COMPARATIVAS

Disco duro SSD o HDD: ¿Cuál es mejor?

Cuando cambias el disco duro de tu ordenador (o el ordenador al completo) surge el dilema: ¿apuesto por la velocidad de un SSD o me conformo con un HDD tradicional para tener más capacidad y ahorrar algo de dinero? Para escoger bien lo mejor es conocer mejor cada formato.

Desde la aparición de las unidades SSD (Solid State Drive, en inglés), a finales de la pasada década, elegir un nuevo disco duro para el ordenador se ha convertido en una tarea complicada, ya que cada vez hay más variedad. Para saber qué te interesa más es fundamental que sepas qué ofrece cada una de estas tecnologías.

Pero también que tengas claro lo que realmente necesitas y, por supuesto, la compatibilidad de tu equipo, porque estos factores determinarán si te conviene más un disco HDD o un SSD.

HDD para sobremesa y portátil

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Los tradicionales discos duros HDD (en inglés, Hard Disk Drive) son las unidades de memoria que se vienen utilizando en ordenadores y servidores desde los años 80, y que se basan en la grabación magnética de la información.

Para ello emplean discos rígidos en los que se registran los datos y un sistema mecánico que combina un motor y varias agujas lectoras que permiten grabar y leer la información.

Partiendo de estos principios básicos se han creado una gran variedad de discos duros, ya que los fabricantes diseñan unidades tanto para los ordenadores personales del gran consumo como para sectores específicos que requieren más potencia y fiabilidad.

En general, y aunque existen otros formatos menos populares, los HDD que se utilizan actualmente son de dos tamaños estandarizados: 3,5” y 2,5”.

El primero corresponde al tamaño de las bahías de los ordenadores de sobremesa, servidores y cajas para discos duros externos y NAS. El segundo al de los ordenadores portátiles, discos duros de viaje y otros dispositivos ligeros con almacenamiento integrado.

Velocidad y capacidad de los discos mecánicos

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En cuanto a la velocidad de transferencia hay mucha diferencia de unos modelos a otros. Lo primero que determina la rapidez de una unidad mecánica es la velocidad de rotación de los discos que hay en su interior. Existen unidades que funcionan a 5.400 rpm (revoluciones por minuto), a 7.200 rpm e, incluso, a más de 10.000 rpm, aunque también los hay de velocidades intermedias.

Los primeros suelen ser discos de gama baja que algunos fabricantes etiquetan como ‘ECO’. Su rendimiento es bajo, con tasas de velocidad de lectura de entre 50 y 100 MB/s (Megabytes por segundo), suelen tener poca memoria caché y no están pensados para trabajos exigentes.

Pero no todo es malo, ya que consumen menos energía, son económicos, y los hay con capacidad de hasta 8 Tb. Por eso pueden ser una buena opción como disco principal para el sistema si tienes un ordenador de gama baja o si no lo usas mucho.

También sirven para almacenamiento masivo, aunque no son adecuados para guardar y reproducir contenido multimedia de alta definición, ya que su velocidad resulta insuficiente.

Las unidades de 7.200 rpm son más veloces, con tasas de lectura que pueden ir desde 70 MB/s en los modelos básicos, hasta los 220 MB/s de los últimos discos de gama alta. Estos son ideales para cualquier ordenador potente y, además, se venden con capacidades de 6 Tb y más.

Por último, están los discos de 10.000 rpm o más, que se diseñan especialmente para máquinas de altísimo rendimiento. Estos alcanzan grandes tasas de transferencia como las que se requieren en diseño asistido por ordenador, postproducción digital o tareas de cálculo muy exigentes. La pega es que tienen mucha menos capacidad y un precio desorbitado.

Almacenamiento de estado sólido (SSD)

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Las unidades SSD son la evolución lógica de los pendrives basados en almacenamiento flash. En ellos los datos se almacenan en chips de memoria y no tienen partes mecánicas, por lo que son silenciosos, pequeños, consumen menos energía y generan menos calor. Además, son mucho más rápidos que cualquier HDD y tienen más vida útil.

Los más rápidos alcanzan tasas de lectura y escritura casi idénticas, superando los 540 MB/s a pleno rendimiento, mientras que los más antiguos rondan los 250 MB/s. La mayoría tiene una durabilidad de hasta 1 millón de horas de ‘Tiempo Medio Entre Fallos’ (MTBF), frente a las 600.000 horas que alcanzan los HDD más resistentes.

Hasta aquí todo parecen ventajas, pero este disco duro también tiene inconvenientes, ya que es mucho más caro y, por ahora, su capacidad es menor que la de los HDD de 3,5”.

La mayoría de unidades SSD se fabrican bajo el estándar de 2,5”, lo que los hace perfectos para ordenadores portátiles, reduciendo el peso y el consumo del equipo. De hecho, los mejores laptops de los últimos años, como los Ultrabooks, incluyen al menos un disco de estado sólido para el sistema operativo y los programas.

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Su velocidad logra que el equipo arranque en unos 10 segundos y permite manejar los programas con fluidez, por lo que también son una excelente opción para sustituir el disco duro principal de cualquier ordenador.

Eso sí, si quieres instalar un SSD como disco duro principal debes tener muy en cuenta su capacidad, ya que en estos tiempos con 120 Gb no será suficiente, sobre todo si instalas muchos programas o juegos.

Lo mejor de dos mundos

Existe un último tipo de disco duro que combina las ventajas de los SSD con las de los HDD. Se trata de los discos híbridos SSHD (Solid State Hybrid Disk). Estas unidades están formadas por un disco mecánico y un módulo flash (de hasta 8 Gb) que actúa como intermediario con el equipo.

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Gracias a esta combinación se mejora la tasa de transferencia de datos y, si se usa como unidad principal, se agiliza el funcionamiento del sistema operativo y de las aplicaciones. Algunos portátiles incluyen estos discos de serie y, aunque su capacidad se limita a 500 Gb o 1 Tb, el rendimiento suele ser mejor que con un HDD de 2,5”.

La capacidad máxima en formato de 3,5” es de 4 Tb, por lo que también sirven como unidad secundaria de almacenamiento.

La caché y la interfaz, decisivas

Otros parámetros que inciden en el rendimiento de los discos en general, más allá de que sean HDD, SSD o SSHD, son la caché interna y la interfaz de conexión con la placa base del ordenador. La memoria caché, en general, determina la cantidad de datos que el disco duro puede manejar internamente, y puede ser de 8, 16, 32 o 64 MB.

Los modelos de gama baja suelen tener entre 8 y 16 MB y los de mayor rendimiento suelen optar por entre 32 y 64 MB. A la hora de escoger conviene conocer cuáles son los modelos más actuales y eficientes, ya que en muchos casos la diferencia de precio se ve compensada por la mejora de rendimiento.

Sobre la interfaz, hace años se cambió del viejo estándar IDE al actual SATA y, a menos que tu equipo sea muy antiguo, no necesitarás una unidad IDE. El estándar SATA tiene tres versiones y es imprescindible que sepas cuáles admite tu placa base (sobremesa o portátil) antes de escoger un nuevo disco.

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Para ello, revisa las especificaciones del fabricante de la placa base en su página web. Lo ideal es que sea compatible con SATA 3 (hasta 6 Gbit/s), pero es probable que no admita más que SATA 2 (hasta 3 Gbit/s) o, incluso SATA (hasta 1,5 Gbit/s).

De todas formas, si tu equipo no admite los estándares más nuevos pero tiene un bus PCI Express de alta velocidad, con suerte podrás instalar una tarjeta con puertos SATA 2 o 3 que te proporcione la interfaz adecuada.

Existen otras interfaces diseñadas para conectar ciertas tarjetas con memoria Flash directamente a la placa base de los ordenadores de última generación. Se trata de los módulos con interfaz mSATA o M.2, que se pueden encontrar con capacidades de hasta 512 Gb.

Sirven para aumentar la caché del equipo, su memoria interna o su capacidad para hibernar el sistema manteniendo las aplicaciones abiertas, entre otras funciones. Son dispositivos caros, pero si tu equipo incluye los puertos apropiados en la placa, puede ser una buena opción para conseguir una mejora de rendimiento.

Entonces, ¿qué disco duro es mejor?

Aunque en principio los discos SSD son mejores que los HDD en casi todas sus prestaciones, existen discos mecánicos de gran potencia que superan a los SSD de gama baja. Por eso es importante tener claro lo que necesitas para tu equipo y lo que éste admite.

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Por ejemplo, si quieres sustituir el disco duro principal de tu equipo de sobremesa o portátil y aumentar la velocidad, lo mejor es un SSD de más de 200 GB. Notarás la mejora de rendimiento y si necesitas más espacio puedes instalar otros discos o conectar unidades externas.

Otra buena opción en este caso es un SSHD, que proporciona un buen equilibrio entre capacidad, rendimiento y precio. En cualquiera de estos casos, conviene revisar la compatibilidad del ordenador con este tipo de unidades.

Si necesitas ampliar la capacidad de un equipo de sobremesa, quieres la máxima velocidad y no tienes problemas de presupuesto, la mejor opción sigue siendo SSD. Eso sí, el precio puede ser incluso 10 veces superior para la misma capacidad.

Otra opción si necesitas mucho espacio y no quieres renunciar a la velocidad es instalar dos unidades HDD nuevas de alta capacidad y configurarlas en RAID para que una sea espejo de la otra.

Según la configuración RAID que utilices obtendrás un importante aumento de rendimiento (casi como con SSD de gama alta) y, además, mucha más seguridad para tus datos, ya que se encontrarán en dos discos simultáneamente.

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Si necesitas un nuevo disco duro para un NAS (Network Attached Storage, en español Almacenamiento Conectado en Red) o para un CCTV (Circuito Cerrado de Televisión), lo mejor es que recurras a unidades HDD diseñadas específicamente para esos entornos.

Los principales fabricantes tienen líneas de producto destinadas a estas necesidades específicas, con discos que soportan prolongadas y exigentes cargas de trabajo o una conectividad permanente.

En conclusión

Sea cual sea tu caso, los discos SSD te proporcionarán el mayor rendimiento y la máxima fiabilidad, pero con un precio elevado. Y aunque estos se estén abaratando cada año, los HDD no van a quedarse obsoletos todavía, ya que continúan ofreciendo la mejor relación precio-capacidad-rendimiento y no dejan de mejorar sus prestaciones.

HACE 4 AÑOS