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Top 10 novelas gráficas imprescindibles

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¿Quien no se ha aproximado de alguna manera al mundo del cómic, en algún momento de su vida? Hay viñetas que nos acompañarán siempre, con las que crecimos y/o con las que todos deberían crecer. Los clásicos Astérix, Tintín, Corto Maltés o Mafalda (repasar las tiras de esta última una vez al año tendría que ser un ejercicio obligatorio bajo prescripción psiquiátrica) entre otros, debían imponerse como si fuese un calendario de vacunas, en este caso para proveer de anticuerpos contra la falta de sentido común, de imaginación, simple diversión o aventuras.

De la historieta a las novelas gráficas

El cómic nunca dejó de ser un arte (el noveno de hecho), pero hubo un momento en que decidió ponerse serio y fue en la década de los 80 de la mano, sobre todo, de dos de los autores que revolucionaron el mundo de la ilustración, al menos en su vertiente europea y norteamericana: Alan Moore y Frank Miller. Todas sus creaciones de entonces y posteriores son un cúmulo de obras maestras que por supuesto, nadie debe perderse: su saga ‘Batman’, ‘300‘, ‘Sin City’, ‘Ronin’ y ‘Daredevil’ (ese ‘Born Again’…) de Miller y los ‘Watchmen’, ‘V de Vendetta‘ o ‘La cosa del pantano’ de Moore.

Junto con ‘Sandman’ de Neil Gaiman, ‘Adolf’ de Tezuka, ‘El lobo solitario y su cachorro’ de Koike o ‘Maus’ de Spiegelman entre otros, formalizaron esta primera revolución del cómic con estructura narrativa formal y dirigida al público adulto, en formato libro y con recursos literarios clásicos como el flashback o la autobiografía. Había nacido la novela gráfica.

El segundo boom ya se sitúa a principios de este siglo y aquí nos vamos a detener porque están apareciendo auténticas revelaciones en las que conviene reparar. Junto con algunos de los clásicos menos conocidos, intentaremos agrupar diez joyas capaces de cambiar radicalmente el concepto de cómic a ese gran público que aún no se ha animado a sumergirse en sus gloriosas páginas tintadas.

Las propuestas imprescindibles

‘EL RASTREADOR’, DE JIRO TANIGUCHI (2000. Ponent Mon)

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Todo lo que ha hecho este artista japonés merece ser destacado. Son pequeñas maravillas cargadas de intensidad emocional y sobriedad nipona (tan propio del arte oriental, ese reposado e intenso al mismo tiempo), tal vez algo inocentes pero tremendamente firmes y leales con el lector. Maravillas como ‘El viajero de la Tundra’, ‘Paseos de un gourmet solitario’ o ‘Los guardianes del Louvre’ son una auténtica delicia cargada de sentimiento y un dibujo realista sencillamente maravilloso.

‘El rastreador’ en concreto, mezcla una investigación policial (algo simple pero muy efectiva) con la nobleza del espíritu montañero. Engánchante, tira de su cuerda hasta izarte a una cumbre desde la que ver unas preciosas vistas.

‘FROM HELL’, DE ALAN MOORE (1993-1997. Planeta)

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Pocas novelas gráficas hay tan bien documentadas como este ‘Desde el infierno’ de Alan Moore y Eddie Campbell. Un recorrido espectacular y terroríficamente visual por todo lo que se conoce sobre Jack el Destripador. El dibujo ‘sucio’ de Campbell, que se combina con una majestuosidad técnica en los detalles de las calles y edificios londinenses, y lo retorcido del maestro Moore da como resultado un brutal estudio psicológico del personaje y sus motivaciones políticas y sociales. Una historieta para la historia.

 ‘TAKEMITSU ZAMURAI’, DE MATSUMOTO TAIYOU (2006. Glenat)

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Realizada al glorioso estilo japonés tradicional Ukiyo-e, esta saga tiene todos los ingredientes del manga serio o seinen. Comienza siendo un entramado algo caótico y surrealista para, poco a poco, irte desvelando el pasado y presente de unos personajes enigmáticos que esconden mucho más de lo que parece; todo a la vez que se rodea oníricamente de espíritus que habitan en katanas o animales que comentan la jugada. Lentamente, mientras te quedas con la boca abierta viendo sus geniales composiciones clásicas y expresionistas, te va introduciendo en una historia apasionante con un rival de relumbrón a la altura del protagonista (otra de las claves seinen).

La emoción del enfrentamiento final y su desenlace trascienden la simple historia de samuráis y queda como una trama magnífica encuadrada en unos dibujos de ensueño. Arte puro del que queda impreso dentro.

‘PARKER’, DE DARWYN COOKE (2009. Astiberri)

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En el cómic, como en el cine o en cualquier arte, cuando la historia detrás del biombo está trabajada se nota y luce la cosa que da gusto. Tomar buenas novelas como punto de partida siempre es una gran opción y aquí el dibujante canadiense puso su particular estilo (ese Batman de mandíbula cuadrada para que se hagan una idea) al servicio de las novelas de Donald E. Westlake alias Richard Stark (entre otros). Resultado: una maravillosa colección monocromática sobre un personaje hastiado e imparable en su búsqueda de venganza (se hizo también una digna adaptación en cine con Lee Marvin: ‘A quemarropa’). Es duro, es noir, es implacable y va directo a por el lector. Es Parker.

‘ASA EL EJECUTOR’, de Kazuo Koike y Goseki Kojima (1972-1976. Planeta)

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Nos ponemos en pie para hablar de la mejor dupla creativa no sólo del mundo del cómic sino una de las mejores de toda la cultura en términos globales. La capacidad de desarrollar historias breves, a cada cuál más emocionante, de Koike (regenta un estudio de guionistas en Japón y vaya si se nota), y el dibujo simplista pero hipnótico de Kojima (su capacidad para dotar de expresión con sólo tres o cuatro líneas no tiene comparación) dan como resultado unas novelas gráficas en todo el sentido del término pese a que el hilo conductor se reduzca apenas a sus protagonistas.

Saltaron a la fama en los 70 por la mítica saga ‘El lobo solitario y su cachorro’ (de ahí, luego se plagió en USA con ‘Camino a la perdición’) y casi a continuación sacaron esta especie de spin-off sobre uno de los secundarios. Se convirtió en una serie no tan exultante como su predecesora, pero la pasmosa frialdad de este ‘verdugo’ del shogunato no le quita de planteamientos vitales y sociales que abren el debate y la hacen de lo más interesante. Un mito, vamos.

‘DIETER LUMPEN’, de Zentner y Pellejero (1985. Astiberri)

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Esto es una auténtica debilidad, y encima producto patrio, como para no defenderlo. El excelente manejo del color de Rubén Pellejero nos lleva en volandas hacia aventuras con mayúsculas por exóticos lugares del globo engalanados por el argentino Zentner. Podremos viajar a Estambul, India, China… con la estética años 20, cargada de clase y cierto aire canalla. Una delicia sencilla y ensoñadora con toques de realismo mágico que convierten el trayecto en inolvidable. Historias como la de ‘Caribe’ o ‘El precio del Caronte’ suponen todo un crucero estimulante al módico precio de sólo tener que abrir sus cubiertas encuadernadas. Una ganga.

‘ICHI THE KILLER’, de Hideo Yamamoto (1993. ECC)

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Puede que se trate del cómic más salvaje de todos los tiempos. Sádico, brutal, gore, animal, pervertido, desviado… y magistral. Hay que tener estómago para tolerarlo y sobriedad para saber que alguna de sus páginas no se te borrarán nunca de la memoria, ahora bien, se devora. Como cuando de niños nos tapábamos la cara con las manos dejando alguna rendija entre los dedos para continuar mirando sin perderse nada. No sólo juega con lo explícito, es que crea auténtico suspense, incluso repulsión a veces cuando estimula la imaginación en criterios tan oscuros. Asistir a la masacre sin pausa de su trama e imaginártela en cuerpo propio da un escalofrío impensable en muchas otras obras de terror.

Cuando se habla en literatura de ficción de ‘explorar el lado oscuro’ y tal…, comparado con las sensaciones que provoca esta genialidad, el resto se queda en pastitas y calceta a la hora del té. Si buscas auténtica agitación, dejarte muy buen ‘mal cuerpo’ mientras divagas por los recovecos del sadismo y la perversión, adelante, es un alucine.

‘UNA HISTORIA VIOLENTA’, de John Wagner/Vincent Locke (1997. Astiberri)

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Lo hemos visto mil veces. ‘El pasado siempre vuelve’ ‘Nunca sale uno del todo de la mafia’ etc, etc. Sí, pero qué bien contado, qué trazo tan apropiado, emborronado y violento, en clara sincronía con la propia historia. La típica familia norteamericana feliz, de vecindario feliz, pero con un pasado tintado del que parecía haber huido definitivamente y que la casualidad o el instinto vuelve a aflorarlo de la manera más desafortunada. A partir de entonces van desencadenándose los acontecimientos a medida que escarbamos en el pasado del protagonista. Perfectamente engarzado, con un ritmo que funciona como el tic-tac de una bomba de relojería y un final escalofriante y apoteósico. Enganchó lo suficiente a David Cronenberg como para hacer su digna adaptación al cine. Trepidante.

‘MONSTER’, de Naoki Urasawa (1994. Planeta)

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Hemos mencionado algo más arriba ciertas claves de los mangas serios tipo seinen. Bien, pues otro de sus distintivos es el de los finales abiertos. Este thriller de libro, intensísimo y brutal (te maldices por no leer más rápido y al mismo tiempo por ir demasiado rápido so pena de terminarlo), con un recorrido a dibujo realista y de ensueño por la Europa central en busca del asesino en serie más despiadado (otra cosa que hacen como los ángeles es presentar el mal de la manera más dulce y aparentemente inocente), cuenta con uno de los finales más polémicos y de debate abierto de todas las novelas gráficas y casi de la literatura en general.

Fue tan así que se sacó una especie de epílogo aparte desarrollando más aristas de su complejísima trama e intentando atar un poco esa conclusión que deja completamente loco al lector (primero maldice, luego bendice por dejar actuar a la imaginación de cada cual). Se sufre tanto como se disfruta.

‘ADÉLE BLANC-SEC’, de Tardi (1976-2007, Norma)

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Que en viñetas tan reducidas pueda caber tanto estilo, tanto precioso y recargado escenario parisino, tanta acción y tanta aventura es cosa casi sólo de Tardi. Adéle vendría a ser como un Tintín en femenino, algo más surrealista, con más picardía y hasta rompiendo la cuarta pared de vez en cuando (aquello de dirigirse directamente al lector). Momias egipcias, hombres prehistóricos de gran intelecto, dinosaurios resucitados y tentáculos rojos son un mero aperitivo.

Si consigues no perderte en la maraña de apellidos franceses que desfilan de un lado a otro, disfrutarás de lo lindo con una aventura continua y deliciosamente desorbitada. ¿Cuál es tu novela gráfica preferida?

HACE 4 AÑOS