COMPARATIVAS

10 propuestas de novela negra que sería un crimen perderse

Hay ejemplos de novela negra cuyo mayor crimen es dejar de leerlas. Sus párrafos te apuntan directamente a la cara y te atan las manos firmemente y sin remedio a sus páginas.

Así que de repente te encuentras maniatado y no podrás liberarte hasta que todo se haya resuelto de alguna manera, satisfactoriamente o no. Ceño fruncido, gesto preocupado, ansiedad en cada paso de hoja. No hay duda, estás leyendo novela negra.

¿Cómo identificar la novela negra?

Siempre ha habido confusión por esas lindes difusas que mantiene con su vecina literaria, la novela policíaca. ‘Si hay caso, hay noir’ es algo que no siempre se ajusta a la teoría pura.

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La novela policíaca describe desde dentro los procesos de las fuerzas del orden, sus asuntos internos, sus jerarquías, las disputas administrativas. Parecido al mundillo que describen las de espionaje. Puede también que se ciñan sólo a un caso complejo y a su resolución, tipo las novelas victorianas de detectives. El crimen como ejercicio intelectual, como movimiento ajedrecístico entre rivales. Una burbuja en la que sólo permanecen encerrados el delito y su solución.

La novela negra vas más allá: describe ante todo un entorno hostil, corrompido. Es el reflejo de un ambiente concreto, de una atmósfera cargada. Es la descripción urbana de la podredumbre humana, ante la que el protagonista emerge normalmente cargado de ironía y desconfianza. Un tipo honesto en un mundo amoral, tipo Marlowe o el Agente de la Continental.

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Hay derrota, resquemor y desesperanza respecto al ser humano como especie. Pero sobre todo oprime un entorno violento que empuja como una marea de asfalto, empapando con ella ilusiones, escarceos amorosos y proyectos futuros, arrastrando hacia sus orillas algún que otro cuerpo inerte de vez en cuando y casi siempre algún corazón desahuciado.

Diez novelas negras y policíacas a tener en el punto de mira

EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO, de G. K. Chesterton (Acantilado/Valdemar)

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Esta pequeña joya es una auténtica debilidad y una callada revolución dentro del género, y eso que fue escrita en 1922. Se trata de una recopilación de relatos en los que su protagonista, un apático funcionario del imperio británico llamado Horne Fisher, resuelve casos complejos acompañado por su ayudante.

Lo mejor de todo son sus finales, casi siempre imprevistos tras aclararse el misterio. En la mayoría no puede atraparse al autor del crimen porque ‘ya andará muy lejos como para cogerle y qué pereza’ o ‘el sistema no le va a condenar, así que para qué’. Una crítica directa a la burocracia de la época a través de un funcionario tan perspicaz como desanimado y descreído. Una maravilla.

LA MUJER DE VERDE, de Arnaldur Indridason (RBA)

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Comienza con unos huesos desenterrados y la investigación para conocer la identidad de los mismos, así como los hechos sucedidos en el pasado. Un hallazgo normalito y una investigación muy poco original o atractiva de inicio. Pero paciencia porque, de repente, la cosa comienza a coger ritmo y el relato de la historia que había oculta tras los huesos genera una emoción pocas veces leída. Una de las mejores narraciones sobre violencia de género que, junto al marco islandés, deja completamente helado y consigue que el lector devore las páginas a una velocidad de vértigo.

LA MUJER QUE ARAÑABA LAS PAREDES, de Jussi Adler-Olsen (Maeva)

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El libro que comienza las andanzas del gran Departamento Q. Formado por un solo policía danés marginado, que no sabían dónde encajar y lo mandan a dar vueltas a casos no resueltos, junto con su asistente árabe algo perdido. Ambos resolverán un secuestro trepidante contra reloj que mantiene la emoción hasta el final. De los que te atrapan y no abren la mano ni en los agradecimientos.

AMERICAN NOIR, Varios Autores (Navona)

Front Cover American noir copia

Uno de los grandes del género como es James Ellroy (de él salió la algo sobrevalorada ‘L. A. Confidential’) se ha dedicado a recopilar en este volumen los mejores relatos negros norteamericanos de mitos como James M. Cain, Patricia Highsmith, Thompson, Block, Lehane, Goodis o Spillane entre otros.

Como dicen por la contraportada: todos son buenos, pero algunos son muy buenos… y no se te olvidan en tiempo (no se pierdan ‘Muere dijo la dama’ de Spillane, ni ‘Profesional’…., bueno, no se pierdan ninguno y acabamos antes).

EL MISTERIO DEL CARRUAJE, de Fergus Hume (Dépoca)

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La novela de detectives más vendida del siglo XIX, por encima del mismísimo Sherlock Holmes, bien merece una oportunidad. Un cadáver en un carruaje sirve de excusa para un completo recorrido por las altas esferas y las bajas escuadras. Todo un paseo.

EL ECO NEGRO, de Michael Connelly (Roca Bolsillo)

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Harry Bosch es otro de los clásicos, un alma en pena sobreviviendo en un entorno sin justicia. En esta ocasión se adentra en lo más profundo de sus traumas bélicos, el recuerdo de su paso por los túneles vietnamitas, para destapar un magistral robo a un banco. Profundamente negro y cuyo eco resuena tiempo después de haberlo terminado.

LA BRISCA DE CINCO, de Marco Malvaldi (Destino)

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Quizás sea la mejor conjunción novela negra-verano que pueda encontrarse entre las novedades literarias de los últimos años. Un pueblecito de la costa italiana, un bar pequeño con un camarero borde, filósofo, intelectual y sobre todo titular de una curiosidad que le llevará a resolver magistralmente el crimen de turno. Todo mientras lo debate jugando a las cartas con los ancianos del lugar. Diálogos afilados y entorno costumbrista para un misterio, sencillo, ligero y bien resuelto. Muy fresquito.

LA PLAYA DE LOS AHOGADOS, de Domingo Villar (Siruela)

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La novela negra suele caracterizarse por describir, como pocos géneros dentro de la literatura, la ciudad donde se desarrolla el crimen. Casi podría extenderse un mapa de Europa con las ‘ciudades negras’.

Aquí se va más allá: se describe un carácter, la forma de ser de un pueblo entero. Con humor, con perspectiva. Toda una navaja afilada y muy fresca, recién pescada de la más profunda ría galega.

LA JUGUETERÍA ERRANTE, de Edmund Crispin (Impedimenta)

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Entrar una noche en un local de Oxford, asistir a un crimen, volver a la mañana siguiente a resolverlo y no encontrar local ni nada que se le parezca (a lo más una tienda de ultramarinos en su lugar) es un punto de partida suficientemente potente como para enrocarnos en esta deliciosa jugada detectivesca victoriana de la mano de un estrambótico profesor de lengua y literatura. Jaque.

EL SILENCIO DE LOS CLAUSTROS, de Alicia Giménez Bartlett (Destino)

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Una inspectora de nombre con oxímoron, Petra delicado, que tire de gabardina y alcohol como si desfilasen los gimlets de Marlowe tiene mucho ‘mojo’.

En esta ocasión se enfrenta además a una madre superiora con un carácter más agrio que levantarse de dos siestas. El caso y su solución son muy buenos, pero ese duelo de titanes a lo godzilla-robot nipón no tiene desperdicio.

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HACE 8 MESES

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