: a ras de mesa. Esta posición muestra el volumen de los platos y es ideal para bebidas y, por ejemplo, hamburguesas.

Fotografía de un pintxo con una perspectiva a ras de mesa

 

Ten en cuenta siempre la composición

En fotografía, la ordenación de todos los elementos dentro del encuadre es esencial. La distribución debe ser natural, equilibrada y no restar importancia al sujeto principal: la comida.

La primera técnica de composición es la conocida como Regla de los Tercios. Dibuja dos líneas horizontales y otras dos verticales en el fotograma. Como consecuencia se crearán tres tercios (horizontales y verticales) y cuatro puntos en la intersección de esas líneas. Lo que vayas a destacar debe situarse en alguno de esos cuatro puntos fuertes.

 

Dibuja triángulos

Son una forma geométrica muy interesante para el ojo humano. Con esta técnica, el espectador recorre toda la imagen con la mirada. Puedes crear triángulos en tus fotos gastronómicas situando estratégicamente la guarnición, hierbas aromáticas, ingredientes o cubiertos.

Fotografía de un plato de pasta con un triángulo, hecho con hojas de albahaca, como técnica de composición

 

Aprende a combinar colores

Evita los colores demasiado estridentes, le quitan protagonismo a la comida. Es mejor utilizar platos, servilletas y manteles con tonos pálidos y suaves. También debes tener en cuenta que no se anulen unos a otros.

Por ello recomendamos el uso de los colores complementarios, que son los que están opuestos en la rueda cromática. Haz la prueba y comprobarás que el blanco-amarillo de la pasta combina genial con el rojo de la salsa de tomate. O que el morado de la berenjena queda maravilloso con toques amarillos. O que el tono marrón del estofado se potencia con matices verdes.

Rueda cromática para combinar colores

 

Si puedes, aprovecha la luz natural

Una ventana por la que entre buena luz es un tesoro. ¡Es gratis! Bastaría con que situaras una pequeña mesa frente a ella y ya tendrías un estudio de fotografía gastronómica casi profesional. Para reducir la dureza de la luz puedes usar un difusor hecho con material blanco translúcido, como una sábana o papel cebolla.

Para darle un aspecto más profesional te aconsejamos que te hagas con un pequeño estudio portátil. Con esta herramienta podrás aprovechar la luz natural y también iluminar tus escenas con fuentes artificiales.

En el caso de los restaurantes, tendrías que buscar la mesa que se encuentra al lado del ventanal o en el exterior, pero no siempre es fácil. Un inconveniente de los locales es que no están iluminados para fotografiar sino para comer. Por eso las fotos no suelen salir tan bien como esperamos. Que no cunda el pánico. Mueve el plato hasta que la iluminación sea la correcta y (mucho cuidado con esto) no hagas sombras con tu cuerpo o cámara.

Plano medio de una tarta de queso

 

La comida se ilumina por detrás

Ya sea natural o artificial, la luz principal que va a iluminar la comida debe provenir de la parte trasera. Este esquema revelará y potenciará las texturas, formas y siluetas de los ingredientes. El principal error que se comete en los restaurantes es utilizar el flash, flashear los platos, lo que hace que la fotografía se quede plana.

Como la luz principal viene de detrás, la parte delantera del plato quedará con alguna sombra. La solución de los fotógrafos es utilizar algún tipo de reflector que dirija la fuente lumínica hacia las sombras. Así conseguirás realzar las texturas de la comida e iluminar correctamente todo el conjunto del plato.

Fotografía de un pintxo iluminado por detrás

 

Enfoca lo más importante

El enfoque-desenfoque puede ser una de las herramientas más útiles para destacar algún detalle, un ingrediente o una parte de tu fotografía. El ojo humano, al ver una imagen, se dirige al principio donde está enfocado y luego se da una vuelta por el resto de la composición.

Por ejemplo, para realzar la fresa que corona un cocktail, debes seguir unos simples pasos:

  • Acércate al plato. Usa un 50mm a pocos centímetros de la escena o un teleobjetivo corto.
  • Coloca un diafragma abierto que te proporcionará una profundidad de campo pequeña.
  • Enfoca al ingrediente.
  • Verás que el resto del plato se desenfoca y que la fresa cobra más importancia.

Fotografía de una fresa enfocada

 

Imaginación al poder

Piensa que la ensalada que acabas de preparar o la pizza que has pedido en el restaurante es un modelo y que tienes que sacar todo su potencial. Fíjate en los pequeños detalles, en las texturas y en las transparencias. Observa todas las posibilidades que te ofrece un plato y retrátalas. Experimenta con nuevas perspectivas y esquemas de iluminación.

En definitiva, haz que tus fotos estén para comérselas.

 

HACE 2 AÑOS

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1 comentario

    Muy buenos consejos, aunque hay veces que no queda más remedio que usar un objetivo angular para que “quepa” todo el plato en la foto.

    Saludos