COMPARATIVAS

10 cómics manga que no debes perderte

Negarse por sistema a atravesar el umbral de un universo cultural como es el cómic manga es perderse una marea de sensaciones y potentes historias, de esas que te llevan por delante. Desechar de primeras un género artístico tan diverso como el dibujo nipón es como afirmar que a uno no le gusta la música. Dentro de la categoría hay tantas vertientes y estilos que seguro que alguno te ajusta como un guante.

Superando prejuicios

Uno oye ‘manga’ y, o bien ya ha tenido un acercamiento básico de más joven (tipo ‘Dragon Ball’) y se muestra algo receptivo, o enseguida lo tacha de friquismo grado uno con síntomas de desquiciamiento infantiloide nivel ‘Chicho terremoto/Shin Chan’. Si encima se lee de derecha a izquierda y requiere algo de tiempo de adaptación, para qué queremos más.

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Craso error. El cómic japonés lleva siendo vehículo de expresión artística desde el siglo XIX, canalizando su extensa tradición gráfica desde el siglo XI.

Sufre una evolución moderna en la primera mitad del XX con Osamu Tekuza (El padre del manga: ‘Astroboy’, ‘El libro de los insectos humanos’…), comienza a separarse de las revistas de carácter infantil y a expandirse en distintas corrientes según el público-destino:

  • Infantil o Kodomo.
  • Adolescente masculino o Shõnen (instituto y deportes).
  • Adolescente femenino o Shõjo (instituto y romance).
  • Adulto masculino o Seinen (terror, acción, samurái, thriller).
  • Adulto femenino o Josei (relaciones, reflexiones).
  • Pornográfico o Hentai.

En definitiva, una baraja extendida donde escoger auténticas obras maestras con guiones magistrales y un dibujo tan característico como inquietante.

A los escépticos tranquilidad, que no les vamos a soltar de la mano durante todo el pasillo. Dejamos la puerta abierta y vamos entrando poco a poco. Hay luz en todas las puertas, ya verán cómo alucinan con lo que hay detrás.

Diez joyas del manga

CRÓNICAS DE LA ERA GLACIAL, de Jiro Taniguchi (Planeta)

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El gran Taniguchi se ha especializado en un Seinen característico, dotado de una fina sensibilidad. Un trazo suave y una descripción tan profunda de las relaciones personales y familiares (genial su ‘El almanaque de mi padre’) que podría pasar sin problemas como manga Josei. Ya hablamos de la obra maestra que supuso ‘El rastreador‘ pero no hace demasiado se ha reeditado una de sus primeras obras de tipo ciencia-ficción.

Nada de navecitas intergalácticas, una especie humana que sobrevive a las gélidas condiciones adversas, algo de mitología y mucha humanidad. Una maravilla de aventuras frías e inhóspitas trazadas en un dibujo de interiores de lo más cálido.

LA ESPADA DEL INMORTAL, de Hiroaki Samura (Glenat)

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Posee uno de los dibujos más revolucionarios del panorama. Estilo boceto emborronado de lápiz grueso donde reluce sin embargo una expresividad y un registro tremendamente solvente. Los movimientos, la anatomía y gestos desarrollados son propios de un maestro del trazo.

En cuanto a la historia, desarrollada con calma, mezcla el realismo mágico de un ronin capaz de sanar cualquier herida gracias a unos gusanos (kessenchû) implantados en su cuerpo, con una estética feudal y samurái completamente absorbente.

Aventuras y acción descarnada para una estética que hipnotiza.

GYO, de Junji Ito (ECC)

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El maestro del terror manga por excelencia presenta en esta ocasión uno de sus relatos más inquietantes. Algo tan primitivo como imaginar a las criaturas del mar dotadas de patas y saliendo de las aguas a toda pastilla para arrasar con la población es una hipótesis, a lo Hitchcock con sus pájaros, que ataca al centro de nuestros miedos más profundos.

Si a eso añadimos un hedor nauseabundo que parece traspasar las páginas y ciertos gases nocivos que convierten a los humanos en repulsivos globos autómatas, obtendremos un apocalipsis terroríficamente original e innovador.

IKIGAMI, de Motorô Mase (Panini)

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Otro claro ejemplo de la fórmula del éxito nipón: cuidar los argumentos, partir de tramas potentes. No les verán entretenerse en cargadas parrafadas históricas o pseudo-científicas como de las que adolece el cómic europeo o norteamericano. Aquí se va al grano con premisas impactantes y luego con calma se van presentando personajes y motivaciones.

Ikigami es una notificación de muerte que entrega un funcionario del gobierno a uno de cada mil habitantes. Una nano-cápsula insertada en las vacunas obligatorias hará que llegue la muerte al desafortunado entre los 18 y 24 años. Un sistema implantado para motivar a la población a aprovechar sus vidas y vivir con intensidad.

Si ya es bueno el punto de partida, el montón de historias cortas a las que da lugar dependiendo de las reacciones de los ‘notificados’ no tiene desperdicio.

LADY SNOWBLOOD, de Koike/Kamimura (Planeta)

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Hablar de manga en serio y no citar a Kazuo Koike sería poco menos que una injusticia digna de Seppuku. No por nada es titular de una escuela para guionistas y su mítica dupla con Goseki Kojima, junto a su esmerada documentación del Japón Feudal, convirtieron obras como ‘El Lobo solitario y su cachorro’, ‘Asa, el ejecutor’, ‘El hombre sediento’ o ‘Hanzo: el camino del asesino’ en manuales de referencia histórica.

Aquí se hace acompañar de Kazuo Kamimura para un dibujo más limpio y sencillo estilo Tekuza y juntos abordar así las desventuras de una asesina implacable en la que dicen se inspiró Tarantino para su ‘Kill Bill’.

MUSEUM, de Ryousuke Tomoe (Norma)

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Otra clave manga: los finales abiertos, tanto que podría decirse que hasta resultan descosidos. Dejan tanto a la imaginación posterior del lector que en un primer momento no causan sino un tremendo estupor. El mayor ejemplo fue la mítica saga ‘Monster’ de Urasawa cuyo final deja casi literalmente con el cuello torcido. Aquí no llega a tanto pero le da otra vuelta de tuerca más.

En sí es un estupendísimo thriller psicológico sobre el típico asesino en serie y policía tras él, que tendería a obra maestra absoluta sino hiciese recordar tanto a la película Seven y otras cuantas del género de forma constante.

Pese a recorrer un camino ya pisado contiene giros magistrales, el trazo es de diez y la atmósfera atrapa desde el primer momento. Las páginas pasan tan rápido que hacen las veces de abanico.

OLD BOY, de Garon Tsuchiya (DeBolsillo)

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Aquí se plantea un dilema casi inédito: ¿mejor el cómic o la película? El manga es sensacional, contiene la idea original (una de las venganzas más potentes jamás escritas) y la estética noir y suburbial está muy conseguida.

Lo insólito es que la cinta del coreano Park Chan-Wook (la del 2003, no el intrascendente remake americano) incorpora un final más concluso y emocionante, además de un escarceo con el hipnotismo como solución realmente brillante. No hay por qué discutir: se disfrutan las dos intensamente.

PESADILLAS, de Katsuhiro Otomo (Norma)

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Aquí hacemos parada porque estamos ante una de las historias gráficas más impactantes, espeluznantes, adictivas y con mayor acongoje psicológico de todas las habidas.

El autor sorprendería años después con su magnífico Akira pero al trasladar aquí, a un bloque de pisos corriente, con su parque, su comunidad…; al inyectar toda su psicodelia, su poder mental (una niña y un anciano enfrentados en un duelo épico) en algo tan cotidiano resulta más espeluznante si cabe. ¿Emociones fuertes y nuevas? No se lo pierdan.

TAKEMITSU ZAMURAI, de Taiyou Matsumoto (EDT)

 

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No nos resistimos a citarlo antes aquí, pero es que en ninguna clasificación manga puede faltar una apuesta tan original.

Ilustración clásica estilo Ukiyo-e, plagada de escorzos, miembros desproporcionados…, encuadres imposibles en cada una de sus irregulares viñetas.

Tan artístico como el trazo es la historia que poco a poco va asomando a medida que avanza la lectura. Pasado oscuro, alma de guerrero implacable bajo dulce apariencia, espíritus insolentes, enemigos temibles, amistades leales, romances extraños…

No le falta ni uno de los hilos claves con los que se teje toda gran historia.

Aparte, su grafismo del Japón feudal es tan diferente…. Te transporta tanto y tan lejos que cuando cierras uno de sus ocho tomos no es raro verse a sí mismo preguntándose: ¿dónde estoy? Y eso es porque antes estabas en la gloria.

WET MOON, de Atsushi Kaneko (ECC)

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Una de las propuestas más ambiciosas y desconcertantes de los últimos años. Pura novela negra, ambientada en los años 60 y con una bala incrustada en el cráneo como excusa para ofrecer una distorsión continua entre ilusión y realidad. Desvarío, paranoia, amnesia… No son nombres de las discotecas de alguna ruta sino los ingredientes de un manga ‘alunizante’.

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HACE 3 AÑOS