COMPARATIVAS

Las 10 mejores películas de los Estudios Ghibli

Las 10 mejores películas de los Estudios Ghibli

‘El cuento de la princesa Kaguya’ se estrena el 18 de marzo de 2016 en España. Se trata de la vigésima y última animación hasta el momento (queda otra por estrenar, ‘El recuerdo de Marnie’, antes de su anunciado cierre temporal en 2014) de los afamados estudios nipones Ghibli, y a cargo de Isao Takahata, uno de sus maestros fundadores.

Animada a modo de boceto de tipo lápiz grueso, como ya hiciese el mismo director en ‘Mis vecinos los Yamada’, le da un toque de estilo muy original y potente. Se trata también del adiós de este gran creador, junto con Miyazaki la gran estrella de Ghibli, y que se despiden conjuntamente dejando atrás un legado inconmensurable (Miyazaki anunció su retirada con la estupenda y ya estrenada ‘El viento se levanta’, también del 2013).

Este es el hipnótico tráiler de ‘El cuento de la princesa Kaguya’.

La historia Ghibli

Se funda en 1985 con la unión de los dos genios mencionados: Hayao Miyazaki e Isao Takahata. Ambos habían acumulado éxitos con series de animación como ‘Heidi’, ‘Marco’ o ‘Ana de las tejas verdes’, y decidieron embarcarse en un proyecto mucho más personal y menos ‘adaptado’ a los encargos. Un año antes, Miyazaki había estrenado ‘Nausicaä del Valle del Viento’ y decidieron que era ese el camino a seguir. Imaginación pura, sin dramas angustiosos ni mensajes moralistas.

El nombre de los estudios surge del apodo a un modelo de avión italiano usado en la Segunda Guerra Mundial para reconocimientos por el desierto del Sáhara. Una muestra más de la pasión de Miyazaki por los aviones militares clásicos que se vio reflejada en ‘Porco Rosso’ y sobre todo en ‘El viento se levanta’.

La primera película como tal, con sello propio del estudio, fue ‘El castillo en el cielo’ realizada por Miyazaki en 1986. Le seguirían muchas obras maestras a ritmo de una cada dos años aproximadamente, en clara sincronía al progresivo interés y reconocimiento internacional. Tras disgustos con las licencias de distribución (sacaron una versión censurada de Nausicaä), Disney se encarga a partir de 1997 de su venta sin inmiscuirse en el proceso creativo (algo fundamental, no como pasó como Pixar) hasta 2012, cuando deja de ver rentabilidad y pasa a manos de compañías independientes.

Imagen de la película ‘El viaje de Chihiro’.

El cénit en cuanto a premios se alcanzó en 2001 con la decimotercera película del estudio, ‘El viaje de Chihiro’. Se convirtió en la película más taquillera de Japón y logró el Óscar a mejor película de animación (el único ‘anime’ que lo ha logrado) y el Oso de Oro en el Festival de Berlín (única película de animación en lograrlo).

Demostrar mimo por el doblaje, supervisándolo en cada país y sólo con actores de prestigio, o por las traducciones, intentando sean lo más fidedignas posibles, son parte de sus señas de identidad comercial.

Además de los dos grandes maestros, también han colaborado otros directores de animación como Tomomi Mochizuki (‘Puedo escuchar el mar’, 1993); Yoshifumi Kondo (‘Susurros del corazón’, 1995); Hiroyuki Morita (‘Haru en el reino de los gatos’, 2002); Goro Miyazaki (hijo del mito. ‘Cuentos de Terramar’ 2006, ‘La colina de las amapolas’ 2011) e Hiromasa Yonebayashi (‘Arrietty y el mundo de los diminutos’, 2011).

¿Que tiene Ghibli que no tienen otras factorías de animación?

Una imaginación visual deslumbrante y preciosista y, sobre todo, la gran diferencia respecto a otros estudios de animación: la ausencia de moralinas baratas y gratuitas. De Disney no hace falta señalar la evidencia pero sobrevaloradas animaciones como las de los estudios Pixar (comprada por la primera desde 2006), que logran valiosos planteamientos y coreografías por ordenador, no consiguen liberarse en ningún momento de ese ‘mensaje’ destinado a los más pequeños. ‘Hay que hacer amigüitos, cuidar mucho a los papis y dar muchos abracitos…’ Un horror.

Ghibli está libre de colorantes y conservantes y por tanto es un producto mucho más sano para la ingesta de los más pequeños, y no sólo ellos. Todo tipo de públicos (ahora sí se puede decir) quedarán hipnotizados con un dibujo superlativo, con unos personajes y situaciones cargados de imaginación pura, intensa, inocente. Nada más característico de Ghibli que su cuidada animación artesanal, cargada de encuadres poéticos y paisajes de ensueño. Su debilidad por el personaje femenino protagonista, con niñas a menudo guerreras o aventureras, su trasfondo ecologista, sus espíritus y dioses… son su marca de agua.

En mi trabajo, cuando me piden consejo sobre el género, es lo que más recomiendo y lo que me llevo a casa.

Las imprescindibles

‘LA PRINCESA MONONOKE’, DE HAYAO MIYAZAKI (1997)

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Una de las más representativas de la filmografía del maestro Miyazaki, cuenta con todas sus claves: protagonista guerrera y aventurera; naturaleza contra industrialización pero sin estereotipos ni extremos (en Ghibli no hay de eso), sino mostrando distintos puntos de vista; personajes maravillosos; dioses y espíritus del bosque no exentos de crudeza y sobre todo un mundo mágico y una animación a base de animales y paisajes en todo su esplendor. No hay moraleja ni guiños para adultos, simple y llanamente fantasía en estado puro. Una preciosidad para ver una y mil veces.

‘PORCO ROSSO’, DE HAYAO MIYAKAZI (1992)

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Más acción, más comedia adulta y más picardía, todo sin dejar de lado los buenos sentimientos y el preciosismo visual. Aquí se le veía el cartón al director por su pasión por los aviones de combate. Como curiosidad, el nombre del piloto italiano al que una maldición le convirtió en un magnífico gorrino (sin segundas), Marco Pagot, es un homenaje a los hermanos italianos Pagot, con los que Miyazaki colaboró para hacer la mítica serie de animación infantil de Sherlock Holmes. Una delicia.

‘LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS’, DE ISAO TAKAHATA (1988)

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Pocas cintas consiguen crearte un nudo en la garganta reflejando los estragos de la guerra sin ni siquiera pegar un mal tiro, como quien dice. Toda la crudeza del belicismo en la piel de dos niños y que pone los pelos de punta desde el comienzo. El desgarrador final consigue conmoverte sí o sí. Ni Bambi, ni Wall-e ni mamandurrias que valgan.

‘PONYO EN EL ACANTILADO’, DE HAYAO MIYAZAKI (2008)

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El homenaje de Hayao al mundo marino supone toda una inundación para los sentidos. Lo entrañable e infantil no es necesario que se muestre como algo ‘ñoño’ ni lleno de histerismo verborreico o gente chillando por todos lados como en las animaciones norteamericanas. Basta con un reposado paseo por aguas cálidas donde sus dioses te acunan con suaves mareas y susurran olas al oído. Pura poesía visual.

‘MI VECINO TOTORO’, DE HAYAO MIYAZAKI (1988)

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Los sentimientos infantiles ha menudo han sido maltratados y malinterpretados en la gran pantalla. Películas que se suponen destinadas a ese tipo de público presentan amistades acomplejadas, forzadas, llenas de temor y desequilibrio.

Ghibli es otra cosa y presenta los sentimientos puros con naturalidad, con inocencia bien entendida, con capacidad de sorpresa, con dulzura. Hayao sabe leer ese sentir como nadie y lo muestra con una honestidad sin precedentes. Los peluches pueden ser infames, pero uno de Totoro siempre será entrañable por el recuerdo de los buenos ratos que nos trajo esta cinta. Lección de película infantil y ejemplo de creatividad adulta.

‘El VIAJE DE CHIHIRO’, DE HAYAO MIYAZAKI (2001)

Su Alicia particular, aunque dando un paso más. Aquí con brujas, dragones, fantasmas… Una sorpresa sin límites. Tampoco hay que buscar una coherencia lineal, simplemente hay que disfrutar del viaje y dejarse sorprender por sus sensaciones. Son películas las de Miyazaki para gozar con un camino que no sabes bien a dónde conduce y que logra que eso sea lo de menos. Son un tren transcantábrico, transiberiano, transmaravilloso. Uno se sienta en su compartimento de madera vieja y se asoma por la ventana para disfrutar de la belleza de un paisaje asombroso.

‘POMPOKO’, DE ISAO TAKAHATA (1994)

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El compromiso ecologista se hace aquí algo más evidente, siendo Takahata también en general algo menos sutil y poético aunque igualmente efectivo en su mensaje. Su relato de lo cotidiano y lo familiar es esperanzador y se mezcla de forma desigual la intensidad con la pausa, la comedia con la crudeza, el surrealismo con el avance de la historia. De cualquier modo mantiene el preciosismo del dibujo, lo entrañable de sus personajes y su imaginación desbordante, aquí hasta sobrecargada.

‘El CASTILLO AMBULANTE’, DE HAYAO MIYAZAKI (2004)

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Los estudios Ghibli se aproximan al romanticismo como en ninguna otra ocasión. Una belleza a base de miles de recovecos cálidos en el interior de un castillo andante de ensueño (sus entradas y salidas son inolvidables) sirve de magnífica excusa para plantear un complejo amago de romance de pareja, visto como salvación recíproca y sanadora de sus miembros. El sentimiento puro cura las heridas, anula las maldiciones. Esta cinta incluso nos reconcilia y nos devuelve al idilio con el cine entendido como arte.

‘NICKY, LA APRENDIZ DE BRUJA’, DE HAYAO MIYAZAKI (1989)

La brujería, otra de las constantes Ghibli, toma aquí una de sus versiones más infantiloides (eran los comienzos) pero sin recaer en ningún momento en la ñoñería soez o insana. Eso sí, pueden recrearse con los mejores paisajes animados posiblemente de toda la historia del cine. Esa luminosa ciudad costera llena de detalles es de las que no se olvidan. Hipnótica con mayúsculas.

‘El VIENTO SE LEVANTA’, DE HAYAO MIYAZAKI (2013)

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Los aviones clásicos de guerra nunca se vieron tan poéticos y oníricos como en esta maravilla en forma de despedida. Y es que la última aportación del maestro Miyazaki es una firma en sí misma. Una firma del habitual despliegue visual, de su candor, de su desbordante ensoñación, pero también es una despedida melancólica, difícil, cruda.

Los toques biográficos e históricos que incluye obligan a añadir ciertos puntales de drama familiar, más crudo y espeso que en cintas anteriores. De cualquier modo supone el adiós sincero y doloroso de una leyenda viva del cine y de la cultura mundial en general. Tan duro como despertar de un gran sueño es saber que no habrá más del irrepetible cine de Hayao. Un drama.

HACE 4 AÑOS